El lenguaje, poco sutil y agresivo me lleva a recordar el vocabulario pinochetista que, justamente en el velorio del chacal, su nieto, Agusto Pinochet Molina, dijo en su discurso: ” un hombre que derrotó en plena guerra fría al modelo marxista”
La historia nos señala en que luto ha quedado el pueblo de Chile con esa derrota.
Es hora de ir cambiando el lenguaje si queremos construir una patria sana, llena de fraternidad y de solidaridad. Levantar la patria es tarea de todos los chilenos. Si en el suelo del terruño nos encontraremos en medio de una infinidad de “derrotados”, pues la nación cojea.
Muy desafinado el apelo a los votantes. El derrumbe político no se logra en las elecciones sino en el terreno. El fracaso de haber llevado la candidatura de Insulza, era claro. Los análisis de los “abuelitos muñequeros de la izquierda” pues son escasos. Han perdido su potencial. Son mentes de años añejos. Los votantes chilenos no tienen la memoria corta. Todos recuerdan, con pena y vergüenza, cuando los camaradas socialistas fueron a rescatar al chacal a Inglaterra, el golpe que la concertación regaló a las víctimas del fascismo. La vergüenza nacional.
El lenguaje arcaico de los camaradas ancianos es poco pacifista. Usan frases tipo, “batalla, derrotar, claves, estrategias, que no son políticas… porque se sienten como llamado a la guerra.
Creo que las nuevas generaciones deberían rechazar el lenguaje poco humano. Un candidato que logra ser elegido presidente de la patria por la voluntad del pueblo no ha derrotado a nadie sino que ha dado el consenso para que dicho candidato represente sus ideas democráticas.
No se puede llamar al pueblo a una lucha, a un combate, al derrumbe de una parte de la sociedad. O es fascismo o es militarismo gorila.
Afinar los discursos, para que los votantes se sientan protegidos, debe ser tarea de educación hacia el pueblo y no hacia el seno de un partido.
El programa de un candidato a la presidencia debe ser claro. Adiós a las viejas costumbres. El diccionario político del siglo XXI no debe ser competitivo sino que unir la patria. El exclusionismo es antiguo, sectario y antidemocrático. Es racista.
En fin, Es hora de cambiar. A nadie importa las llamadas batallas electorales de los candidatos. Lo que interesa al chileno es que el nuevo gobierno que llegue a la Moneda, debe ser civil, humanitario, respetuoso y constitucionalista.
Del resto, entre derrotas y batallas, pues los podremos recordar como textos de estudios en las aulas para que los futuros candidatos a la República de Chile, no repitan los errores del pasado.
Godosky
