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Agosto 18, 2026

El gobierno del Presidente Allende/ VI

Estados Unidos es el actor principal del Golpe de Estado y de la dictadura militar que éste instaló, por esta razón se hace necesario detenernos en lo que han sido los conceptos que inspiran su política exterior. Los  rasgos actuales de su política exterior deben buscarse en el desarrollo de su cultura política interna en el siglo XIX.  Tres conceptos se incubaron en el pensamiento político norteamericano en el siglo XIX: a.- Destino manifiesto, b.-Superioridad racial y c.- Una cultura épico –militar con espíritu  de cruzada .

El que EE.UU. tendría un “destino manifiesto” de grandeza mundial, se encuentra ya en George Washington, quien en 1795 expresa:

“Estoy seguro que si este país logra preservar la tranquilidad durante 20 años, podrá desafiar, con una justa causa, a cualquier potencia”.

J. Adams, el presidente que le sucedió, es más explícito cuando escribe:

Nuestra virtuosa república federativa, plena de espíritu público, vivirá por siempre, gobernará el planeta e iniciará la perfección humana”.

En 1823 se da a la luz la conocida doctrina Monroe (“América para los americanos”). El sentido de ese pensamiento se refleja claramente en la conocida carta del Secretario de Estado  J. Quincy Adams, futuro presidente, al embajador americano en Madrid,  Hugh Nelson, en la que expresa :

“Estas islas (Cuba, Puerto Rico) debido a su ubicación son apéndices naturales del continente americano, hay leyes físicas de gravitación política, al igual que las hay en física, si una manzana segada de su árbol no puede sino caer al suelo, Cuba separada por la fuerza de su vínculo antinatural con España e incapaz de su autosostenimiento, sólo puede gravitar hacia la unión norteamericana que, debido a la misma ley de la naturaleza, no puede echarla de su regazo”.

Cuando Simón Bolívar en 1924 convoca al Congreso anfictiónico de Panamá EE.UU. se encarga de sabotearlo.
En 1900 el senador Albert J. Beveridge pronuncia un discurso en el Senado que es un corolario político del siglo, cuando afirma:

“Esta cuestión es más profunda que cualquier política partidaria, es elemental, es racial, Dios no puede haber estado preparando mil años a los pueblos angloparlantes y teutónicos para la vana contemplación de si mismos. ¡No! Nos ha hecho expertos en el gobierno de pueblos salvajes y seniles… entre toda nuestra raza ha señalado al pueblo de los Estados Unidos como la nación elegida para dirigir finalmente la regeneración del mundo… esta es la misión divina de los Estados Unidos… somos garantes del progreso mundial, los guardianes de la justa paz”.

La idea de la superioridad racial tuvo en el siglo XX a su mayor exponente en el conde francés Gobineau y su “Estudio sobre las desigualdades de las razas humanas” (1853). En EE.UU. fue adoptada por el decano de la Facultad de Ciencias Políticas  de la Universidad de Columbia, John W. Burgess y John Fiske. Este último escribió en 1876:

“Parece muy probable que los hombres de habla inglesa se apoderen poco a poco de todas las porciones de superficie terrestres no ocupadas todavía por una civilización bien establecida, y los conviertan en países arios”.

Charles Darwin, por su parte, contribuyó también a estas ideas cuando en su libre “Descent of man” sostiene que el progreso de EE.UU. se debe a la selección natural de los inmigrantes que serían los hombres más audaces y emprendedores de Europa.

Estas teorías encuentran eco incluso en el religioso Josiah Strong, secretario de la Alianza Evangélica de EE.UU., quien sostiene abiertamente que:

“Si no me equivoco en interpretar las señales, esta raza poderosa descenderá sobre México y la América Central y del Sur, se expandirá por las islas del mar y caerá sobre África e incluso más allá .¿Y puede alguien dudar de que el resultado de la esta competencia entre las razas, será la sobrevivencia de la más apta?.

La admiración por el espíritu aventurero y belicista es un componente permanente de la cultura norteamericana en general. En el siglo pasado esta se centró en la admiración por las proezas de los marinos ingleses.

Sintetiza teóricamente éste sentir el almirante Alfred Thayer Mahan, quien a través de diversas obras sobre la importancia del poder naval fue creando las condiciones políticas para la conformación de una poderosa flota, la que daría sus frutos cuando la escuadra americana destruye  completamente a la escuadra española del almirante Cervera en Santiago de Cuba (1898), a consecuencia de los cual obtendrá la anexión de Filipinas y Puerto Rico y dejará a Cuba en virtual interdicción.

Mahan señala el sentido de su labor literaria  como destinada a:

“contribuir a darle a la armada y el país una impresión más definida de la necesidad de dotarse de una flota adecuada a las grandes empresas”.

Sería de un reduccionismo teórico torpe y una injusticia histórica sostener que únicamente estas ideas existieron en el debate político americano, pero es indudable que son las que en definitiva se hicieron hegemónicas. Todas estas concepciones se desplegaron por el mundo en el siglo XX.

En 1991 el Presidente George Bush padre atribuyó a EE.UU. el papel de “policía mundial”, hacía pública una vieja aspiración de la política norteamericana, por cuya orientación ya se habían hecho muchas cosas durante el siglo XX. La novedad lo constituyó el hecho de que EE.UU. reconocía públicamente sus afanes imperiales sobre el conjunto de la humanidad.
 
A mediados del siglo XIX, luego de una instalación artificial de colonos en las provincias del norte de México, se desató a partir de ellos una supuesta lucha por la libertad, que terminó con la invasión norteamericana y el despojo de prácticamente la mitad del territorio mexicano.

A partir de 1875 la azúcar producida por Hawai entraba libre de impuestos a EE.UU., ello produjo la masiva instalación de terratenientes norteamericanos. En 1890 el Presidente McKinley dolosamente liberó el azúcar, cualquiera fuera su origen, de gravámenes y con ello arruinó a la isla. Esto creó las condiciones políticas para que el 16 de enero del mismo año marines norteamericanos desembarcaran y  derrocaran a la reina Liluokualani.  El pretexto será el modelo  para las futuras invasiones: “La protección de la vida y propiedad de los ciudadanos norteamericanos”. La isla de Hawai es parte del territorio norteamericano hasta hoy.

En 1898 una nunca aclarada explosión –pero respecto de la cual hay severos indicios de autoatentado- en el acorazado americano “Maine”, surto en la bahía de La Habana justifica la intervención de EE.UU. en contra de España que ya tenía prácticamente la guerra pérdida con los independentistas cubanos. Se invade Cuba y EE.UU. se apropia ademàs de Filipinas, Siam, Puerto Rico (hasta hoy).

EE.UU. se apoderó de Puerto Rico, país que mantiene hasta hoy bajo la eufemística figura jurídica de Estado libre asociado. Aún en nuestros días  hay patriotas puertorriqueños en cárceles americanas.

En 1903 el Congreso colombiano se negaba a firmar un tratado que “arrendara” a perpetuidad la zona –parte de su territorio- donde se construía el canal de Panamá. Con  el apoyo de un par de sátrapas encabezados por Felipe Bunau Varilla, el gobierno de EE.UU  instaló un nuevo gobierno “independiente” en Panamá y amenazó a los colombianos con la guerra. La flamante Panamá les firmó el tratado.   

En 1905 el Presidente Teodoro Rooselvelt impuso a Santo Domingo un “convenio ejecutivo” mediante el cual EE.UU. cobraba los impuestos y derechos aduaneros en el país. El 4 de mayo de 1916 EE.UU. invadió Santo Domingo e impuso la ley marcial.

El 28 de julio de 1915 una flota norteamericana invadió Haití. El almirante Caperton impuso un tratado  financiero a la isla, similar al de Santo Domingo. No había nadie dispuesto a firmar semejante indignidad, al fin apareció Sudre Dartiguenave, quien sólo pidió “que hasta donde fuera posible se le evitaran las humillaciones”. El sátrapa fue ungido Presidente. Los valientes haitianos resistieron, pero fueron asesinados por miles.

El 15 de agosto de 1912 los marines norteamericanos invadieron Nicaragua en respaldo del impopular gobernante Adolfo Díaz. El hecho venía precedido por una seguidilla de intervenciones políticas y sería el preludio de otras tantas. En las futuras luchas nacionales nicaragüenses tendría un papel importante para su patria César Augusto Sandino, a quien Gabriela Mistral llamó “general de hombres libres.”

Luego de la Primera Guerra Mundial en que, al igual que en la Segunda, EE.UU. interviene cuando sus protagonistas ya están seriamente desgastados, emergió como el principal acreedor de las potencias occidentales. Entendida como negocio –que eso es para los capitalistas- la Primera Guerra Mundial favoreció principalmente a EE.EU.

Dos bombas nucleares dejadas caer en ciudades abiertas de Japón al término de la Segunda Guerra Mundial. Criminales nazis en fuga fueron amparados por los servicios secretos americanos.

Los más sangrientos dictadores latinoamericanos de los ’50 y ’60: Somoza, Duvalier, Trujillo, Batista y Rojas Pinilla fueron apoyados por EE.UU. Las invasiones a Guatemala y Santo Domingo a mitad de los ’50. A Ecuador le cobraron una deuda a cañonazos.

Las masacres que llevaron adelante las dictaduras militares de las décadas de los ’70 y ’80 llevan todas las improntas norteamericanas. Desde el “carnicero” D’abuisson a Pinochet, Videla, Alvarez, Stroessner, Banzer y todo el resto, fueron, sin excepción, respaldados por EE.UU.

En 1983 marines americanos respaldados por varios portaaviones desembarcaron en la pequeña islita latinoamericana de Grenada, que iniciaba un proceso revolucionario hacia el socialismo. La agresión fue condenada por la Asamblea General de Naciones Unidas el entonces Presidente Ronald Reagan respondió, en referencia a la condena mundial,: “Esto no alcanza a perturbar mi desayuno”.

La invasión a Panamá en 1989 costó la vida a cientos de panameños del barrio pobre de Chorrillos que fue bombardeado de manera inmisericorde por aviones de la más avanzada tecnología. Los marines buscaban capturar a Manuel Antonio Noriega  ex agente de la CIA y a la sazón dictador del país. La Asamblea General de Naciones Unidas condenó el hecho, de lo cual EE.UU. hizo caso omiso.

En el resto del mundo la cosa no fue mejor. Desde el apoyo al terrorista Savimbi en Angola y el régimen del apartheid en Sudáfrica a los respaldos de Sukarto en Indonesia. En Vietnam perdieron la vida más de  tres millones de vietnamitas luego de casi 10 años de agresión.

Después de terminada la guerra fría EE.UU. intervino en Somalia, Panamá, Haití, Irak y Yugoslavia. Hoy EEUU sostien dos guerras de agresión; Irak y Afganistán. En total se pueden contabilizar 134 intervenciones militares norteamericanas en los cinco continentes.

EE.UU. mantiene en el mundo una compleja red de bases  militares que van desde Diego García a Hawai, de Alemania a Okinawa, de Guantánamo al golfo Pérsico, de Puerto Rico al Mediterráneo. ¿Para qué? En un mundo de 810 millones de desnutridos y 1.300 millones con ingresos de menos de un dólar diario y de 150 millones sin trabajo.

Durante el siglo XX la política exterior norteamericana  se desarrolló en torno a dos orientaciones paradigmáticas: a.- Ningún lugar del mundo está fuera de los intereses, políticos o económicos, de Estados Unidos. b.- El uso de la fuerza como un recurso permanente.

LA INTERVENCION NORTEAMERICANA EN CHILE: EL INFORME CHURCH

Cuando Allende fue elegido presidente Nixon sentenció “Allende hijo de puta” y ordenó a sus subordinados: “Hay que hacer aullar la economía (chilena)”.

Kissinger, por su parte, agregó: “No podemos permitir que un país vaya al comunismo como consecuencias de la irresponsabilidad de su propio pueblo”.

Esa es la valoración que el imperio norteamericano tiene de la soberanía nacional de los pueblos de nuestra América Latina.

La intervención ilegal y sin límite ético alguno de EE.UU. en los asuntos internos de nuestro país resultó determinante para el derrocamiento del gobierno popular.

Existen innumerables fuentes documentales y testimoniales sobre lo que fue la agresión norteamericana a nuestro país entre 1959 y 1973, que es el período que nos ocupa. Hay algunas muy ilustrativas como el libro sobre el tema escritos por Isabel Reinmann y Fernando Rivas: “Chile: antecedentes para un análisis”. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana. 1977, también un  texto de reciente publicación de Patricia Verdugo en Chile.

Sin embargo y a fin de no dejar la más mínima duda en torno a la veracidad de las fuentes, he preferido actuar en los marcos del conocido aforismo legal: “a confesión de partes, relevo de pruebas”.

Así he tenido a la vista sólo documentos oficiales emanados de organismos estatales norteamericanos: el conocido Informe Church del Senado, el informe Hinchey y los documentos desclasificados por el gobierno norteamericano durante la detención de Pinochet en Londres.

Estas fuentes documentales impactan por su crudeza, por la gravedad de los hechos que documentos oficiales norteamericanos reconocen como propios. Se trata de abiertas violaciones a la legalidad internacional, al derecho interno chileno, a los más elementales principios de la convivencia internacional. Todo ello se reconoce y analiza sin inhibición alguna. Se trata a ratos de alcanzar cierta exculpación, como país.

¿Por qué se produce una confesión tan desaprensiva?

Primero, porque aún cuando los documentos impactan a cualquiera, no es toda la verdad, en el caso del Informe Church se deja expresa constancia de que no se revelan nombres ni procedimientos que puedan descubrir a sus “amigos chilenos”. En la desclasificación de documentos del gobierno Clinton los documentos son sistemáticamente tachados en importantes aspectos con un implacable plumón de tinta instantánea.

Sin perjuicio de lo anterior, queda claro que la CIA cuando menos entrega sólo aquella información que no es posible ya ocultar. Así el propio director de la agencia, Richard Helms, fue condenado por la justicia federal americana a dos años de prisión, en suspenso, precisamente por haber ocultado información al Congreso concerniente a Chile durante la investigación de la Comisión Church. 

Segundo, lo dice explícitamente el Informe Church: la presencia intervencionista americana ya no era posible ocultarla.
Tercero, existen conflictos  entre los diferentes organismos estatales de un imperio. Muchas cosas se sacan a la luz a raíz de rencillas internas entre los poderosos actores del país del norte. Así se comenta que Clinton desclasificó  17 mil documentos en relación a Chile durante la detención de Pinochet en Londres, más que por esa situación como una forma de venganza con los republicanos que lo asediaban por el tema Mónica Lewinsky.

Cuarto, es tal el poder imperial que pueden enfrascarse en polémicas  internas sobre asuntos tan graves como éste y el sistema se mantiene. Por lo demás la opinión pública internacional no es cosa que conmueva a los politicos americanos.
El informe Chuch (en adelante I.CH), que es sin duda el más importante, es un informe emanado de una comisión del Senado norteamericano que toma su nombre de su presidente FRANK CHURCH, senador por Idaho, la conformaron además los senadores JOHN G. TOWER, Texas, Vicepresidente  PHILIP, A. HART, Michigan HOWARD H. BAKER Jr., Tennessee – WALTER F. MONDALE, Minnesota BARRY GOLDWATER, Arizona – WALTER D. HUDDLESTON, Kentucky CHARLES McC. MATTHIAS,Jr., Maryland – ROBERT MORGAN, Carolina del Norte RICHARD SCHWEIKER, Pensilvania – GARY HART, Colorado – HOWARD H BAKER, Jr., Tennessee – BARRY GOLDWATER, Arizona – CHARLES McC. MATHIAS, Jr., Maryland – RICHARD SCHWEIKER, Pensilvania

Su nombre es “Acción encubierta en Chile 1963-1973  Informe de la Comisión designada para estudiar las operaciones gubernamentales concernientes a actividades de inteligencia/ Senado de los Estados Unidos”.
Sus resultados fueron dados a conocer el 8 de diciembre de 1975.

El Congreso americano como condición para aprobar el presupuesto de la CIA para el año 2000 investigó la intervención de ésta en nuestro país. De allí surge el llamado Informe Hinchey. Su nombre es Actividades de la CIA en Chile. Se dio a conocer el 18 de septiembre del 2000. 

Veamos los aspectos más relevantes que encontramos en estos documentos. Recurriremos a citas extensas y comentarios breves, ello debido a que la claridad de los documentos, con las salvedades hechas, evita mayores comentarios. 

Creo que una muy buena imagen general la da uno de sus primeros capítulos, titulado “Resumen de la intervención en Chile” del ICh, cito a la letra:

Resumen: acción encubierta en Chile
La involucración de la acción encubierta de los Estados Unidos en Chile en la década entre 1963 y 1973 fue extensa y continuada. La Agencia Central de Inteligencia gastó tres millones de dólares como esfuerzo para influir en el resultado de las elecciones presidenciales chilenas de 1964. Ocho millones de dólares fueron gastados, secretamente, en los tres años entre 1970 y el Golpe militar en septiembre 1973, con más de tres millones de dólares gastados sólo en el año fiscal 1972. 

  …El objetivo de la acción encubierta es de impacto político. Al mismo tiempo relaciones secretas desarrolladas para la recogida de inteligencia clandestina pueden tener también repercusiones políticas, incluso a pesar de no haber una “intención manifiesta” por los oficiales americanos para manipular las relaciones de influencia política a corto plazo. Por ejemplo, en Chile entre 1970 y 1973, la CIA y militares americanos establecieron contactos con militares chilenos, con el fin reunir materiales de inteligencia y permitir a los Estados Unidos entrar en comunicación con el grupo con más posibilidades para arrebatar el poder al Presidente Salvador Allende. 

 ¿Qué compró en Chile la CIA con el dinero de esta operación encubierta? Financió actividades cubriendo un amplio espectro, desde simple propaganda manipuladora con la prensa hasta apoyo a gran escala de partidos políticos chilenos, desde encuestas de opinión pública hasta tentativas directas para fomentar un golpe militar. El panorama de actividades “normales” de la Central-CIA en Santiago incluía la inserción de materiales propagandísticos creados por la Central en los medios de comunicación chilenos mediante el pago, apoyo directo a publicaciones, y esfuerzos para oponerse a los comunistas y al ala izquierdista de las organizaciones de estudiantes, campesinos y trabajadores.

…Cuando los oficiales expertos en Washington percibían peligros concretos u oportunidades en Chile, la CIA desarrollaba sus proyectos especiales, a menudo como parte de un paquete de acciones de los Estados Unidos. Por ejemplo, la CIA gastó más de tres millones de dólares en un programa electoral en 1964.

Media década más tarde, en 1970, la CIA se empleó en otro esfuerzo especial, esta vez como respuesta expresa al Presidente Nixon y bajo mandato de no informar a los Departamentos de Estado o Defensa o al embajador acerca del proyecto. Tampoco fue informada la 40 Comisión. La CIA intentó, directamente, fomentar un golpe militar en Chile. Se entregaron tres armas a un grupo de oficiales chilenos que planeaban un golpe. Comenzando con el secuestro del Comandante en Jefe del Ejército chileno René Schneider. Sin embargo estas armas fueron devueltas. El grupo que protagonizaba el fallido secuestro de Schneider, el cual resultó muerto, aparentemente no era el mismo grupo que recibió las armas de la CIA. 

Cuando el intento de golpe falló y Allende fue proclamado Presidente, la CIA fue autorizada por la Comisión 40 para financiar los grupos de Chile opuestos a Allende. Los esfuerzos fueron masivos. Se gastaron ocho millones de dólares en tres años entre las elecciones en 1970 y el golpe de Estado en septiembre de 1973. El dinero se suministró a organizaciones de comunicación, partidos políticos de la oposición y, en cantidades limitadas, a organizaciones del sector privado. 

 …La CIA dio apoyo en 1970 a uno de los grupos cuyas tácticas se volvieron más violentas con el tiempo. Durante 1971 ese grupo recibió pequeñas sumas de dinero americano a través de terceros partidos para fines específicos. Y es posible que el dinero fuera entregado a estos grupos de la extrema derecha desde los partidos de la oposición política que tenían apoyo-CIA”.

Veamos ahora algunos aspectos específicos de la intervención.

a.- Intervención electoral.

En un país democrático como Chile el acto político más relevante son las elecciones, pues este es el  mecanismo de traspaso  e instalación del poder público.

En relación a las elecciones de 1964 donde se desató una intensa y eficaz campaña del terror en contra de la candidatura presidencial de Salvador Allende, el I.Ch. reconoce:

“La elección presidencial de 1964 fue el más señalado ejemplo de un proyecto electoral a gran escala. La Agencia Central de Inteligencia gastó más de $ 2,6 millones en apoyar al candidato demócrata cristiano, en parte, para prevenir el ascenso a la presidencia del marxista Salvador Allende. Más de la mitad de la campaña del candidato demócrata cristiano fue financiada por los Estados Unidos, a pesar de que él no fue informado de esta ayuda. Además la Central proporcionó el apoyo a un gran número de estudiantes, mujeres, grupos de profesionales y campesinos, todos ellos pro-demócratas cristianos. También, otros dos partidos políticos fueron fundados en un intento por dispersar el voto.

En Washington, se estableció una comisión electoral inter-agencias, compuesto por el Departamento de Estado, la Casa Blanca y oficiales de la CIA. Esta comisión estaba ligada a un grupo de la embajada en Santiago. No se estableció un cuerpo de trabajo dentro de la CIA, pero la Central en Santiago fue reforzada. La Central ayudó a los demócrata cristianos a dirigir una campaña de estilo americano, que incluía encuestas, registro de votantes y auto divulgación de votos además de propaganda secreta”.

El informe en comento señala que el candidato Eduardo Frei Montalva no fue informado, no tenemos elementos para desmentir ni confirmar esto. Pero resulta difícil pensar que una inyección de recursos de tal envergadura difícilmente puede pasar inadvertida para un candidato. Mucho menos si consideramos que Frei conversó después del Golpe con la embajada americana sobre nuevos envíos de dinero. Un respaldo económico de tal envergadura crea vínculos, relaciones y dependencias que no se rompen de la noche a la mañana.

La chilenización del cobre llevada adelante por Frei en la búsqueda de responder al clamor nacional por la recuperación de nuestras riquezas naturales, resultó ruinosa para Chile, un pingüe negocio para las empresas americanas y representó cualquier cosa menos una recuperación de nuestras riquezas básicas. ¿Coincidencia o reciprocidad por los apoyos recibidos?. La pregunta emana por sí misma del conocimiento de estos hechos.

No se trató simplemente del apoyo a una campaña. Que un partido apoye a otro partido de similar doctrina de otras latitudes resulta algo sabido. Pero aquí se intervino con dimensiones determinantes, con acción directa en aspectos operativos, con intereses propios, con infracción a la legalidad interna y violentando toda ética, como se aprecia en los siguientes párrafos que citamos del I.Ch.

“La acción encubierta durante la campaña de 1964 estaba formada de dos elementos principales. Uno era el apoyo económico directo a la campaña de los demócratas cristianos. La CIA aseguró algo más de la mitad del total de los costos de la campaña”

…Además del apoyo a los partidos políticos, la CIA montó una masiva campaña propagandística anticomunista. Se hizo uso extenso de la prensa, radio, películas, panfletos, carteles, pasquines, correo directo, banderolas de papel y pintadas en las paredes. Fue una “campaña de terror”, que contaba con la dureza de las imágenes de tanques soviéticos y pelotones de fusilamiento cubanos y fue orientado especialmente a las mujeres. Cientos de miles de copias de la carta pastoral anticomunista del Papa Pío XI se distribuyeron a organizaciones demócrata cristianas. Llevaban el distintivo, “impreso privado por ciudadanos sin afiliación política, para difundir su contenido más ampliamente”. También se usó “desinformación” y la “propaganda negra” -material que pretendía que se había originado en otra fuente, como el Partido Comunista chileno- fue utilizada profusamente.

“La campaña propagandística fue enorme. Durante la primera semana de intensa actividad propagandística (la tercera semana de junio de 1964), un grupo de propaganda financiado por la CIA insertó 20 anuncios diarios en las radios de Santiago y en 44 emisoras provinciales; 12 minutos de informativos cinco veces al día en tres emisoras de Santiago y 24 salidas provinciales; miles de dibujos y muchos anuncios en prensa. Al final de junio, el grupo producía 27 noticiarios radiofónicos en Santiago y provincias, 26 programas de “coloquios” semanales, distribuía 3.000 carteles diariamente. La CIA se refería a la campaña de alarma anticomunista como la actividad más efectiva dirigida por los Estados Unidos a favor del candidato demócrata cristiano.

“La campaña propagandística también fue orientada internacionalmente y artículos extranjeros se “reproducían” en Chile. Los periódicos chilenos informaban: un apoyo a Frei por la hermana de un líder latinoamericano, una carta pública de un antiguo presidente exiliado en los Estados Unidos, un “mensaje de las mujeres venezolanas” y unos advertencias sobre una victoria de Allende de varias figuras en gobiernos militares de Latinoamérica.

La CIA dirigió operaciones de acción política independientemente de la campaña de los demócratas cristianos a un número importante de grupos de votantes, incluyendo los barrios marginales, campesinos, trabajadores organizados y disidentes socialistas. Se dio apoyo a miembros anticomunistas del Partido Radical en sus empeños para lograr posiciones de influencia en la jerarquía partidista, y para evitar que el partido enfocara su apoyo hacia Allende”.

En las elecciones del año 70 la táctica norteamericana cambió ante el develamiento de muchas de sus operaciones en Chile, las que incluso habían sido tratadas en el Congreso chileno. Se optó entonces por no apoyar a ninguna candidatura de las existentes como eje central de su política en Chile, sino más bien en arruinar la candidatura de Salvador Allende, fue lo que se llamó operación “ruina”. Al respecto el informe señala:

“El 25 de marzo de 1970 la Comisión 40 aprobó una propuesta conjunta Embajada/CIA recomendando que las operaciones de “ruina” -propaganda y otras actividades se llevaran a cabo por la CIA en un intento para impedir la victoria electoral de Allende. No se elaboró apoyo directo a ninguno de sus oponentes. La primera autorización fue por valor de $135.000, con la opción de más financiación posteriormente. El 18 de junio de 1970, el embajador, Edward Korry, sometió a estudio del Departamento de Estado y la CIA una propuesta doble. La primera parte planteaba un incremento de la ayuda para la campaña contra Allende. La segunda era un plan de emergencia de $500.000 para influir en los votos del Congreso ante una eventual votación entre los candidatos ubicados en primer y segundo lugar. En respuesta rechazo del Departamento de Estado, el Embajador respondió con una pregunta: si Allende obtiene el poder, ¿cómo responderían los Estados Unidos a aquellos que preguntaran qué acciones se habían tomado para evitarlo?

El 27 de junio, la Comisión 40 aprobó aumentar las subvenciones para la operación “ruina” contra Allende en $300.000. Oficiales del Departamento de Estado votaron en una reunión “sí” con reticencias. No estuvieron de acuerdo con el plan de emergencia y se aplazó una decisión hasta los resultados de las elecciones el 4 de septiembre.

Oficiales de la CIA se reunieron en varias ocasiones con jefes de ITT durante julio. La CIA rechazó la propuesta de ITT de facilitar fondos a través de la CIA a Alessandri, pero proporcionó asesoría a la compañía sobre cómo hacer llegar ese dinero a Alessandri. De los $350.000 que ITT dio a Alessandri durante la campaña -$250.000 fueron a su campaña y $100.000 al Partido Nacional. Otros $350.000 llegaron de empresarios de los Estados Unidos.

B.- Apoyo a acciones ilegales que involucraron pérdidas de vidas humanas y violaciones a nuestra legalidad.

EE.UU. llevó adelante, patrocinando, alentando y organizando acciones que significaban abiertas ilegalidades en nuestro país y que involucraban necesariamente la pérdida de vidas humanas. Así en el I.Ch. en relación a las acciones norteamericanas después del triunfo electoral de Allende, podemos leer:

“Rápidamente resultó evidente tanto para la Casa Blanca como para los oficiales de la CIA que un golpe militar era la única solución para evitar el ascenso de Allende al poder. Para lograr este fin, la CIA estableció contacto con varios grupos de conspiradores militares y finalmente pasó tres armas y gas lacrimógeno a uno de ellos. Las armas fueron posteriormente devueltas, aparentemente sin usar. La CIA sabía que los planes de todos los grupos de conspiradores se iniciaban con el secuestro del constitucionalista Jefe del Estado Mayor del Ejército, General René Schneider. La Comisión ha recibido testimonios contradictorios acerca de la extensión de comunicación de la CIA/Casa Blanca y del conocimiento de los oficiales de la Casa Blanca de planes de golpe específicos, pero no hay duda que el gobierno de los Estados Unidos perseguía un golpe militar en Chile.

El 22 de octubre un grupo de conspiradores intentó secuestrar a Schneider. Schneider se resistió, le dispararon y posteriormente murió. La CIA había estado en contacto con ese grupo de conspiradores, pero una semana antes había retirado su apoyo para los planes específicos del grupo”.

En relación a este crimen el I.Ch. agrega:

“El gobierno de los Estados Unidos y la CIA estaban al corriente de, y de acuerdo con, la conclusión de los oficiales chilenos de que el secuestro del general René Schneider, Comandante en Jefe del Ejército chileno en septiembre de 1970, era un paso esencial para cualquier estrategia golpista. Sin embargo, no hemos hallado información de que el propósito de los conspiradores golpistas o de la CIA fuera el de asesinar al general en el acto del secuestro. Schneider era un gran defensor de la Constitución chilena y un gran estorbo para los oficiales del ejército que pretendían dar un golpe para impedir que Allende fuera investido en su cargo.

“El general retirado Roberto Viaux era uno de los mayores conspiradores golpistas y contaba con el apoyo de jóvenes oficiales y miembros de la tropa; también dirigió varios grupos civiles de derecha. Después de que a la CIA le fuera encomendado sondear las perspectivas de un golpe para impedir que Allende tomara posesión del cargo, un funcionario de la agencia estableció contacto con Viaux el 9 de octubre de 1970. Una segunda reunión con Viaux hizo que la Central transmitiera a Washington una solicitud, por parte de éste, de armas, gas lacrimógeno y otros suministros, así como de una prima de seguro de vida para sí mismo. El examinar la propuesta de Viaux, el cuartel general de la CIA concluyó que su grupo no tenía posibilidad de llevar a cabo un golpe con éxito. El cuartel general avisó a la Central y en las reuniones de los días 17 y 18 de octubre un funcionario de la CIA le dijo a un miembro del grupo de Viaux que la CIA no acogería su solicitud de apoyo. El funcionario les advirtió de que cualquier acción golpista que emprendieran sería prematura. El representante de Viaux les informó que el golpe estaba planeado para los días 21 y 22 de octubre, y que el primer paso consistiría en el secuestro del general Schneider. La Central puso en cuestionamiento el plan porque la CIA no obtuvo ninguna conformación de inteligencia y el grupo de Viaux tenía detrás una lista de tropiezos.

“El 22 de octubre el grupo de Viaux, actuando independientemente de la CIA entonces, llevó a cabo un intento de secuestro contra el general Schneider que resultó en la muerte de éste. La muerte de Schneider impactó a las fuerzas armadas y civiles proclives al golpe y los planes de acción militar fueron arrinconados.

“Además de Viaux, la CIA había establecido contacto con otros conspiradores golpistas, incluido el general Camilo Valenzuela. La Central conocía bien al grupo de Valenzuela y al respecto opinaba que tenía capacidad de dar un golpe con éxito. La CIA suministró el 22 de octubre a este grupo -que también veía en el secuestro del general Schneider un paso esencial para cualquier golpe- tres subametralladoras, munición y de 8 a 10 granadas de gas lacrimógeno (estas armas fueron devueltas con posterioridad, sin usar, a la Central). El representante de Valenzuela insistió en que su grupo no tuvo nada que ver con el asesinato de Schneider y en que Viaux había actuado por su cuenta.

“En noviembre de 1970, un miembro del grupo de Viaux que no fue capturado contactó nuevamente con la agencia y solicitó ayuda económica en nombre del grupo. Aunque la agencia no tenía obligación alguna para con el grupo ya que éste había actuado por su cuenta, en un esfuerzo por mantener en secreto los contactos anteriores, mantener la buena fe del grupo y por razones humanitarias, se le pasaron 35 mil dólares”.

Se concuerdan criterios con agrupaciones terroristas, se reciben sus peticiones, se les proporciona dinero en grandes cantidades, se suministran armas, se coordinan acciones subversivas con oficiales en servicio activo. Son graves y sistemáticas violaciones a nuestra soberanía y legalidad.

Se coordinan con grupos ilegales para secuestrar al Comandante en Jefe del Ejército chileno. La gravedad del hecho es extraordinaria. ¿Qué le pasaría a cualquier Estado que se coordinara con organizaciones ilegales americanas para secuestrar -y en definitiva asesinar- al Comandante en Jefe del ejército americano?.

Habían sido socios hasta la víspera. Pero luego del crimen les proporcionaron 35 mil dólares por “razones humanitarias”, para mantener la confianza mutua, es decir para no cerrar la puerta a futuras acciones comunes y para mantener en secreto las conversaciones anteriores, ¿qué contendrían aquellas, que había que pagar el secreto?

Los afanes por impedir el advenimiento del Presidente electo Salvador Allende a La Moneda fueron abiertamente contra toda ley y todo derecho, el I.Ch. lo dice sin ambigüedades:

“Como se ha visto anteriormente, los esfuerzos de los Estados Unidos para evitar que Allende tomara posesión de su cargo caminaron en dos vías entre el 4 de septiembre y el 24 de octubre. El Plan de Acciones II fue iniciado por el Presidente Nixon el 15 de septiembre cuando él dio instrucciones a la CIA de jugar un papel directo en la organización de un golpe de Estado militar en Chile. La agencia actuó sin coordinarse con los Departamentos de Estado y Defensa y sin informar al embajador de los Estados Unidos. Mientras que la posibilidad de un golpe y otros medios que buscaban como evitar la toma del poder de Allende eran exploradas por la Comisión 40 durante este período, la Comisión 40 nunca discutió esta actuación directa de la CIA. En la práctica, la agencia daba cuenta tanto de acciones de información como de la aprobación de acciones a la Casa Blanca.

Entre el 5 y el 20 de octubre de 1970, la CIA contactó en 21 ocasiones con los mandos militares y oficiales de Carabineros (policía) en Chile. A los chilenos que se inclinaban a protagonizar un golpe se les aseguró apoyo a los más altos niveles del gobierno de los Estados Unidos tanto antes como después del Golpe.

El Plan de Acciones I y el II, de hecho, se movieron juntos después del 15 de septiembre. El embajador Korry, que estaba formalmente excluido del Plan de Acciones II, fue autorizado a fomentar un golpe militar, asegurándose que Frei conviniera con esa solución. En la reunión de la Comisión 40 el 14 de septiembre, él y otro “miembro indicado de la misión de la Embajada” fueron autorizados para intensificar sus contactos con oficiales militares chilenos para estimar su voluntad para apoyar el “gambito por Frei”. El embajador fue también autorizado para hacer sus contactos con los militares chilenos enterados de que si Allende conseguía el cargo, los militares no obtendrían más apoyo militar (MAP) de los Estados Unidos. Más tarde, Korry fue autorizado para informar a los militares chilenos que todo (MAP) y las ventas militares estaban siendo mantenidas en suspenso pendientes de la decisión en el Congreso el 24 de octubre.

La diferencia esencial entre el Plan de Acciones I y II, como se evidencia por las instrucciones al embajador Korry durante este período, no era que el Plan de Acciones II estuviese orientado hacia un golpe y el Plan de Acciones I no. Ambos tenían este objetivo en mente. Había dos diferencias entre los dos Planes de Acciones: el Plan de Acciones I dependía, como mínimo, del consentimiento de Frei; y el Plan de Acciones II de la CIA que establecía contactos directos con los militares chilenos, promoción activa y apoyo para un golpe, fueron conocidos sólo por un pequeño grupo de individuos en la Casa Blanca y la CIA“.

La comisión de los 40 era un grupo de funcionarios gubernamentales del más alto nivel que controlaba y orientaba las acciones encubiertas -léase ilegales-  de las agencias americanas fuera de EE.UU.

Respecto de operaciones claramente terroristas y criminales, el informe sólo se plantea problemas de eficacia. Se critica el asesinato del general Schneider simplemente por su desorganización.

Se apoyó sistemáticamente a grupos terroristas como Patria y Libertad que estuvieron involucrados en diversos hechos de naturaleza criminal como el asesinato del edecán del Presidente, Arturo Araya Peters. A este respecto el I.Ch. señala:

“El más destacado grupo paramilitar del ala derecha fue Patria y Libertad, el cual se formó después de la elección de Allende el 4 de septiembre, durante el período llamado Plan de Acciones II. La CIA suministró a Patria y Libertad $ 38.000 a través de un tercer partido durante el lapso del Plan de Acciones II, en un intento por crear tensión y un posible pretexto para una intervención de los militares chilenos. Después de que Allende tomara el cargo, la CIA ocasionalmente suministró pequeñas sumas a través de terceros partidos para manifestaciones o actividades específicas de propaganda. Estos desembolsos, cerca de siete mil dólares en total, finalizaron en 1971. Es posible que los fondos de la CIA dados a partidos políticos llegaran a Patria y Libertad y a un grupo similar, la Brigada Rolando Matus, dada la estrecha relación entre los partidos y estas organizaciones.

Durante la presidencia de Allende, Patria y Libertad fue la voz más estridente de la oposición a todos los esfuerzos de compromiso de los demócratacristianos, con resistencia a las medidas gubernamentales e instando a la insurrección a las fuerzas armadas.

Las fuerzas de Patria y Libertad se hicieron fuertes en reuniones políticas como elaborado mecanismo de agitación. Durante la huelga general en octubre de 1972, Patria y Libertad fueron dedicaron a esparcir “miguelitos” (clavos de tres puntas) en las autopistas para conseguir llevar el sistema de transportes del país al paro. El 13 de julio de 1973 Patria y Libertad hicieron una declaración en un periódico de Santiago reclamando la responsabilidad por un abortado golpe el 29 de junio y, el 17 de julio, Patria y Libertad liderada por Roberto Thieme anunció que sus grupos desencadenarían una completa ofensiva armada para derrocar al gobierno”.

Las acciones ilegales del gobierno americano en contra de nuestro país fueron diseñadas al más alto nivel, el I.Ch. lo dice claramente:

“El 15 de septiembre de 1970 -después de que Allende terminara primero en las elecciones, pero antes de que el Congreso chileno hubiera elegido entre él y el candidato Alessandri- el Presidente Nixon se reunió con Richard Helms, el Director de la Central de Inteligencia, el asistente del Presidente para asuntos de Seguridad Nacional Henry Kissinger y el procurador general John Mitchell. Helms fue comisionado para prevenir que Allende se hiciera con el poder. Este empeño se llevó a cabo sin el conocimiento del Departamento de Estado y Defensa o del Embajador. Plan de Acciones II nunca fue tratado en la reunión de la Comisión 40″.

c.- Distorsión y abuso de la libertad de prensa

Uno de los temas preferidos de la oposición a Salvador Allende es que éste pretendía poner fin a la libertad de prensa. Esta imputación no tenía sustento alguno por la doctrina democrática que profesaba el gobierno, porque además se estableció una ley, con votos de la Unidad Popular, en cuanto a que no se podía expropiar o estatizar un medio de prensa sino por ley aprobada en el Congreso y porque en la práctica Chile disfrutaba de la más amplia libertad de prensa.

La oposición dispuso de la más amplia libertad de prensa. Veamos como operaba la CIA con ésta. El I.Ch. señala:

“Los esfuerzos de propaganda secreta en Chile también incluían propaganda ‘negra’: material falso creado para ser presentado como el quehacer de un individuo concreto o grupo. En las elecciones de 1970, por ejemplo, la CIA usó propaganda “negra” para sembrar discordia entre los comunistas y los socialistas y entre la confederación nacional obrera y el Partido Comunista Chileno.

“Con mucho, el mayor -y probablemente el más significativo- caso de apoyo a organizaciones de comunicación fue el dinero suministrado a El Mercurio el principal diario de Santiago, bajo presión durante el régimen de Allende. El apoyo tuvo su origen en un proyecto de propaganda existente. En 1971 la Central juzgó que El Mercurio, la más importante publicación de la oposición, no podría aguantar la presión del gobierno, incluyendo la intervención en el mercado del papel y el retiro de publicidad del gobierno. La Comisión 40 autorizó $ 700.000 para El Mercurio el 9 de septiembre de 1971 y añadió otros $ 965.000 a esa autorización el 11 de abril de 1972. Un memorándum del renovado proyecto de la CIA concluyó que El Mercurio y otros medios de comunicación apoyadas por la agencia habían jugado un papel importante en la puesta en marcha del golpe militar del 11 de septiembre de 1973 que derrocó a Allende”.

En las elecciones del 70 la CIA abusó de la libertad de prensa existente en Chile con fines de desestabilización política. El I.Ch. señala:

“Había una amplia variedad de productos propagandísticos: se envió por correo un boletín informativo a aproximadamente dos mil periodistas, académicos, políticos y otros creadores de opinión; un libreto que mostraba como sería la vida si Allende ganaba las elecciones presidenciales; traducción y distribución de crónicas de oposición al régimen soviético; distribución de carteles y equipos de pintadas. Los equipos que hacían pintadas tenían instrucciones de pintar el eslogan ‘su paredón’ en dos mil muros, evocando una imagen de los pelotones de fusilamiento comunistas. La ‘campaña de terror’ explotó la violencia de la invasión a Checoslovaquia con fotografías grandes de Praga y de tanques en el centro de Santiago. Otros carteles recordaban a los usados en 1964, mostrando prisioneros políticos cubanos ante el pelotón de fusilamiento, y avisando que una victoria de Allende significaría el fin de la religión y la vida familiar en Chile”.

d.- Intervención sistemática en el proceso social y político chileno.

El gobierno americano no intervino circunstancialmente en el proceso social y político chileno, se trató de una estrategia de largo alcance y minuciosa profundidad. Se actuó, por años, sistemáticamente y a todos los niveles de la vida nacional, así en el I.Ch. en relación a los partidos “democráticos” se puede leer:

“En una secuencia de decisiones entre 1971 y 1973, la Comisión 40 autorizó cerca de cuatro millones para partidos de la oposición en Chile. La mayor parte de este dinero fue al Partido Demócrata Cristiano (PDC), pero una parte considerable fue entregada al Partido Nacional (PN), un colectivo conservador más radicalmente enfrentado al gobierno de Allende que el PDC.

El apoyo con fondos a gran escala a partidos políticos entre 1970-73 no fue, sin embargo, algo sin antecedentes, si bien se podría decir que a una escala más modesta. En 1962 el Grupo Especial (predecesor de la Comisión 40) autorizó varios cientos de miles de dólares como esfuerzo para fortalecer el PDC en previsión de las elecciones de 1964. Se hicieron en 1963 y 1967 pequeñas autorizaciones como apoyo a componentes moderados dentro del partido”.

En otro capítulo pero en referencia al mismo tema el I.Ch. agrega:

“Más de la mitad de los fondos aprobados por la Comisión 40 dieron apoyo a partidos políticos de la oposición: el partido demócrata cristiano (PDC), el partido nacional (PN), y varios grupos de disidentes. Cerca de medio millón de dólares se canalizaron a grupos de oposición durante el mandato de Allende. A comienzos de 1971 las subvenciones de la CIA posibilitaron que el PDC y el PN compraran sus propias empresas de radio y periódicos. Todos los partidos de la oposición recibieron dinero antes de las elecciones municipales de abril de 1971 y para las elecciones al Congreso en julio. En noviembre de 1971 se aprobaron financiaciones para reforzar al PDC, al PN y a grupos disidentes. También se hizo un esfuerzo para generar una fractura de la coalición UP. Los fondos de la CIA apoyaron a los partidos de la oposición en tres elecciones en 1972 y en las elecciones al Congreso en marzo de 1973. El dinero suministrado a partidos políticos no solo servía para apoyar a candidatos en varias elecciones, sino para posibilitar a los partidos a mantener una campaña en contra del gobierno durante la legislatura de Allende, instando a los ciudadanos a demostrar su oposición en una amplia variedad de maneras.

“Durante el gobierno de Allende, la CIA trabajó para forjar una oposición unificada. La importancia de este empeño puede ser calibrada cuando se observa que los dos principales elementos de la oposición al gobierno de la Unidad Popular eran el Partido Nacional, que era conservador, y el reformista Partido Demócrata Cristiano, muchos de cuyos miembros habían dado apoyo a las principales estrategias políticas del nuevo gobierno”.

En cuanto a otros componentes de la vida político social del país el I.Ch. expresa:

“Las prácticas de acción encubierta se llevaron a cabo durante este período para influir en el desarrollo político de varios sectores de la sociedad chilena. Un proyecto desarrollado con anterioridad a las elecciones de 1964, para reforzar el apoyo a los demócratas cristianos entre los campesinos y población de zonas marginales, continuó para ayudar, entrenar y organizar “anticomunistas” en estos y otros sectores, hasta el desenmascaramiento público de las subvenciones de la CIA en 1967 que forzaron su fin. Un proyecto para competir organizacionalmente con los marxistas entre los ciudadanos pobres de Santiago se inició poco después de las elecciones de 1964, y terminó a mediados de 1969 porque el agente principal fue forzado a perjudicar la postura independiente de la organización al usarlo masivamente para orientar el voto en las elecciones presidenciales de 1969 y 1970. A mediados de los ’60, la CIA apoyó un grupo de mujeres anticomunistas activas cultural y políticamente en Chile.

Dos proyectos infiltraron la organización obrera de Chile. Uno, que comenzó durante el periodo electoral en 1964, era un proyecto de acción obrera para combatir el predominio comunista dentro de la Central Única de Trabajadores Chilenos (CUT) y apoyar a los grupos de trabajadores democráticos. El otro proyecto se dirigió al campo de los trabajadores católicos.

“Varios proyectos de la CIA durante este período apoyaron intervenciones en medios de comunicación. Uno de ellos, comenzó a principios de los años ’50, manejando los servicios telegráficos. El otro formaba parte importante de los esfuerzos electorales de 1964 y apoyó actividades de propaganda anticomunista a través de carteles pegados en los muros atribuidos a grupos ficticios, campañas de octavillas e interpelaciones maliciosas en público.

“Un tercer proyecto apoyaba un periódico semanal de derecha, que era un instrumento de la campaña contra Allende durante y con posterioridad a la campaña electoral de 1970. Otro proyecto utilizó a un colaborador que dirigía un programa regular de entrevistas políticas atacando a los partidos de la izquierda y apoyando los candidatos que la CIA había elegido…Otros colaboradores buscados para este proyecto insertaban editoriales con la posición de la CIA casi a diario en El Mercurio, uno de los principales periódicos de Chile y, después de 1968, ejercían un control sustancial sobre los contenidos de los artículos de la sección internacional.

La CIA también mantuvo lazos secretos con los servicios de inteligencia y seguridad interna de Chile, tanto civiles como militares. El objetivo primordial de estos acuerdos era capacitar a los servicios chilenos para ayudar a la CIA en la recopilación de información sobre objetivos extranjeros. El objetivo secundario de estas relaciones era recoger información y conocer la amenaza que suponían los comunistas y otros grupos de la extrema izquierda dentro de Chile”.
Las características de la intervención en el mundo social son similares; sistemáticas, de gran envergadura, definidas y orientadas por la CIA de acuerdo a métodos y objetivos propios.

e.-Una acción del imperio en su conjunto: intervención de agentes privados.

En contra del gobierno de Salvador Allende no sólo intervinieron las agencias estatales americanas, sino que también, en coordinación o en paralelo, lo hicieron las grandes empresas transnacionales de ese país.

Esto demuestra que la actitud americana no es la simple acción histérica de un par de sujetos –Kissinger/Nixon– que deliraban ante el fantasma del comunismo. La acción americana es la reacción de un imperio, en sus distintas expresiones, en contra de un país pequeño que da inicio a un auténtico y patriótico proceso de independencia nacional. El I.Ch. consigna:

“En 1964 Allende había sido derrotado, y ello era ampliamente conocido tanto en Chile como entre las corporaciones multinacionales americanas con significativos intereses en Chile, que los adversarios habían sido apoyados por el gobierno de los Estados Unidos. John McCone, un antiguo director de la CIA y miembro del Consejo de Dirección de ITT en 1970, sabía de la importante involucración del gobierno americano en 1964 y del ofrecimiento de ayuda efectuado en esa época por compañías americanas. Documentos de la Agencia señalan que McCone informó a Harold Geneen, Presidente del Consejo de ITT, de estos hechos.

“En 1970 líderes de corporaciones multinacionales americanas con substanciales intereses en Chile, junto con otros ciudadanos americanos debatieron acerca de lo que podría suceder en Chile en el caso de una victoria de Allende, contactaron con oficiales del gobierno de los Estados Unidos para hacerles llegar su punto de vista.

“En julio de 1970, un representante de la CIA en Santiago se reunió con representantes de ITT y, en una discusión sobre la futura elección, indicaron que Alessandri podría tener ayuda económica. La Central sugirió el nombre de un individuo que podría ser usado como una vía segura para conseguir estos fondos en la campaña de Alessandri.

“En breve después de esto John McCone telefoneó al jefe de la CIA, Richard Helms. Como resultado de esta llamada, se arregló un encuentro entre el Presidente del Consejo de ITT y el jefe de la División del Hemisferio Occidental de la CIA. Geneen ofreció facilitar a la CIA una sustancial cantidad de dinero para usarse como ayuda a la campaña de Alessandri. En posteriores reuniones ITT ofreció dar un millón de dólares a la CIA. La CIA rechazó esta oferta. El informe indicó posteriormente que el consejo de la CIA fue aconsejado con respecto al individuo que pudiera servir como conducto de los fondos de ITT para la campaña de Alessandri.

La CIA confirmó que el individuo en cuestión era un canal fidedigno que podría ser usado para conseguir fondos para Alessandri. Se desarrolló una segunda vía de fondos de ITT para un partido político opuesto a Allende, el Partido Nacional, siguiendo la orientación de la CIA sobre un mecanismo seguro utilizando dos ‘agentes’ de la CIA en Chile. Estos agentes también recibieron fondos de la Agencia relacionados con la operación ‘ruina’.

“Durante el período anterior a las elecciones de septiembre, representantes de ITT se reunieron frecuentemente con agentes de la CIA tanto en Chile como en los Estados Unidos, y la CIA aconsejó a ITT en las dos formas que podría canalizar de una manera segura fondos tanto para Alessandri como para el Partido Nacional. Finalmente al menos $ 350.000 fueron cedidos por ITT a esta campaña. Una cantidad aproximadamente igual fue dada por otras compañías de los Estados Unidos; la CIA conocía estas subvenciones pero no colaboró”.

f.- La agresión económica

EE.UU. agredió sistemáticamente al gobierno popular incluso antes de que éste se instalara como tal, de ello queda constancia manifiesta en el siguiente párrafo del I.Ch.

“El 29 de septiembre de 1970 se reunió la Comisión 40. Se acordó que el gambito por Frei había sido sobrepasado por los acontecimientos y estaba muerto. La ‘segunda mejor opción’- el gabinete dimisionario reemplazado con un gabinete militar- fue también condenado a muerte. El punto estaba entonces en que no habría posibles acciones militares a menos que se pudieran establecer medidas de presión económicas en Chile. Se acordó que se intentaría que los empresarios americanos se posicionaran en la línea de los Estados Unidos que esperaba una inmediata acción económica.

“La ofensiva económica contra Chile se llevó a cabo como parte del Plan de Acciones I, fue pensada para demostrar la reacción económica extranjera al ascenso de Allende al poder, así como para mostrar las futuras consecuencia de su régimen. En general, la Comisión 40 aprobó recortes de todos los créditos, presiones a empresas para reducir sus inversiones en Chile e involucrar a otras naciones a cooperar en su aventura.

“Estas acciones de la Comisión 40, y el establecimiento de una interagencia trabajando en grupo para coordinar abiertamente actividades económicas hacia Chile (compuesta por el jefe de la CIA de la División del Hemisferio Occidental y representantes del Estado, el NSC, y el Tesoro) afectó negativamente a la economía chilena: generó un gran pánico financiero”.

Sin perjuicio de lo anterior cabe señalar que luego de la nacionalización del cobre EE.UU. inició una serie de maniobras, legales e ilegales, en diversas parte del mundo destinadas a ahogar las exportaciones chilenas de cobre. En el caso de las acciones legales, que se iniciaron en Francia, y por medio de las cuales se embargaron cargamentos de cobre chileno, nuestro país obtuvo sentencia favorable en disputados litigios judiciales.

G.- La hegemonía ideológica y operativa del imperio norteamericano en relación a las Fuerzas Armadas de Chile.

Luego de la revolución cubana, EE.UU. instaló su escuela de las Américas de Panamá, centro donde se enseñaban los más crueles métodos de tortura y lucha contra insurgente. El Tratado de Asistencia Recíproca de Río de Janeiro (TIAR) de 1947 involucraba también compromisos y lealtades hacia el ejército americano, pero como  llevan adelante esta relación el I. Ch. también se refiere a ello:

“Las relaciones de los Estados Unidos con los militares chilenos durante 1970-1973 deben ser vistas como telón de fondo no sólo de la tradición de estrecha cooperación entre los servicios americanos y chilenos y las continuadas acciones de inteligencia, sino también en el contexto del Plan de Acciones II, un intento para fomentar un golpe de Estado. El Plan de Acciones II marcó una ruptura en la naturaleza de las relaciones entre los oficiales de los Estados Unidos y los militares chilenos.

“La estrecha cooperación personal y profesional entre los oficiales chilenos y americanos tiene una extensa tradición. La presencia de militares americanos en Chile era importante, formada por agregados militares, la Embajada y miembros del Grupo Militar que proporcionaba entrenamiento y asistencia a los servicios del ejército chileno. A finales de 1960 el Grupo Militar estaba formado por más de 50 miembros; durante la etapa de Allende, se redujo a una docena aproximadamente, por razones que tenían que ver con el recorte presupuestario de los Estados Unidos.

“Este tipo de relación entre nuestras Fuerzas Armadas y las americanas debe tenerse en consideración al evaluarse el sustento fáctico de la tesis -a mi juicio un mito– de la tradición democrática de las Fuerzas Armadas chilenas que sirvió de fundamento esencial a toda la política de defensa del Gobierno Popular”.

En los mismos tiempos en que la Unidad Popular, ingenuamente, difundía el mito del carácter democrático e institucional del ejército chileno, cientos de sus oficiales se adiestraban en la lucha antisubversiva en Panamá.