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Agosto 18, 2026

El óbolo de los 20 años de concertación

La idea de las  primarias abiertas ya andan causando rumores en los interesados por un cambio de Chile. Los radicales saben lo que quieren: un candidato único que represente a al conglomerado oficialista pues es la fin de todos. Una alianza que respalde a la concertación se hace casi imposible. Los votantes chilenos ya están advertidos.

Cada uno de ellos ha vivido la transición que aún no ha iniciado en la patria. La constitución fascista sigue clavada en el terruño. Los partidos, pequeños y grandes, siguen siendo ávidos. El problema de fondo es que no se han dado cuenta que todos sus proyectos, métodos y programas de trabajos están completamente avinagrados.
 
Cierto que Chile necesita un genio como candidato a la presidencia. El problema es que no se encuentra. El descontento del pueblo es cada día más amplio. Para hinchar el interés de los votantes se necesita una avispa generosa, honesta, trabajadora y con fundamentos firmes.
 
Las primarias son, o podrían ser, un desgaste para los chilenos. La inmensa suma de dineros, de infraestructura, de fuerzas físicas podrían  hundir la nave que no ha soportado el peso del votante.
 
Una primaria podría impedir el libre acceso de un candidato independiente. Se trata de mediar la pasiones, y no de decir: “ya, estoy de acuerdo, vamos a las primarias y que decida el pueblo”.
 
Metáforas pobres, las llamo. El pueblo es buey que debe ir por fuerza a votar. Voto obligatorio. No le quedará otra que hacer una cruz en la lista que les presenta Chile.
 
No hay posibilidades de elegir libremente.  El voto, en fin de cuenta no será voto sino que un donativo, una limosna obligada. En ese sentido la pluralidad que defienden los Radicales se transforma en obligación.
 
Chile, eso lo hemos escrito siempre, tiene terror de volver atrás. Se necesitan ideas nuevas, claras y libres. Faltan 11 meses para las elecciones presidenciales y ya se ha iniciado tarde. Ahí radica el problema de la patria: todo se hace muy pero muy tarde. No hay tiempo ni tranquilidad para preparar una presidencial bien echa. No hay escrúpulos. Es como ir al único restaurante del pueblo y se debe comer lo que tiene la olla. Eso es cocina de regimiento pero nunca a la carta.
 
En fin, no preferir  no es amparar… claro que si se desea  salir de las angustias pasadas tampoco es necesario ponerse las manos en los ojos y votar por el mal menor.
 
Falta el compromiso entre todos los chilenos. La Moneda no se alquila al mejor postor…  Hay que olvidarse de los linajes y del roterío… es Chile que necesita de todos y no que todos piensen: “qué puede hacer Chile por mi?” Para iniciar no es tarde. Se puede evitar  las charlas programáticas…, dejando el espacio  a la razón y la fraternidad.
 
Ivan Godosky