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Agosto 18, 2026

Primarias de la Izquierda: ¿despelote o proyecto?

La decisión de los dirigentes de los partidos de la Concertación de impedir a toda costa que su candidato presidencial salga de primarias democráticas está generando situaciones de rebeldía por parte de algunos políticos concertacionistas-díscolos.

Las actitudes y declaraciones de algunos de éstos últimos, si bien revelan una vez más la decadencia política de las elites concertacionistas, pueden entorpecer el proceso de agrupación de las fuerzas de izquierda ya que crean confusión en las mayorías ciudadanas en torno a lo esencial (*).

Y lo esencial es que la izquierda conformada por una serie de partidos, movimientos sociales y ciudadanos militantes que levantan posiciones claramente democráticas y de corte antineoliberal elijan un candidato único con un programa unitario y convincente que conquiste a las mayorías por la fuerza de su argumentación y la claridad de su proyecto.

La Izquierda puja por reconquistar la credibilidad perdida después de años de derrotas. Debe hacerlo en tiempos de crisis no sólo del capitalismo global y de su operador ideológico, el neoliberalismo, sino también de la democracia elitista y excluyente impuesta por el régimen político postdictadura bajo la forma del sistema de elección binominal.

Pero el triunfo y anclaje del proyecto de Izquierda en las mentes ciudadanas estará determinado en gran medida por la manera cómo se alcanza el objetivo. Si los medios para arribar al fin no son los buenos, es el fin el que se contamina y diluye. Si no se aprovecha acertadamente la coyuntura electoral para reconstruir la Izquierda, el proyecto popular retrocede.

Lo que está en juego es reponer en el imaginario nacional la confianza en que es posible tener un gobierno de Izquierda responsable porque sólo éste se comprometerá, sin miedo al conflicto con la derecha oligárquica, a satisfacer las demandas ciudadanas en salud, educación, medioambiente, creación de empleos para el presente y el futuro y  en la redistribución de la riqueza. El mundo debe girar a izquierda pero el impulso no viene de la mecánica celeste sino que de la voluntad y de la acción humana.

Sólo un proyecto que dé muestras concretas de construirse de manera democrática con las aspiraciones de los trabajadores, estudiantes, las mujeres, los movimientos sociales habitacionales y de pobladores, mapuches, ecologistas podrá conquistar y despertar el alma de izquierda dormida de los desposeídos y excluidos.

Ya se ha avanzado. Los pasos dados por Jorge Arrate y Alejandro Navarro se inscriben en una perspectiva promisoria. Revelan algo más que una fractura en la vieja coalición. Son pruebas que el proceso está en marcha por levantar no sólo una candidatura sino que un proyecto de país alternativo al de la derecha y al del concertacionismo agotado.

Por lo mismo, no hay que detener la dinámica invocando falta de medios para realizar una convención o primarias —o como se le llame— sino que impulsarla con creatividad. Se trata de crear un acontecimiento político, social, mediático que sea transparente y genere voluntad transformadora, que concite atención y cree confianza en los ciudadanos. Que inunde de esperanza en la posibilidad y necesidad del cambio social. Que muestre que hay gente que quiere hacer política de otra manera.

Por lo mismo, las prácticas y lógicas políticas elitistas de la cooptación y de la competencia, profundamente ancladas entre las elites postdictadura de todo signo, deben ser reemplazadas por la lógica de la participación popular y social; de la deliberación y de la delegación democrática.  Las negociaciones de pasillos entre partidos de izquierda con políticos concertacionistas deben ser consideradas como zancadillas al proyecto democrático de la Izquierda. Hay que debatir en la sociedad real y cara a ella.

La izquierda cree en la democracia directa y en el ejercicio directo del poder democrático. El mundo siempre cambió cuando las masas irrumpieron y ocuparon la escena. Ahí se extendió la democracia. Es el secreto guardado con cerrojos de la historia en su versión burguesa-oficial-dominante.  La Comuna de París, los Soviets de obreros y campesinos, los comandos comunales; las asambleas del pueblo, de la civilidad, de barrio, son experiencias vividas por los pueblos del mundo. Ellas son de carácter eminentemente democrático (los impulsos oligárquicos surgen cuando la gente se cansa o desaparece).  También lo son los plebiscitos y las convocatorias recientes (Venezuela, Ecuador, Bolivia) a elegir asambleas constituyentes.

En el contexto eleccionario actual se trata de aplicar creativamente este principio, sin traicionarlo. Así como vemos que la derecha se opone a la extensión de los derechos democráticos al trabar la inscripción automática y el voto a los chilenos residentes en el extranjero, la izquierda debe ser consecuente con el principio de la elección democrática de sus candidatos para más tarde plantear la necesidad de la elección de una Asamblea Constituyente para democratizar todo el país. Para que redacte una carta fundamental que codifique los derechos sociales y económicos de los chilenos.  

Por lo mismo, la izquierda tiene que utilizar ya toda su creatividad, experiencia y métodos de organización desarrollados durante el gobierno de la UP y en las luchas antidictatoriales para convocar a los sectores ciudadanos medios, populares, trabajadores y estudiantes a un gran debate que eduque, convenza y motive en una instancia donde se elija el candidato único de todas las fuerzas y grupos sociales. Allí se hace el debate de ideas. Allí se forja el acero.

El nombre del evento no tiene importancia: Convención o primarias, da lo mismo … Lo que vale, lo que determina su carácter democrático es la voluntad y compromiso de los que la convocan (los militantes de los partidos y de los movimientos sociales y los ciudadanos conscientes) por atraer para participar en ellas a los mas vastos sectores excluidos, a los sin voz. Es una campaña de formación política de contenido estratégico.

No es un secreto que la despolitización masiva es un instrumento de dominación y que la incapacidad de distinguir los diferentes programas y argumentos políticos es un síntoma de vacíos profundos en la formación ciudadana.

Sin olvidar que hay un test de madurez política para las dirigencias. Ellas deben dejar de lado los caudillismos y mezquindades clánicas que forman parte de la manera de hacer política tradicional de las elites políticas. La dispersión no forja confianza. No genera energía. No concita apoyo.

Lo peor que puede suceder es que se imponga el despelote. Que la primera vuelta en diciembre se transforme en primarias. Todas las experiencias políticas de recomposición de la Izquierda demuestran que los procesos eleccionarios pueden ser favorables a una estrategia de reconstrucción de un proyecto de Izquierda a condición que ésta se presente unida. Con un candidato ampliamente legitimado  y con un programa único. La paradoja es que el programa de la Izquierda no presenta problema.  Lo que dispersa son los intereses partidarios y las subjetividades individuales. Es la lógica aparatchik. Es aquí donde conceptos como la nobleza de espíritu, la generosidad socialista, comunista y revolucionaria, la claridad y humildad política, cobran todo su sentido. También la vigilancia ciudadana y el control  democrático de la vida partidaria.

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(*) El diputado socialista-concertacionista Marco Enríquez declaraba el jueves pasado: “Nos están obligando a transformar la primera vuelta en primaria a un grupo de diputados que no nos vamos a sumar a ninguno de esos comandos electorales. Habrá que explorar fórmulas y evaluaremos colectivamente probablemente a partir del lunes, y tomaremos decisiones muy difíciles. Y los partidos tendrán que ver cómo le responden al país”.

Leopoldo Lavín Mujica, Profesor, Département de philosophie, Collège de Limoilou, Québec, Canadá.
Leopoldo.lavin@climoilou.qc.ca