Francisco Antonio Encina en Nuestra inferioridad económica insistía en dejar de lado la educación enciclopedista y libresca por una enseñanza económica Cuenta Joaquin Edwards Bello que en el liceo memorizaban las diversas fases de la reproducción del cangrejo . A pesar de las reformas realizadas durante los gobiernos de Carlos Ibáñez del Campo, (1827), las del profesor Pedro Aguirre Cerda, (1938), Eduardo Frei Montalva, (1965) y Eduardito Lázaro Frei Ruiz-Tagle, sólo podemos constatar un aumento en la cobertura educacional y lógicas evoluciones técnicas, propias del cambio de época.
En lo que respecta a la calidad, no estamos mucho mejor que en el Centenario: todos los SIMCE prueban una enorme diferencia entre los colegios particulares y los municipalizados; en la educación básica ya comienza a verse los distintos destinos entre ricos y pobres. La reciente evaluación de 10.000 docentes, de la cual se restaron 5.000 enseñantes, es demostrativa del desastre de la famosa reforma educativa: el 37% de los profesores demostraron sólo capacidades básicas, es decir, aplican un método conductista, no tienen idea del constructivismo, creen que las pruebas sólo se aplican para premiar o castigar, sin considerar que la evaluación debe ser siempre formativa, lo que equivale a afirmar las capacidades de los alumnos y corregir sus deficiencias. Las universidades no ayudan a formar verdaderos educadores, sino que se limitan a entregar contenidos repetitivos; además, los profesores continúan con bajas remuneraciones, incluso, hay municipios que ni siquiera les pagan las cotizaciones provisionales y no se valoran las competencias docentes. Los cursillos de capacitación, pasantías y viajes al extranjero son una broma. En 1906 un profesor ganaba menos que un fogonero, obrero del salitre , inspector de ferrocarriles.:el aspecto miserable del preceptor probocaba las burlas de sus alumnos.
Es fácil encontrar un chivo expiatorio: el profesor quien es, a su vez, víctima de una educación que es sólo un negocio para sostenedores y tecnócratas . Bajo el concepto neoliberal darwiniano, en que sólo se salvan los más capacitadas –económicamente – es imposible llevar a cabo una revolución educativa, que comience buscando la igualdad desde la pre-básica, como sueña la bien intencionada abeja reina, Michelle Bachelet. Mucho me temo que el Bicentenario que se aproxima nos encontremos en el mismo desastre educativo que en 1910.
