La hija del che semidesnuda promoviendo el consumo de zanahorias: el candidato Piraña haciendo el ridículo en el delicado Morro: Una foto de una nueva galaxia: la foto de la Karen y su pareja entrando a palacio quemado.
Pero el rayo le trajo a la tierra.
Los truenos continuaron entre los pinos.
El río entraba al mar con violencia. Traía la mugre arrojada por el descuido y la soberbia sobre la tierra.
Los pololos de la calera y otros amiguis, arrojando las petacas y las latas. La bolsa de la señora de quillota que decidió botar los zapatos huachos.
Bueno, el lector sabe lo que va botando por ahí como Pedro por su casa.
SESTÁ SALIENDO EL RÍO
Igual que cada año el hermano río viene envalentonado y sus músculos son de un café espeso y violento.
Lo impresionante como rutina anual es la laguna que la muni prepara cada año, para contener las aguas lluvias que vienen a todo dar desde que construyeron la Villa Primavera conconina, en la altura, sin lugar para las aguas lluvias y el agua corre bajando que te corre, hasta que va a dar a esta laguna enrejada con letreros de “Cuidado Pozos Profundos”.
Después de pasear por estos eventos artísticos anuales el profesor se volvió a su casa y a la sinfonía de goteras.
Pasó por el último bosque recién talado por la inmobiliarias que tienen a esta ciudad con una tasa de crecimiento descentrado, como el mismo profesor.
Llevó los troncos mas secos y al llegar nuevamente a su ruka, animó el fuego.
La lluvia había amainado pero las goteras seguían cada una en su nota. La de la paila de huevos, fina. La de la olla de los porotos cerca de un Do.
La del sartén ya era un plosh chorreante pues cada gota caía por rebalse al piso de madera que cada vez estaba más mojado.
Su perra Mané le miraba en silencio.
Para ella lo mejor era que este amo suyo desesperara y volviera a salir a dar tan vueltas por el pueblo.
Se arremolino al lado del buen fuego y escuchó hablar por teléfono al poeta que se decía profesor con su hermana en Santiago.
Trataba de ser alegre pero no le resultaba y su hermana al parecer le sugería calma y esperar que pase la lluvia y que se dedicara a leer y o a escribir, incluso de las misma lluvia y porque no de las goteras.
Finalmente el hombre con cara de indio amazónico se hecho a reír.
El tecleo de la Lexicón 80 se escuchó a través del humo y alguien tocó la campana que tenía por timbre.
