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Agosto 18, 2026

¿Cumbre progre o procapitalista?

Los anglosajones impusieron sus límites a las reformas estructurales del sistema mundial: “Hay que salvar al capitalismo del capitalismo” y “al libre mercado de los propios defensores del libre mercado”, pero sin tocar las instituciones concebidas en Bretton Woods en 1944. La social democracia seguirá en su rol histórico de administrar un sistema no-socialista de desarrollo.

El sentido y alcance de la Cumbre Progresista celebrada el fin de semana último en Viña del Mar lo definió muy bien el Vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, al declarar enfático: “Debemos salvar el libre mercado de los propios defensores del libre mercado”. El concepto fue rubricado por el secretario del Trabajo y Pensiones británico James Purnell, también presente en la cita, al decir: “Nuevamente la social democracia tiene que salvar al capitalismo del capitalismo”.

La prensa internacional coincidió en situar la Cumbre de 8 líderes progresistas de América y Europa como un preludio de la decisiva reunión en Londres del G 20, el grupo de economías desarrolladas y emergentes que buscará cómo actuar concertadamente ante la crisis mundial. En el encuentro, que tendrá lugar durante un solo día – este jueves 2 de abril- participarán  algunos de los países representados el sábado en Viña.

También se ha destacado el fortalecimiento que la Cumbre significó para la figura de la anfitriona, Michelle Bachelet, por el poder de convocatoria y capacidad de coordinación que mostró.

Sin embargo, tanto en Viña como en las visitas de Estado realizadas paralelamente por el Primer Ministro  británico Gordon Brown y el Vicepresidente Biden, quedaron de manifiesto las diferencias ideológicas y de enfoque entre anglosajones y latinoamericanos y aún entre estos mismos.

Mientras la Mandataria chilena insistió en distinguir entre políticas populistas y populares, el brasileño Lula no estigmatizó a líderes como Chávez y Evo, al tiempo que insistió en adjudicarle la responsabilidad de la crisis a los “blancos de ojos azules”. Más explícito fue su asesor internacional Marco Aurelio García, quien quitó dramatismo a la ausencia de los Mandatarios  de Venezuela y Bolivia, a quienes calificó de igualmente progresistas, sentenciando la existencia de varias corrientes de este cuño, por lo que “las internacionales firmes” –agregó- se acabaron.

También al interior del oficialismo chileno se notaron discrepancias. Bachelet instó urgentemente a los líderes mundiales presentes en Viña a que adopten el compromiso de restablecer el capital del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para afrontar la crisis global en la región. El concepto se lo repitió a Gordon Brown en la reunión bilateral que sostuvieron en La Moneda : “Actualmente se trabaja para capitalizar  sólo al resto de los bancos de desarrollo del mundo –le dijo- y no se considera a los países de América Latina y el Caribe”.

Pero el presidente del partido Socialista Camilo Escalona sostuvo que los males que sufre hoy la humanidad “no se pueden resolver simplemente por los mecanismos del sistema bancario. Debiésemos buscar nuevos instrumentos. Tiene que haber un fondo de estabilización mundial”.

Es justamente el dilema de los gobernantes progresistas, desde que se constituyeron como red en 1999, a instancias de los entonces mandatarios Bill Clinton y Tony Blair: promover o no reformas estructurales al sistema mundial. Ahora la crisis abre una oportunidad a los social demócratas y centro izquierdistas, los que no deben  -al decir de algunos participantes en el encuentro- ponerse a cantar victoria porque vivan una hora de triunfo sobre los defensores a ultranza del libre mercado. Triunfo que no necesariamente se redituará en victorias electorales, advirtió Lord Giles Radice, presidente de la Policy Network.  

La influencia de los anglosajones en esta red parece ser determinante. Como que ellos la crearon. En las conclusiones de la Cumbre no hay mención a cambios institucionales, pese a que organismos vigentes como el FMI son creaturas de los acuerdos de Bretton Woods de 1944. En definitiva, un progresismo mayor no se avizora entre esta clase de gobernantes, porque los límites los ponen autoridades como el secretario británico del Trabajo: al capitalismo –dijo Purnell en el seminario adjunto a la Cumbre- no hay que “enterrarlo ni elogiarlo”, sino apuntar a uno “más igualitario y donde el poder se distribuya”.

Es decir, lo que por poco tiempo se llamó “tercera vía” viró semánticamente a una suerte de “social liberalismo” o “capitalismo con rostro humano”. Lo que reafirma el rol histórico de la social democracia de administrar una vía no-socialista de desarrollo.
hugomery@terra.cl