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Agosto 18, 2026

Venezuela: la oposición culpa de su derrota al aparato gubernamental de Chávez

Caracas.- “Nos han jodido, pero hay que seguir pa’lante”, resumió este lunes, día casi oficial de la resaca electoral, un parroquiano que discutía apasionadamente con otros contertulios en un restaurante en la céntrica zona de La Candelaria, residencia de la clase media caraqueña que ya no es tal. “Coño, pana (mano), hay que seguir porque algún día tiene que caer”, respondió alguien sentado en otra mesa. Ese estado de ánimo, o de desánimo, depende, sintetizó este lunes el brumoso lunes capitalino, vale decir, el nacional.

El no deprimido, refugiado en comederos y cenáculos afines, donde de antemano se sabe que casi nadie hablará en contra del sentir, no da por perdida, ni mucho menos, la batalla por sacar al presidente Hugo Chávez del poder. Apuestan a las elecciones legislativas y municipales de medio periodo, apuestan a que la crisis económica hará lo que los líderes de oposición son incapaces de hacer. Apuestan al efecto que la desatada inseguridad tendrá entre los electores: apuestan a la corrupción que, dicen, campea en el ámbito gubernamental. Apuestan también al imparable aumento de la inseguruidad.
Pateando las calles, hablando con la gente de a pie, la impresión que queda es que este país, en su piel, quedó más o menos como estaba antes del 15 de febrero, dividido irremediablemente entre chavistas y antichavistas. Unos no caben en su gozo, y los otros afinan la puntería de cara a la próxima cita electoral, en 2010.
Su esperanza, y no tienen más de qué agarrarse, estriba en que Chávez no logró el domingo los siete millones de votos que pidió a la nación el pasado 20 de enero. Se quedó a un millón. Ciertamente el porcentaje de apoyo al gobernante, a tenor de las cifras, ha ido a la baja desde su primera elección en 1998, cuando logró 56.20 por ciento, contra 54.36 por ciento logrado ayer en el referendo que permite ya la relección de los cargos electos popularmente en todos los niveles.
Un millón de votos separó ayer al del no, pero más de tres millones de venezolanos optaron por no acudir a las urnas. Y no hay modo de saber, cuando menos hoy, hacia qué lado podría inclinar la balanza política nacional ese ejército silencioso que castigó de algún modo a los dos bloques que polarizan la vida del país.
El problema de Chávez a corto plazo, sostienen en la oposición, es cómo va a enfrentar el financiamiento de su vasto entramado gubernamental y social sin que vaya en detrimento de las finanzas nacionales. El desplome de los precios internacionales del petróleo –en menos de un año el barril de crudo venezolano pasó de 150 dólares a 38– y en general, el descenso abrupto de los precios de las materias primas, abre una interrogante sobre la viabilidad del ambicioso proyecto chavista, proyecto que, en sus palabras, va más allá de Venezuela.
Desde la esfera gubernamental el horizonte casi no ofrece nubarrones. El entusiasmo, este lunes, era indescriptible. Es un estado de ánimo que comparten por igual las instancias oficiales y la población más humilde del país, volcada sin titubeos en el proyecto chavista. En los cerros caraqueños, ahí donde habita la más pobre de las pobrezas citadinas, brillaba este lunes un optimismo irrefrenable.