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Agosto 18, 2026

La justicia intimidada

En la impúdica lucha de los canales de tele visión y otros medios por obtener audiencia  apreciamos ahora la cobertura que le dan a quienes reclaman por condenas más drásticas a los que delinquen y acusan a los jueces de ser blandos y condescendientes. Cuando hay un candidato presidencial que para ganar votos propone restablecer a plenitud la pena de muerte, no es nada extraño que se estén produciendo estos verdaderos linchamientos en los tribunales e, incluso, al paso de los vehículos que transportan a los reos.

Por supuesto que quienes son demonizados son siempre los delincuentes comunes, sobre todo cuando son jóvenes y pobres. Otra actitud es la que asumen estos medios cuando se trata de los infractores de cuello y corbata; especialmente si se trata de posibles avisadores o están en el círculo de relaciones de los propietarios de ciertos diarios y estaciones de TV y radios.  Todavía recordamos lo que pasó con una famosa expedidora de comida chatarra que vendía productos contaminados  y la rapidez con que la noticia desapareció de las portadas y noticiarios a cambio de la onerosa propaganda que esta empresa contrató al poco tiempo para comprar el silencio y “lavar su imagen”.

Los sentimientos de odio y venganza que los medios estimulan tienen como víctima ahora  a un muchacho que, habiendo perpetrado un crimen deleznable, ha comprobado buena conducta en sus años de reclusión y a quien, por supuesto, le asiste el derecho de reivindicarse, continuar sus estudios y reinsertarse en la sociedad.

El periodismo tiene la obligación de exigir justicia, oponerse a la impunidad e, incluso, proporcionar información a los jueces que colaboren a sus razonables sentencias. Notable ha sido el papel de la prensa para esclarecer los más espeluznantes crímenes cometidos durante la Dictadura , adelantándose muchas veces a la indagación policial, forzando a las autoridades a comprometerse con estos bullados procesos y requerir el peso dl derecho por sobre las prescripciones y amnistías que interfieren en la administración de justicia. Pero nada justifica que los medios acosen a los magistrados y azucen  la ira y protesta de personas que, con frecuencia están embargadas por el dolor y carecen de la formación jurídica necesaria para interpretar las resoluciones emanadas de los tribunales.

Estamos conscientes de la escalada criminal que amenaza nuestra integridad física, nuestros hogares, bienes y espacios públicos. Al mismo tiempo es sabido que no está en la represión de los delitos alcanzar la tranquilidad deseada. Tal como lo proclamara Benito Juárez, en México, la paz resulta sólo del “respeto al derecho ajeno”; incluido los derechos de quienes delinquen. La violencia generalmente resulta de la injusticia flagrante y la escandalosa inequidad en que viven muchas sociedades como la nuestra. También de las mentes perturbadas. Cuidado, entonces, en aplicar remedios que pueden derivar en peores trastornos sociales. Los periodistas tienen, en este sentido, límites éticos que deben respetar  y que son anteriores a las directrices o intereses de sus editores.