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Agosto 19, 2026

No es Miguel, es Marco (¡ en la posmodernidad !)

Dicen que me parezco a mi padre, pero no soy igual a él, no podría serlo, quizás mi hijo se parezca a mi, pero no podría ser mi igual, dios lo libre y lo guarde de tal tragedia dirá su madre. Esto es una verdad elemental.  Porque entonces desde la izquierda le piden a Marcos Enríquez que sea igual a Miguel Enríquez a quien no conoció por haber sido asesinado por la dictadura de Pinochet, criminal que eludió la justicia internacional gracias a la gentileza de don Eduardo Frei Ruiz Tagle.

No lo entiendo, no atino a vislumbrar a donde puede llevar un razonamiento de tal naturaleza. Querrán que Marco llame en el Caupolicán a parar el golpe militar mediante el fortalecimiento del poder popular y una contraofensiva revolucionaria de los cordones industriales?

Cuando hace casi cuatro años Marco Enríquez Ominami se incorporó al Partido Socialista y luego venció con facilidad en las parlamentarias,  la izquierda de este país murmuró que estábamos en presencia de otro capricho de la oligarquía partidaria.

Pero poco a poco este joven fue derribando sospechas, quizás debería escribir prejuicios. Yo los tenía, lo reconozco. Sin aspavientos, sencillamente y con firmeza, Marco estuvo siempre en las posiciones de izquierda, no recuerdo un solo coqueteo de él con el poder partidario y sus complicidades con el neoliberalismo. En todos los eventos partidarios Marco timbraba a la izquierda.

Claro, quizás no tenía los códigos, el argot, no visitaba los boliches  de la izquierda socialista histórica. Es probable que nunca haya ido a la “franja de Gaza” y luego a la “mukata” del PS donde el Pancho Bucal daba amparo a los “desheredados de la tierra” (disidencia socialista de base).

En el Congreso de Panimávida Marco estuvo en la izquierda/disidencia  del PS que apoyó a Carmen Lazo para presidir el Congreso.

Marco asistió a la reunión de la Reina, el más amplio encuentro de dirigentes de izquierda del socialismo en Diciembre de 2007. Estaban allí, entre otros, Alejandro Navarro, Esteban Silva, Luis Sierra, Gustavo Ogalde, Alfonso Guerra, Sergio Aguiló, Simón Escalona, Francia Palestro, Francisco Bucal, Gabriel Salinas, Marco Cárdenas, Fernando Zamorano, Manuel Cortés, Darío Contador, el suscrito y otros que olvido. En esa treintena de dirigentes estaba la matriz socialista que hoy acompaña a Alejandro navarro y Jorge Arrate en sus opciones presidenciales. No escuche allí descalificación alguna para Marco.  

Nuestra sociedad se ha hecho posmoderna.

No digo con Fukuyama que estamos en la estación terminal de la historia. No sostengo que estemos en una sociedad perfecta. Digo que estamos en una sociedad con injusticias sociales expresadas de manera distinta, donde el sistema de dominación opera de manera distinta y en la cual los ciudadanos tienen y con razón, en el disco duro de sus cerebros la caída de la URSS, donde había una camarilla que también se creía dueña de la verdad.

Soy un marxista de “pensamiento débil”, que no significa falta de fundamentos sino falta de “fortaleza”, si la fuere,  para imponérselo a otros a garrotazos como estuve dispuesto en alguna etapa de mi vida.

Tiempo y espacio. Facebook me reencuentra con mi novia del liceo, de allá de los años 70, ya no esta pérdida en el pasado se ha hecho presente. Con mi amigo de la Universidad de La Habana conversamos como si aún estuviera en la isla. Hay miles de kilómetros por medio, eso se sabe.

Lo grande, lo duro, eterno (en la economía digo, mal pensados) son conceptos que en economía quedaron desechados, la industria automotriz norteamericana no lo supo aprender a tiempo, los orientales los superaron con autos baratos, chicos desechables. Nada es ya eterno, ni el matrimonio, ni el empleo, ni la militancia.

El modelo neoliberal lo administra en Chile la presidente Michelle Bachelet y su conglomerado político, con la complacencia mediática de la derecha, la política de los acuerdos. Ya no es Pinochet y su jauría.

Durante 20 años la izquierda extraparlamentaria no ha podido crear una trinchera antineoliberal significativa. Quizás no sea su culpa sino las extraordinarias dificultades en que ha debido desplegar su lucha.

Marco Enríquez Ominami ha logrado sintetizar en su persona el repudio a la realidad presente, es un río, no toda el agua puede ser cristalina. Lo importante es que por primera vez el duopolio neoliberal derecha-concertación está en riesgo.

El liderazgo de Marco es nuevo, distinto, rápido, contradictorio. No perfectamente coherente, con una respuesta para todo y adherentes con la disciplina de una legión romana, no tiene metarrelato (¿quien lo tiene?), encuentra apoyos aquí y allá, no es una maniobra liberal como piensa mi amigo Eduardo Gutiérrez: es la posmodernidad compañeros.

ROBERTO AVILA TOLEDO
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