He traído a colación los Grundrisse sólo para insistir en el énfasis humanista que imprime Marx a todos sus escritos, partiendo siempre del hombre y sus relaciones sociales para iniciar todas sus investigaciones, no solamente filosóficas sino, y especialmente, las que corresponden a la economía política.
Para cumplir este objetivo, tomaré algunos pasajes de la introducción a los Grundrisse denominada: “El Marx desconocido”, escrita por Martin Nicolaus en la que desarrolla y explica con bastante claridad los conceptos elaborados por Marx.
“Inmediatamente después de terminar su crítica de la filosofía del derecho de Hegel, en la cual había llegado a la conclusión de que la anatomía de la sociedad no debía buscarse en la filosofía, Marx comenzó a leer a los economistas políticos. Le precedió y sin duda le guió en este proceso el joven Engels”.
Éste ya había publicado un artículo crítico sobre la economía nacional. “Todo el peso del ataque de Engels estaba dirigido contra lo que él consideraba como el principio fundamental de la economía burguesa: la institución del mercado. Todos los vínculos de la sociedad han sido destruidos por la transformación de los valores humanos en valores de cambio; todos los principios éticos han sido destruidos por los principios de la competencia y todas las leyes existentes hasta este momento, aun las leyes que regulan el nacimiento y la muerte de los seres humanos, han sido suplantadas por las leyes de la oferta y la demanda. La humanidad misma se ha convertido en una mercancía”.
Nicolaus plantea que esta línea de razonamiento fue retomada y desarrollada por Marx a lo largo de sus escritos económicos entre 1844 y 1849. Sin embargo, acota que Marx rechazó inmediatamente el moralismo unilateral de la crítica de Engels y lo reemplazó por una base dialéctica: “La competencia y el mercado no son tanto una afrenta a la moral cuanto una fragmentación y una renuncia de la capacidad de desarrollo inherente a la especie humana. Dentro de una sociedad basada en la propiedad privada, los productos del trabajo humano no pertenecen al obrero para que sea él quien los disfrute, sino que se convierten en propiedad de personas ajenas, que los utiliza para oprimirlo. El síntoma más claro de este hecho, escribió Marx, es que el obrero no produce las cosas que le son más útiles sino aquellas que aportarán valores de cambio más elevados al propietario privado. De este modo, el proceso de la producción material se torna fragmentario y el producto mismo se escinde en valor de uso y valor de cambio, de los cuales sólo el último es importante”: Es del más alto interés pararse a considerar la división del trabajo y el cambio ya que son las expresiones ostensiblemente enajenadas de la actividad y la fuerza esencial del hombre.
Más adelante, Nicolaus plantea que la importancia de los Grundrisse en el desarrollo intelectual de Marx, radica en que esta obra representa una “crítica a todas sus ideas anteriores. Crítica no significa, en este caso, rechazo, sino más bien penetración a un nivel más profundo”. A partir de los Grundrisse “Marx arriba a la conclusión de que el trabajo no es una mercancía como cualquier otra, sino que en realidad es única y que la mercancía que el obrero vende debe ser llamada ‘fuerza de trabajo’.
Después de analizar los estudios de Marx sobre el vínculo social del dinero y sobre el surgimiento de la plusvalía, Nicolaus nos invita a buscar la clave para descifrar lo que Marx tenía en mente cuando hablaba de “relaciones de producción”. Esta clave “ya se encuentra en el Prefacio mismo. Marx escribe que las formas político-jurídicas tales como las relaciones de propiedad no son estas “relaciones de producción” en sí mismas, sino simplemente una expresión de estas relaciones”. Y más adelante “Marx demuestra aquí, que en la sociedad burguesa el dinero no es un mero objeto natural sino más bien la forma objetivada de la relación social básica dentro de la cual la producción capitalista tiene lugar…La relación social sobre la cual descansan todas las relaciones legales y políticas capitalistas, y de la cual estas últimas son meras expresiones –según lo demuestra Marx en el capítulo sobre el dinero- es la relación de cambio”.
Aunque el análisis de Martin Nicolaus sobre los Grundrisse es bastante más extenso, quisiera detenerme sólo en una última reflexión: “Las fuerzas de producción son en sí mismas un producto histórico y social y para Marx el proceso productivo es un proceso social. Es necesario enfatizar este punto con el fin de poner en evidencia que el importante papel que Marx asigna al desarrollo de las fuerzas productivas materiales bajo el capitalismo no lo convierte en un determinista tecnológico. Por el contrario, no es la tecnología la que obliga al capitalista a acumular, sino la necesidad de acumular la que lo obliga a desarrollar los poderes de la tecnología. La base del proceso de acumulación, del proceso por medio del cual las fuerzas productivas se fortalecen, es la extracción de la fuerza de trabajo. La fuerza de producción es la fuerza de explotación”.
