Parecería extraño hablar de urgencia en una etapa tan temprana del proceso del TCA, especialmente cuando la creación del Tratado ha tenido un apoyo sustancial en la ONU. En diciembre de 2008, 133 estados apoyaron la idea; solo Estado Unidos votó en contra del TCA.
El consenso, sin embargo, trae consigo algunos retos, como por ejemplo la idea de que ya las tareas más difíciles fueron realizadas. Teniendo en cuenta que la mayoría de los estados apoyan el TCA, ¿de qué hay que preocuparse? Francamente, de muchos asuntos.
Es asombroso notar que Chile, uno de los 133 países que apoyaron el desarrollo del TCA, pasó del puesto numero 36 a nivel mundial, lugar en el que se había mantenido hasta el año 2003, para llegar al onceavo puesto en tan solo 4 años, convirtiéndolo en el país con mas alto gasto en armas convencionales en todo Latinoamérica. La situación en el resto de Sudamérica, donde ha aumentado el presupuesto militar en un 50% en solo una década, no es mejor. Son cifras como estas que ponen de manifiesto lo mucho que falta por hacer.
Vale la pena recordar que aunque promoverá la paz, el TCA no se enfoca en el desarme sino en la tenencia de armas. Tampoco pretende disminuir la capacidad de defensa de los estados, pues esta es una cuestión que trae consigo sus propias complejidades, campañas y argumentos legales.
El TCA se enfoca en los derechos humanos y la seguridad, más puntualmente se trata del derecho de la gente a vivir en paz. También se refiere a asuntos económicos, pues la incapacidad de regular la transferencia de armas no sólo tiene un costo humano incalculable, sino también un impacto en los asuntos financieros. Cada centavo que se gasta en reparar los daños causados por los conflictos armados, es un centavo que podría haberse invertido en el desarrollo. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio no abarcan la transferencia de armas, pero serán más difíciles de alcanzar por la falta de regulación de su comercio.
La situación no es desesperanzadora. Desde 2003, IANSA (la Red Internacional de Acción contra las Armas Ligeras) ha trabajado como parte de la campaña Armas Bajo Control en la creación del Tratado de Comercio de Armas que busca frenar la transferencia de armas a los lugares donde hay conflictos. La idea fue desarrollada por premios Nóbel, abogados, grupos de derechos humanos y ONGs. Actualmente cuenta con el apoyo de más de 800 organizaciones civiles.
Los detalles legales de esta iniciativa son complejos, pero el principio fundamental no lo es. El Tratado debe ser diseñado para que la transferencia de armas y municiones sea ilegal en cinco casos: cuando las armas sean usadas para violar la ley internacional humanitaria o los derechos humanos; atenten contra el desarrollo o haya corrupción; inciten conflictos armados o los empeoren; contribuyan al crimen; exista el riesgo de que sean desviadas para uno de estos fines o hacia actos terroristas.
Estas restricciones no generan controversia pues hacen parte del más elemental sentido común. ¿Quién, después de todo, estaría a favor de enviar armas a tiranos, criminales o asesinos? Sin el Tratado, estamos justamente en este punto.
Es por esto que es indispensable tomar la iniciativa e impulsar la creación del Tratado. Chile tiene un compromiso con el mundo en materia de derechos humanos después de acceder al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Quedarse de brazos cruzados significa que los traficantes de armas continuarán aprovechando los vacíos legales y que las armas seguirán cruzando las fronteras y aumentando los conflictos y la pobreza.
Las discusiones en la ONU sobre el Tratado están en una etapa temprana y pueden parecer teóricas. Sin embargo, las conversaciones de hoy construirán el escenario para las decisiones de mañana. Es por esto que es tan importante que el gobierno chileno actúe ahora y promueva decididamente un TCA fuerte y amplio.
*Coordinador Campaña Armas bajo Control de Amnistía Internacional-Chile
