En aquella instancia, se votó por la adopción de un nuevo régimen político, que contemplara la figura de un jefe de gobierno o primer ministro y un Parlamento unicameral, dejando al actual Presidente de la República con la sola función de Jefe de Estado.
Hay que tener presente que el régimen parlamentario de gobierno (o el semi presidencial, en su defecto), no constituye ninguna excentricidad, sino que representa el canon de la democracia occidental, el que, si bien tiene su máxima expresión en Europa, en monarquías constitucionales (v.gr., España, Gran Bretaña, Bélgica, Dinamarca, etc.) y repúblicas parlamentarias (Alemania, Italia, Portugal, etc.), tiene también expresión en los cinco continentes (e.g., Canadá, Jamaica, Japón, Nueva Zelandia, Israel, etc.)
Por otra parte, también hay que tener claro que mientras no se elimine el fraude electoral que constituye el antidemocrático sistema binominal (33%=66%), no arribaremos a la democracia por la que trabajamos en 1988, tan pronto olvidada por nuestros líderes. El sistema binominal no existe en ninguna democracia del planeta y sólo fue anteriormente utilizado por la dictadura comunista del general Jaruzelski en Polonia, por lo que no tolera reformas ni perfeccionamientos, como se pretende, sino sólo su eliminación y reemplazo por un sistema electoral democrático, que otorgue el triunfo a la mayoría y no lo impida, como ocurre con este artificio bastardo, creado por Jaime Guzmán para el dictador y tolerado sin mayores escrúpulos por quienes profitan de él a ambos lados del aliancertacionismo reinante.
En mi opinión, el más escandaloso de los cuoteos y un escarnio de la voluntad soberana, es aquél que, por aplicación del fraudulento y antidemocrático sistema binominal (33%=66%), se produce institucionalmente entre la Alianza y Concertación respecto de los cupos del Congreso y, en cuya virtud, resultan paritariamente elegidos aquellos candidatos previamente designados por las cúpulas de ambas coaliciones, quitando así toda relevancia al sufragio universal.
Agregaría que el candidato que plantee claramente y sin ambages la aprobación de una nueva Constitución que ponga término a la Transición e instituya de una vez por todas la democracia plena que aún no alcanzamos ni alcanzaremos bajo la vigencia de la Constitución de 1980, obtendrá un plus de apoyo ciudadano irremontable por el candidato de la derecha.
Rafael Enrique Cárdenas Ortega
