Es evidente que el movimiento sindical, los partidos del Junto Podemos y las organizaciones políticas de la izquierda extraparlamentaria deben ser los primeros en convocar y firmar la declaración. Pero también deben hacerlo los partidos de la Concertación que dicen defender los intereses de los trabajadores. Con mayor razón si son gobierno. Es un objetivo democrático construir la unidad en la acción de todas las fuerzas de izquierda y de los autodenominados progresistas tras un bien común: el trabajo y los salarios dignos.
Por supuesto que la CUT está en lo mismo. Pero parece que hay que darle una mano. Es hora de que las organizaciones sindicales se pongan resueltamente a la cabeza de la preparación de una Paro General que envíe un mensaje claro y que detenga los impulsos patronales. Las reivindicaciones elaboradas por el Parlamento Social en el cual participan la CUT, los partidos de izquierda, de centro y del progresismo son una buena base de acuerdo.
Cabe afirmar, sin embargo, que sólo un movimiento sindical, fuerte y democrático, organizado nacional y localmente en asambleas podrá construir una correlación de fuerzas que imponga una nueva legislación laboral en el futuro inmediato y que proteja a los sectores más débiles del mundo laboral. Es negar la experiencia acumulada del movimiento sindical creer que bastan un puñado de dirigentes en el Congreso para cambiar las leyes laborales. Es desconocer el poder del capital y sus redes de aliados incondicionales en la derecha aliancista, los medios y la academia. Es someterse a la camisa de fuerza de la Constitución pinochetista. Es en la calle y las asambleas sindicales donde los trabajadores muestran su fuerza y poder; es allí donde la solidaridad ciudadana se expresa.
Es tiempo de exigirle al Estado y al Gobierno que actúen con todo su peso, en un momento excepcional como la crisis del capitalismo, para impedir los despidos y los abusos patronales. La Presidenta —elegida por los trabajadores y trabajadoras— goza de un gran capital de simpatía que le permite restablecer en algo el equilibrio en la balanza por la vía de la defensa de los derechos colectivos de los asalariados. Derecho a conservar su empleo y a percibir salarios o subsidios dignos. También el ejecutivo puede proponer mecanismos transparentes de ayuda condicionada a las pequeñas y medianas empresas responsables y generadoras de empleo.
En períodos de crisis hay que distribuir la riqueza. Concentrarla es la letanía del fracasado credo neoliberal. En Chile, desde hace más de 35 años que ésta se acumula en una minoría nacional y global cuya estructura e intereses no han sido tocados (*).
Hace un año que Velasco, el ministro de Finanzas de la Concertación, viene declarando a los medios y a los parlamentarios concertacionistas que Chile está blindado. Pero al ver la ola brutal de despidos y los que se vienen, es evidente que el blindaje se hace según las reglas del neoliberalismo: proteger a los grandes empresarios, banqueros, especuladores y abusadores de toda laya y dejar los trabajadores a la merced de los despidos y de los abusos patronales. Por lo mismo hay que pararle la mano al capital —único responsable de la crisis— y a quienes blindan las ganancias y los mecanismos de explotación de la mano de obra. A los que por medio del chantaje exigen flexibilizar para bajar salarios.
Son las mayorías del país las que viven los efectos de la crisis del capitalismo; crisis mundial que recién comienza pero que ya priva de trabajo y de una vida digna a millones de trabajadores. Los trabajadores no son los responsables de la crisis sin embargo son los primeros en pagar el costo. Una vez más está claro que el capitalismo es a la vez el problema y la fuente del conflicto. Pero la solución la tienen los trabajadores y las mayorías.
Una vez más la crisis plantea el conflicto subyacente en toda democracia liberal; aquél que opone el capital al trabajo y que sigue recordándonos la necesidad de la transformación social. No hay que tener miedo en decirlo y en sacar las conclusiones, ni tampoco dejarse obnubilar por un electoralismo chato sin plantear las cuestiones centrales imposibles de ocultar. Toda la verborragia mediática y economicista neoliberal tienden a negarlo. La Huelga General es en democracia uno de los instrumentos de la clase trabajadora para defender el empleo y plantear sin ambages la necesidad de distribuir las ganancias en tiempos de crisis.
(*) Según El Mercurio del sábado 7 de enero, uno de los hombres más ricos del planeta –de “bajo perfil” según el decano de la prensa chilena—se llama Eliodoro Matte (Sic).
Leopoldo Lavín Mujica, ex miembro del Comité de Solidaridad Internacional de la FNEEQ (Federación Nacional de Profesores y Profesoras de Québec).
