El halcón regresó a Washington después de diez años alejado del poder, pero esta vez llegó con dos desventajas: muchos actuales funcionarios que ocuparon cargos en la administración Clinton saben como actúa y ahora él encabeza un gobierno de coalición en el que si bien muchos de sus miembros son aún más duros que él, hay otros que alientan las nuevas bases para el diálogo que quiere impulsar Obama.
En el fondo, Netanyahu sabe, como los liberales de su coalición, que tendrá que escuchar algunas verdades: no puede seguir expandiendo los conflictivos asentamientos de la Cisjordania ni impedir el libre tránsito de los colonos. ¿Cómo reaccionar ante la trizadura de la relación con el aliado histórico?. El halcón fue fiel a su naturaleza y mientras transcurría su cita en la Casa Blanca constructores israelíes avanzaban en el levantamiento de nuevas viviendas para refugiados palestinos. Y como estrategia diplomática, Netanyahu antepuso en la agenda la cuestión del programa nuclear iraní.
Obama se mostró resuelto a que una cosa no condicionara la otra y que ambas se traten en forma paralela. Como él, el vicepresidente Biden y la secretaria Hillary Clinton identifican este tipo de dilaciones como maniobras para no avanzar en el proceso de paz. Si ayer contaron con el beneplácito, o al menos el aire distraído de Bush y los suyos, ahora desatarán una doble respuesta: se advertirá a Teherán que no insista en romper el monopolio militar nuclear que Israel ejerce en la zona –hecho que para sus adversarios es en sí irritante-, pero del mismo modo se advertirá al Estado judío de no atacar a su vecino con la bomba atómica.
En la rueda de prensa conjunta en la oficina oval, el anfitrión dijo que le había planteado al visitante la fórmula de los dos Estados. Este se limitó a responder que siempre ha considerado que los palestinos deben gobernarse a sí mismos. Lo cual no significa nada, si se recuerda que la mayoría derechista de Israel se opone a un Estado palestino armado.
Pero los vientos soplan en sentido contrario. El Papa acaba de reivindicar la creación de un Estado para el pueblo perseguido, no sin ratificar la existencia del holocausto, lo cual es necesario repetir a las mentes afiebradas de una y otra parte. Junto a Benedicto XVI se han pronunciado por la fórmula de los dos Estados los únicos interlocutores de Israel en la región: Jordania y Egipto.
Y para continuar con los gestos de sus primeros 100 días, Obama se reunirá la próxima semana con los líderes palestino y egipcio y pronunciará un discurso al mundo musulmán en El Cairo en junio. Internamente, se presenta con un frente sólido, con la mayoría de sus conciudadanos apoyándolo en la materia y manteniendo –esto sí que es sugestivo- el respaldo del 78% de los judíos de EEUU que lo prefirió a él en las elecciones.
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