En el campo de la política, la responsabilidad puede ser colectiva, según las circunstancias, es decir, de un grupo en su conjunto. Un comportamiento político individual irresponsable como el de Jovino Novoa tiene siempre un alcance ético aunque no se haya probado culpabilidad jurídica.
En Chile de 2009, después de cuatro gobiernos concertacionistas, ningún civil funcionario político de la Dictadura Militar ha sido juzgado por su participación en un régimen ilegítimo e ilegal que violó sistemáticamente los derechos, individuales, civiles, colectivos y humanos. Son las consecuencias de aquello que Jean-Jacques Rousseau* (1754) llamó un “pacto de tramposos”. Un pacto ilegítimo para imponer la servidumbre y la dominación, realizado sin debate ni consentimiento libre de los ciudadanos.
El mismo Rousseau designa a la consciencia moral como la facultad humana que nos señala, más tarde, con el remordimiento, que la opción que hicimos no fue la buena. Es la prueba, según el pensador republicano del Contrato Social, de que nuestra voluntad es libre, ya que es el recuerdo mismo de haber hecho la mala opción lo que desencadena el sentimiento que hace sufrir (mordiendo) la consciencia. No hubo ninguna mención en el discurso de Jovino Novoa ante el Senado de su pasado tormentoso; de político que adhirió libre y conscientemente a un régimen que —a los ojos del mundo entero— fue el paradigma de la antidemocracia.
¿Qué credibilidad puede tener el valor de la transparencia democrática en la boca de alguien que oculta su pasado de servidor de una dictadura, cuando el ambicioso ultraderechista no ha transparentado ninguna de sus decisiones y actos en la máquina trituradora de los derechos individuales, civiles, colectivos y humanos que fue el Estado pinochetista.
Al elegir a Jovino Novoa para un alto cargo del Estado, son todos los representantes de la alianza UDI-RN los que están asumiendo colectivamente la responsabilidad del ex subsecretario del “Gobierno Militar”. Es la derecha en su conjunto la que, guiada por criterios políticos estrechos, entra en conflicto con las normas elementales de la ética democrática a la cual sus integrantes dicen adherir.
Hay hechos que desconciertan. A ningún personero de la Concertación o medio informativo nacional se le ocurrió preguntarle a Novoa si a la luz de la historia de crímenes de la dictadura hubiera hecho hoy la misma opción que lo llevó en el pasado a ejercer el cargo de subsecretario del régimen pinochetista. Es el deber de memoria el que impone la pregunta clave que ni el flamante presidente del Senado, ni sus socios derechistas han respondido. Es en esa respuesta a una pregunta nunca formulada donde se juega la prueba de la adhesión a los valores de la ética republicana que muchos derechistas dicen profesar de la boca para afuera.
Es la ética republicana, la misma que Novoa dice querer fortalecer en el senado, la que se ve afectada por la afrenta derechista de la UDI-RN en su conjunto. Éstos, una vez más, muestran su apego a los valores ultraconservadores. Revelándose como los enemigos de los valores democráticos: de la transparencia de las instituciones, de la ética en la política y de la adhesión sin condiciones de los parlamentarios a los principios de justicia y de respeto del derecho a la vida de los ciudadanos.
Por consiguiente, la presidencia de Novoa en uno de los más altos poderes del Estado puede ser considerada como una provocación derechista.
No sólo eso, sino que la legitimidad de las instituciones del régimen postdictadura (de democracia de baja intensidad) se ve profundamente debilitada al asumir Novoa a la cabeza de uno de los cuatro poderes del Estado: el Legislativo (los otros son el Ejecutivo, el Judicial y el Militar).
Es en ese sistema político contaminado de pinochetismo que una cierta izquierda ha aceptado participar sin haber gastado todos los recursos democráticos para abrir los cerrojos de la exclusión. El objetivo político democrático impone una dialéctica entre la negociación política-electoral con una estrategia de acumulación de fuerzas para romper el cerco institucional con la presión y la actividad socio-política unitaria de los movimientos de raigambre popular. Es tiempo de recapacitar.
*J.-J. Rousseau es considerado el primer pensador de la república moderna.
Profesor, Département de philosophie, Collège de Limoilou, Québec, Canadá.
