Obama lo hizo a través de los hechos y las palabras: aligeró ostensiblemente las restricciones a las visitas y envíos de remesas de los cubano-estadounidenses y declaró que ellas carecían de sentido, como ocurre también con un debate que estima anclado en el siglo XX entre economía dirigida y capitalismo desenfrenado. Hábilmente trató de acercarse a las preocupaciones de los gobiernos latinoamericanos sobre el el país castigado al instarlos a trabajar juntos para ayudar a la libertad, igualdad y los Derechos Humanos de todos los cubanos. Con lo cual quiso fijar o ampliar límites en uno u otro sentido, al dejar entrever que sus medidas para dejar inerte el embargo pueden aún crecer, pero que persistirá en las demandas de democratización en el país caribeño.
Obviamente que el régimen de los Castro continuará rechazando todo intervencionismo y no querrá oír hablar siquiera de un regreso a la OEA (para lo cual Insulza recordó la existencia de la “cláusula democrática”, lo que le valió una denostación de Fidel) . Pero Raúl sigue trabajando para que la “limosna” de la que habló su hermano se traduzca en presiones de todos lados para conseguir el fin del bloqueo y así lo hizo, por ejemplo., con un grupo de legisladores estadounidenses que visitó la isla. Fidel mismo, en sus frecuentes columnas, no ha dejado de valorar el gesto de la nueva administración de Washington y en su peculiar estilo demuestra alguna simpatía o expectativa por lo que haga “el atareado Obama”.
Pero este último sabe que tendrá que admitir muchas culpas en la cita de los 37 mandatarios del hemisferio, si quiere granjearse la voluntad de sus colegas en una amplia agenda que incluye tráfico de armas y narcóticos –de los que EEUU es el principal proveedor y destinatario, respectivamente- migración, medio ambiente, energía, seguridad, defensa de los DDHH y un largo etcétera.
Para ello tendrá que replicar en este continente lo que hizo en Europa, al igual que el vicepresidente Joe Biden y la secretaria Hillary Clinton: asumir un tono de cooperación y un enfoque multilateral que termine con la idea de una superpotencia que impone sus designios en un mundo unipolar, incluso saltándose vallas de legalidad internacional para atacar a los que considera sus enemigos, arrastrando a aliados en supuestas coaliciones que no trasuntan sino sumisión indigna.
En ese sentido, Cuba proporciona la oportunidad para el test, donde se incluye el trato que logren Obama y Hugo Chávez. Todos los demás gestos que aquél tenga hacia Michelle Bachelet y Lula no bastan para ninguno de los tres y los demás. Al referirse a Cuba y dialogar con Venezuela tendrá que hacerlo de la misma forma que lo hace frente a potencias como China y Rusia.
Sólo en ese caso y a partir del día después de Trinidad y Tobago podrá comenzarse a desarrollar un nuevo capítulo en las relaciones entre la periferia y el centro de la región.
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