La situación económica y financiera está virando hacia aguas cada vez más peligrosas. Nadie espera que la recesión sea de corta duración.
Y muchos analistas piensan que no hay que descartar la posibilidad de una depresión con enormes desajustes estructurales. En Estados Unidos la recesión tendrá como resultado una caída acumulada del PIB de alrededor de 5 por ciento y pérdidas astronómicas en el mercado de valores y todo tipo de activos.
En la Unión Europea, Inglaterra y Japón, el PIB tuvo crecimiento negativo a partir del segundo trimestre del año que termina. En otras economías de la OECD, se observa un patrón similar: Australia, Nueva Zelanda, Canadá están con tasas negativas desde mayo. En muchas economías la crisis apenas está formándose en la esfera financiera. Para otras, el colapso de los principales productos de exportación provocará fuertes desequilibrios fiscales y en las cuentas externas.
