Cuando todos discuten lo mismo en un país, quizás no se discute demasiado; ni muchos menos los temas importantes que nos lleven al desarrollo y a vivir en un país de mejor calidad de vida.
Abortemos la pobreza, la injusticia, la mala educación en los colegios y universidades. Abortemos la falta de deporte, la cultura mínima, la falta de oportunidades, la corrupción pública y privada de quienes evaden impuestos que se destinan a la: salud, fomento de la maternidad y paternidad responsable, educación y finalmente a garantizar la seguridad de nuestra nación amenazada permanente por nuestros vecinos.
Abortemos la falta de apoyo a la continuidad y fortalecimiento de la familia. Demos incentivos sociales y económicos para su permanencia unida. Abortemos el hacinamiento y la falta de oportunidades a los jóvenes y otorguemos facilidades para que las parejas puedan tener estabilidad de ingresos y techo para mantener así su matrimonio unido y poder criar en paz su prole en familia.
Abortemos la delincuencia que puede causar el nacimiento no deseado de un niño o niña. Chile es un país con tan pocos habitantes y con tanto territorio en espera que necesita de todos sus niños aún no natos para crecer y defender -sin guerra- sus fronteras, sus bellezas y desarrollar nuestra economía. Hay muchas parejas infértiles dispuestas al adopto supervisado.
Quizás si fuésemos mas cristianos y o humanistas, mas solidarios, mas trabajadores, mas emprendedores; abortaríamos el subdesarrollo y con eso el aborto de nuestros niños no natos y de paso abortaríamos la discusión sobre la eutanasia terapéutica de nuestros ancianos que ya viene.
Omar Villanueva Olmedo
