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Agosto 18, 2026

Barack Obama: lobo moreno disfrazado de cordero

Sólo la retórica parece diferenciar al nuevo presidente de Norteamérica de su predecesor, en su relación con América Latina y el mundo.  Obama arribó a la reciente quinta Cumbre de las Américas, realizada en Puerto España, capital de Trinidad y Tobago, entre los días 17 y 19 de abril 2009, diciendo que asistía a la reunión con el propósito de escuchar y aprender.

Sin embargo, en su rueda de prensa final, realizada en el marco del evento, aclaró, al igual que su antecesor Bush, pero en un estilo desenfadado y fraternal, que la verdadera fuerza de su país en materia de política internacional radicaba en su poderío bélico y económico. Subrayó, además, que “los valores norteamericanos” deben ser el ejemplo a ser emulado en todos los países del planeta.
 
Estos mensajes llevan a concluir que el gran cambio y principal diferencia entre Barack Obama y George W. Bush es el estilo de comunicación, por lo que el mundo enfrenta a un presidente norteamericano que resulta más mediático que democrático.
 
Los siguientes cuatro puntos, expresados por Obama en la mencionada rueda de prensa, sustentan la anterior afirmación:
 
1.       Obama dijo haber aprendido que toda Latinoamérica tiene una fuerte dependencia respecto de su país. No habló de interdependencia, porque la dominación económica sigue siendo parte de la política internacional de su gobierno.
 
2.       La principal lucha de su gestión presidencial es idéntica a la de Bush: busca acabar con el terrorismo y el narcotráfico para resguardar el modo de vida norteamericano. Dicho objetivo implica, en los hechos, que su país continuará aplicando la libertad de injerencia en la política interna de otros países, al reafirmar a Norteamérica como el único país árbitro y policía del globo terráqueo. Ello se evidencia al haber señalado al guerrerista e intervencionista Plan Colombia, donde su gobierno establece unilateralmente las reglas del juego, como la única vía para acabar con esos males en nuestro continente.
 
3.       Obama expresó que los valores norteamericanos de democracia, libertad de prensa y de culto son los ideales universales que nuestros países deben seguir. Esa es su condición para levantar el bloqueo a Cuba, es decir, claramente, la autodeterminación de los pueblos no es su norte porque en su balanza pesa mucho más la mantención del poderío de las grandes firmas transnacionales, particularmente la industria bélica.
 
¿Habrá todavía personas en el mundo que crean, verdaderamente, que en Norteamérica las elecciones son libres y que el pensamiento no es finamente manipulado por los medios de comunicación y el control que sobre éstos ejercen el gobierno y las grandes empresas norteamericanas?

 
4.       Por último, el presidente norteamericano dijo que haber sido cordial con el presidente Chávez no era señal de debilidad, ya que el gasto en defensa de Norteamérica es más de cien veces superior al caso Venezolano.
 
En resumidas cuentas, Obama dijo que asistió a la Cumbre de las Américas para escuchar y aprender, pero con sus palabras estableció, con irónica simpatía y diáfana claridad, que el poderío bélico de su nación es su principal recurso, su mejor arma de negociación y, por su carácter, un eficaz mecanismo de opresión.
 
No sorprende, en éste contexto, que Barack Obama llegó y se fue de la cumbre con los mismos socios latinoamericanos: Chile, Perú, Colombia y México.
 
Los países miembros de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA): Bolivia, Nicaragua, Honduras, Dominica y Venezuela, no firmaron el acuerdo final porque éste venía anticipadamente preparado desde Norteamérica, con bonitos titulares y contenidos enrevesados, llenos de condiciones orientadas a profundizar una relación económica y cultural dominante sobre nuestras tierras y nuestras gentes.
 
Por su parte Ecuador, Honduras, Brasil, Paraguay, República Dominicana, Argentina y El Salvador, fueron “más diplomáticos” y expresaron sus reservas, exigiendo, todos, mayor respeto e independencia y el fin de la intervención del gobierno de Obama es los asuntos internos de los países.
 
Evidentemente Barack Obama no llegó a la Cumbre de las Américas a escuchar o aprender, sino para realizar un show publicitario y mostrarse cínicamente democrático ante un mundo que ya quedó perplejo por la mantención e intensificación de la ilegal e injustificada ocupación militar de Afganistán.
 
Sus repetidas referencias al poderío militar de su país solo nos dejan intranquilos ante el devenir de los gobiernos progresistas de América Latina. Ese fue seguramente la principal explicación de su anacrónica sonrisa de cordero.
 
Definitivamente Obama aprendió poco o nada de los cambios que se viven en América Latina y no parece entender que en un mundo multipolar no debería haber cabida para verdades unilaterales, imposiciones culturales, ni  negociaciones fundadas en solapadas amenazas del uso potencial de la fuerza.
 
 
  
Sergio Fernando León Balza.
Rut. 12.134.868-3