El Tuco, hermano de Lucas y primo de Samuel, andaba con la idea fija en su cabeza de comprarse una isla en Filipinas e instaurar una república inspirada en Platón.
En el siglo de hoy Tuco hablaba como un adoctrinado socrático.
En los bares, eso hay que decirlo con franqueza, no todos los parroquianos habían lo grado pasar un cuarto o tercero preparatoria. Años duros. Escuelas habían pero faltaba la plata para cuadernos y libros.
Muchos eran cargadores, bencineros, garzones, vendedores de calugas o chofer de autobuses.
Tuco había tenido la fortuna de ser hijo de un dentista… y su padre le entregó todo el apoyo monetario para que se titulara profesor de filosofía en la universidad de Chile.
Tras la muerte de su padre, Tuco vendió su casa y volvió a Santiago; al barrio de su infancia. Vivió una vida de soltero, ni agitada ni tampoco tranquila. Su primer amor una matrona casada que fue toda su vida y razón de existencia. Literariamente el Tuco era un león… Enseñaba mil cosas a los amigos de su barrio… al guatón García, al flaco Pinto, al cocó, al conejo, al cucaracha, al cabezón repollo y a la sandruca, tan paleteada porque se acostaba con todos los amigos del barrio. Para el Tuco todos eran sus discípulos del barrio de la Avenida Matta.
En mi isla propondré a mi pueblo una república justa, moralista y de buena justicia.
El cocó, viejo vendedor de calugas en las micros, nunca comprendió cuál era el bien y el mal de los seres…
El Tuco se animaba y ordenaba sus botellas de vinos en el bar. No se daba cuenta que sus amigos se inventaban preocupaciones sólo para beber gratis y, si las preocupaciones eran ya profundamente filosóficas, Tuco ordenaba comida para todos…
El plan de Tuco era estudiar sus amigos y ni a disparos se los llevaría a la isla, en el caso la comprara e instaurara su república.
Se consideraba el Estado dentro del bar y los amigos eran su pueblo.
Notaba con tristeza que algunos de sus amigos, en las comilonas del restaurante se llenaban los bolsillos con pan o con presas de pollo…
Tomaba nota y escribía que el Estado y sus individuos son contrarios y la justicia se degrada según el delito de casa ser….
La sandruca, que había quedado soltera por amor a sus amigos, levantaba su vaso de vino y brindaba por los chamullentos y los aprovechadores del mundo.
Tuco tomaba nota… y escribía que hay seres que delatan a los otros y se alejan de los individuos normales…
Entre salud y explicaciones sobre los aprovechamiento de los individuos el Tuco había tocado el tema más delicado de la tarde. No era justo que lo considerasen loco o imbécil porque su idea era dar a cada ser lo que se le debe…
Esas palabras herían hasta a los sostenedores del gobierno Bachelet. No era justo que hablara mal de una dama que no estaba presente. Tuco no tenía nada contra la señora ni tampoco contra los otros de la oposición… y se en Chile no se le da a los trabajadores lo que es de ellos pues él se lavaba las manos ya que no estaba en el gobierno.
El guatón García, ya medio empipado, decía que su casa era la mejor república. Los otros lo atacaban porque se llegaba a la conclusión que los sin casas eran gitanos sin república. Un putiferio… Bueno, construyamos casas y de paso la república… decía Tuco.
No gustaba la idea… no encantaba porque era corrupta y a Tuco, por ser justo, se les daba de bribón o de aprovechador de la justicia.
Tuco se entusiasmaba porque en fin de cuentas todos los comentarios de sus amigos eran platónicos.
Una tarde de miércoles Tuco decidió de vender su casa e irse de Chile.
Primero viviría unos años en Italia, según él, estudiaría el comportamiento de ese pueblo heredero del imperio romano.
Eran ideas… porque en Roma las cosas no son como se ven en la tele. Giras la cabeza y te roban hasta los bigotes, si en caso los tienes.
La verdad sea dicha, Tuco nunca tuvo amigos. El recuerdo de su infancia…, era su gran riqueza, de acuerdo… en ésa época eran todos niños que aprendieron a conocer el mundo tras partidos de fútbol o sexo en patota con la sandruca. Sólo recuerdos…
Vendió su casa… y desapareció de Chile.
En Roma conoció la verdadera cara de Italia y le resultó hasta repugnante.
Tuco, un consecuente y sofista visceral.
La Roma de hoy es racista nostálgica y gran parte de la población es seguidora del neofascismo.
En Roma concluyó que su idea era como la de un pastor que busca cuidar su rebaño.
En el fondo era un buen hombre… pero pecaba al proponerse su bien y el de los otros.
Eso era para viejos comunistas de la época de Lenin.
Al menos, lo digo francamente, Tuco intentó algo que no todos buscan, ayudar a los débiles.
Dicen, o me dijeron, que murió sin un centavo y acurrucado a los pies de una estatua de Miguel Angel.
Si es verdad o mentira, su sueño se llevó la república y su deseo de poder haber sido la ventaja de todos los desgraciados del mundo…
