O sea, mi amigo, no hay ética sin moral.
Leo los periódicos, escucho las radios y veo la tele…y me formulo preguntas de dudosa respuesta moral. ¿Cómo es posible que haya padres/abuelos?…¿En qué cabeza se puede desarrollar la idea de una matanza masiva, sin más argumentos que una brutalidad animal?…¿Qué son las guerras, sino el fin de la razón?…Y así, suman y siguen las preguntas que nos hacemos cotidianamente y que difícilmente podemos respondernos.
Nuestro país sufrió un profundo quiebre ético y moral hace algunos años. Nos enfrentamos -¿o nos enfrentaron?- en bandos irreconciliables, tiñendo de rojo nuestras ciudades, nuestros campos, nuestro paisaje social. Cada cual con una pretendida razón que lo permitía todo. El odio sustituyó a la ética. La muerte, a la moral.
Afortunadamente, estamos recuperando los cauces de la razón. Estamos limpiando los barros de la oscuridad brutal. Estamos eliminando aquellas pretendidas justificaciones que nos causaron dolor y muerte. Estamos volviendo a los conceptos de ética y moral que nos reconduce por el camino del desarrollo humano.
Pero…Si, mi amigo, por desgracia, hay peros que siguen amenazando nuestra conducta colectiva, nuestro avanzar en pos del sol. Y que debemos limar entre todos, porque son resabios de aquella odiosidad que nos polarizó. Me refiero a que no se pueden tergiversar, malversar, prevaricar las normas judiciales, en aras de un pretendido “olvido obligado por la reconciliación” ciudadana. Mire, derechamente le cuento en qué estoy pensando. Acabo de enterarme de que quienes participaron en la danza macabra que terminó con la vida de nuestro alcalde Ricardo Lagos, de su joven esposa embarazada y de su adolescente hijo…¡salen limpios de polvo y paja!… No. No es posible. No hay ética ni moral que lo resista ni lo acepte.
No hay rencor en mis palabras. Simplemente un suspiro de rebeldía ante el silencio cómplice por la injusticia con un pueblo entero que eligió a aquel hombre como su máxima autoridad, porque lo consideró el mejor. Una súplica al sol por evitar que estos hechos se conviertan en gestos de fomento de la impunidad. Un grito en la montaña, buscando ecos, para que reaccionen quienes tienen la llave de la justicia para que la ejerzan de verdad.
Si. Se trata de limpiar los barros que ensucian la blanca senda de la ética y la moral que nos llevará hacia las cotas mayores de la Humanidad.
Miguel Angel San MartínLa Discusión (Chillán- Chile)
Domingo, 31 de mayo de 2009.
