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Agosto 18, 2026

¡Hola, soy tu libro electrónico!

Si aprietas la tecla uno te aparecerá la versión en mexica y gringo, de 2666 del profeta Bolaño. Por el diario electrónico, leo la noticia con la misma congoja que miraba la matanza de Gaza, opacada estos días por el oleaje de la prensa soleada.

La tecla dos te llevara a un poco de jazz y un baile marino entre el submarino amarillo y el submarino flash. El baile se vislumbra con mayor nitidez entre Valparaíso y Barcelona.

Aprieta tres y te muestro una pestaña nueva, en ella tendrás variedad de miradas que se van al azul, que frasean el mp9 de Altazor, que nuevamente emergió del cajón como una lagartija carcajienta.

Una caja de zapatos llena de prólogos y epicentros. Papeles inesperados cayendo sobre la rayuela de estos días veintiunos.

Si no te agradaron estos tres párrafos anteriores lanza al aire el libro verás como quieren en Chile al amigo cuando es forastero.

Toda la biblioteca de Babilonia está a golpe de yema.

No podrás dejar una pluma de este chincol precordillerano

Cuando tus hijos entren a la cama del ronquerío verán a su padre dormido con mi cuerpo electrónico alumbrando el rostro del moai tumbao.

Doblar la página cuando excitado por la lectura, te sorprenden con un beso Vamp.

Esto último es cualidad del libro de otro siglo.

A cada clic, una nueva página de tus próximos segundos, mi querido lector Hall, se despliega en lo que dura un suspiro.

Soy el camaleón perfestío, capaz de mostrarte Infinita y una noche.

La feria del libro electrónico usado se encendió mañana en MAM de Chiloé.

En la cervecería de Valdivia. Entre los gigantes tomates de Colín.

Si no le gustan los anuncios de los lugares, aprete cueva.

También puede usted despertar Borgianamente.

Soy tu libro electrónico y lo único que le pido al lector/ora, que no me deje olvidado al tercer día, entre los otros libros reales.

O en el maletín de Stevenson.


Jordi LLoret