Una ópera, en su ejecución, entrega empatía con los personajes. El drama que roba emociones y aplausos prolongados. Lo recitativo de los personajes dan escalofríos, De Rossini a Verdi: de Aída a Carmen. La Bohéme, es la que va mejor a Chile. Ella hace llorar hasta a una momia. Es un drama. Una enfermedad escondida. Eso es Chile.
Cierto que al leer los comentarios de los compatriotas chilenos en la ex URSS me hago una idea de la reunión que tuvieron con la señora Bachelet. En Viena, algunos añitos atrás, anduvo la presidenta en un encuentro de jefes de Estados y, eso lo digo sin pelos en la lengua, en una reunión con los chilenos de Austria prometió tantas cosas que hasta hoy no se han realizado: No a la ley anti terrorista, no a la persecución del pueblo Mapuche. Esa vez dijo que había que estar tranquilos porque ella cumpliría con sus promesas.
Es regio encontrar a la presidenta. Se habla de los cabritos chilenos que hablan tan choro el castellano. En Viena, en un desayuno, algunos muchachos, hijos de exiliados chilenos, rubios y de ojos azules, fueron autorizados para que se acercaran a la presidenta. Ella, tan feliz, le dijo a uno: “Hablas bien el castellano”. El chileno le dijo. !”Pido libertad para los presos políticos”.
Fue el fin del mundo. Antes, en la reunión de los chilenos “elegidos” para conversar con ella, pues, el control fue intenso. Algunos chilenos pasaron camuflados con unas pancartas “Libertad para los presos políticos” y los levantaron en la salita de reunión. La presidenta, enfadada, dijo aquella vez: “Ya poh, bajen las pancartas que ya las leí”.
Estaba enojada.
Claro que su enojo no causó temblores a los camaradas chilenos que organizaron un festival de poemas anti imperialista, del cual, estoy muy orgulloso de haber participado como un poeta en exilio.
Hoy la visita de la señora Bachelet no obedece a una reunión de jefes de Estado, sino que son sus paseos por el mundo. Se encuentra con medio mundo, cierto, los chilenos son la reunión menos cototuda porque no aportan en nada sino que piden tanto. Eso agota a la presidenta. El chileno es caluga y bueno para exigir justicia. Hoy el tema de punta es “Piñera”. Pocos días atrás hablaba con un camarada chileno que andaba de paso por europa. Conversamos sobre las elecciones en Chile.
No me causó arcadas saber que la mayor parte del pueblo se encuentra a punto de terminar con la concertación. Esa es la pillería de los de derecha: esperan como un cocodrilo hambreado un descuido de sus víctimas para luego comérselos de una sola mascada.
El voto que andan pidiendo los concertacionistas en el exterior lleva mucho ruido. Creo que la opinión de los compatriotas chilenos en Chile es del todo comprensible cuando se oponen a que se vote desde el exterior. El de afuera votaría por el “mal menor”. La derecha lo sabe. También lo saben los chilenos que andan con la olla vacía y las calillas hasta el cuello.
El mal peor de la patria es la frescura y la poca seriedad que tiene la concertación en todo su proceso de transición. No han cambiado en nada. Todo sigue como antes. No tienen posibilidades de llamar a una asamblea constituyente porque sería como quitarles el pan de la boca. A nadie importa la constitución fascista: ella permite vivir regio.
Me saltan dudas sobre el apoyo de los parlamentarios en el congreso. El voto del exterior tiene dos caras.
Primero: los viejos exiliados se están muriendo todos. Los hijos de los exiliados, aquellos que no han vivido nunca en Chile, pues, sienten simpatía por la izquierda y podrían entregar el voto a un camarada, pero sin saber si el candidato será franco con las promesas hacia el pueblo.
Segundo: la gran oleada de emigrantes chilenos no son de izquierda sino que la mayor parte es simpatizante de la derecha y hasta nostálgicos de Pinochet. El voto del exterior, creo, puede causar una ingrata sorpresa a la concertación.
Piñera o Frei?
Ambos pretenden vivir mejor: el pueblo seguirá siendo una masa de abandonados. La noticia positiva de todo el ajetreo electoral, me dicen de Chile, es que la Bachelet no se presenta de nuevo.
En fin, sabemos que al termino de su mandato, nos tocará leer las memorias de la señora Bachelet y nos enteraremos de cosas que nunca pudo hacer o decir.
Godosky
Es regio encontrar a la presidenta. Se habla de los cabritos chilenos que hablan tan choro el castellano. En Viena, en un desayuno, algunos muchachos, hijos de exiliados chilenos, rubios y de ojos azules, fueron autorizados para que se acercaran a la presidenta. Ella, tan feliz, le dijo a uno: “Hablas bien el castellano”. El chileno le dijo. !”Pido libertad para los presos políticos”.
Fue el fin del mundo. Antes, en la reunión de los chilenos “elegidos” para conversar con ella, pues, el control fue intenso. Algunos chilenos pasaron camuflados con unas pancartas “Libertad para los presos políticos” y los levantaron en la salita de reunión. La presidenta, enfadada, dijo aquella vez: “Ya poh, bajen las pancartas que ya las leí”.
Estaba enojada.
Claro que su enojo no causó temblores a los camaradas chilenos que organizaron un festival de poemas anti imperialista, del cual, estoy muy orgulloso de haber participado como un poeta en exilio.
Hoy la visita de la señora Bachelet no obedece a una reunión de jefes de Estado, sino que son sus paseos por el mundo. Se encuentra con medio mundo, cierto, los chilenos son la reunión menos cototuda porque no aportan en nada sino que piden tanto. Eso agota a la presidenta. El chileno es caluga y bueno para exigir justicia. Hoy el tema de punta es “Piñera”. Pocos días atrás hablaba con un camarada chileno que andaba de paso por europa. Conversamos sobre las elecciones en Chile.
No me causó arcadas saber que la mayor parte del pueblo se encuentra a punto de terminar con la concertación. Esa es la pillería de los de derecha: esperan como un cocodrilo hambreado un descuido de sus víctimas para luego comérselos de una sola mascada.
El voto que andan pidiendo los concertacionistas en el exterior lleva mucho ruido. Creo que la opinión de los compatriotas chilenos en Chile es del todo comprensible cuando se oponen a que se vote desde el exterior. El de afuera votaría por el “mal menor”. La derecha lo sabe. También lo saben los chilenos que andan con la olla vacía y las calillas hasta el cuello.
El mal peor de la patria es la frescura y la poca seriedad que tiene la concertación en todo su proceso de transición. No han cambiado en nada. Todo sigue como antes. No tienen posibilidades de llamar a una asamblea constituyente porque sería como quitarles el pan de la boca. A nadie importa la constitución fascista: ella permite vivir regio.
Me saltan dudas sobre el apoyo de los parlamentarios en el congreso. El voto del exterior tiene dos caras.
Primero: los viejos exiliados se están muriendo todos. Los hijos de los exiliados, aquellos que no han vivido nunca en Chile, pues, sienten simpatía por la izquierda y podrían entregar el voto a un camarada, pero sin saber si el candidato será franco con las promesas hacia el pueblo.
Segundo: la gran oleada de emigrantes chilenos no son de izquierda sino que la mayor parte es simpatizante de la derecha y hasta nostálgicos de Pinochet. El voto del exterior, creo, puede causar una ingrata sorpresa a la concertación.
Piñera o Frei?
Ambos pretenden vivir mejor: el pueblo seguirá siendo una masa de abandonados. La noticia positiva de todo el ajetreo electoral, me dicen de Chile, es que la Bachelet no se presenta de nuevo.
En fin, sabemos que al termino de su mandato, nos tocará leer las memorias de la señora Bachelet y nos enteraremos de cosas que nunca pudo hacer o decir.
Godosky
