La tensión que se experimentó entre los dirigentes políticos oficialistas, en el recuento final de los votos, expresa su desazón respecto del pobre número de votantes, así como la molestia que les produjo someterse a un evento que evidenció las preferencias por el postulante demócrata pero, sobre todo, el desinterés de sus propios militantes y adherentes por el proceso.
Con todo, la Concertación puede ufanarse de haber convocado a una consulta popular para determinar a su candidato. No pueden hacerlo la Alianza por Chile ni los otros presidenciables, aunque algunos de los que compitan por fuera de las agrupaciones legalmente reconocidas es posible que reúnan las 38 mil firmas adhesiones requeridas para integrar la papeleta electoral. Pero sin duda las próximas elecciones tendrán el común denominador de opciones definidas cupularmente en que siquiera los pocos militantes que permanecen en los partidos fueron consultados adecuadamente.
Claro. Es posible que los millonarios recursos que se gastarán en las campañas logren que la opinión pública se motive por las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias. Sin embargo, es poco probable que los ciudadanos aumenten considerablemente si el registro continua opcional para los mayores de 18 años y no de hace automático. Pero lo peor que podría ocurrir es una masiva abstención electoral si se promulga la enmienda constitucional que hace voluntario el sufragio. Después de 20 años de post pinochetismo, lo cierto es que el país se desencanta ante los mismos rostros de la política y duda de que alguna vez se realicen las reformas pendientes que fortalezcan lo que es sustancial a una genuina democracia. Es decir, la participación ciudadana.
Elusiones y postergaciones que se explican en la colusión de intereses de todos los sectores representados en el poder legislativo y en los que, ahora, legitimarán el binominalismo electoral pactando listas conjuntas y miserables cuotas de representación con quienes sistemáticamente los han excluido. Y que solo en su hora final pudieran avenirse a un acuerdo por unos votos más que los conserve en La Moneda o los regrese a ella después de dos décadas.
