Aquí en Chile, hay avances: el buen manejo de la crisis económica, la defensa de los derechos del consumidor, la ley de transparencia y acceso a la información. También son para aplaudir los anuncios respecto al fortalecimiento de programas sociales; pero no hay un correlato similar en la lucha contra la impunidad, y las consecuencias que en el largo plazo acarrearán las demoras injustificables en la búsqueda de verdad y justicia.
A vista y paciencia de la mayoría, crecen los casos de brutalidad policial y miles de casos que involucran a Carabineros son sobreseídos por la justicia militar. Cada vez con más frecuencia se apela a la fuerza desproporcionada para la represión de manifestaciones públicas y ello hace pensar que dicha práctica está sostenida en la anuencia política.
Nos satisfacen los avances de la reducción de la mortalidad materno-infantil y que la disminución de la pobreza sea significativa pero por el otro lado se ignora la exclusión de un gran porcentaje de la población en el acceso a la justicia, la salud, la educación y la seguridad. Y se pierde el tiempo demorando la ratificación de instrumentos internacionales de Derechos Humanos como la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW) que tendría un impacto gigantesco en la vida y la salud de las mujeres.
Mi conclusión es que la prosperidad y la preeminencia de los beneficios económicos no sirven si pueden ir en desmedro de todos los derechos para todas las personas.
Tendremos elecciones en Chile a final de año y los temas de Derechos Humanos están ostensiblemente ausentes del discurso político: ¿Aprovecharán los candidatos a la presidencia esta nueva oportunidad para fortalecer los Derechos Humanos? ¿Asumirán y cumplirán las empresas y grupos económicos sus responsabilidades de Derechos Humanos? Hasta ahora hay silencio.
Vamos a reclamar con fuerza el establecimiento de un Plan Nacional de Derechos Humanos de largo alcance, que cumpla tanto las expectativas de la sociedad civil, como también del sistema internacional de protección de los Derechos Humanos, vinculante para la actual y las futuras administraciones.
Amnistía Internacional nunca denuncia sin proponer. Por eso, junto con numerosos socios locales, nacionales e internacionales, iniciamos la campaña. “Exige Dignidad” que movilizará a las personas afectadas directamente por la pobreza y exclusión para que pidan a los responsables nacionales e internacionales que rindan cuentas por los abusos contra los Derechos Sociales, Económicos y Culturales, Civiles y Políticos que generan o agudizan la pobreza.
Cuestionaremos leyes, políticas, prácticas discriminatorias y con el fin de erradicar la pobreza, llevaremos al centro del debate las voces de las personas más desfavorecidas e insistiremos en que se les permita participar activamente en las decisiones que les afectan.
La pobreza no es sólo la falta de medios económicos sino fundamentalmente la falta de acceso a los derechos básicos y en consecuencia, a la dignidad.
Sumado a nuestro trabajo tradicional de promoción y solidaridad, Amnistía Internacional se enfocará en:
· La mortalidad materno-infantil, donde a pesar de los avances, hay importantes vacíos legislativos y estructurales, y riesgos que han escalado debido a la violencia intra familiar y el impacto de la tenencia de armas en la vida de miles de familias.
· Los asentamientos precarios, es decir el déficit de viviendas dignas que todavía hoy deja a más de 28.000 familias viviendo en 533 campamentos, personas sin hogar o en condiciones indignas de inseguridad y protección.
· El impacto de las industrias extractivas en la vida de las personas y comunidades, que en Chile tienen notorio impacto en la minería, la foresto industria, el uso abusivo de los derechos de agua, la geo-termia y el deterioro del medio ambiente.
· Las responsabilidades de las Instituciones Financieras Internacionales, en el agravamiento de las condiciones de vida de millones de personas y la virtual quiebra de algunos países.
Queremos que la exigibilidad haga justiciables éstos derechos y garantizar que quienes viven “presos de la pobreza” pueden cambiar sus vidas para que el mundo sea más justo para toda la especie humana. De algún modo, la meta última podría describirse como “Perseguir, hallar, acusar y procesar a los Pinochet de la pobreza”.
Hace casi 50 años, Amnistía Internacional nació para pedir la libertad de los presos de conciencia. Hoy «exigimos dignidad» también para quienes viven “presos de la pobreza”.
Desde ahora, exigir dignidad es una misión para todos y todas.
*Director Ejecutivo, Amnistía Internacional–Chile, colaboración especial para Clarín.cl
