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Agosto 18, 2026

El gobierno del Presidente Allende / II

Se saben de madrugada las primeras noticias. Unidades navales toman aprestos de clara disposición golpista, en el Ejército hay también tropas en movimiento. La situación se hace casi de comedia, desde los partidos de izquierda se llama al gobierno, de este se llama a los jefes militares para saber de la situación, éstos niegan cualquier conocimiento de hechos irregulares. La negativa es sólo un tributo al cinismo, pues si los golpistas reconocieran su proceder ¿que medida práctica podría adoptar el gobierno?

El día anterior el diario La Segunda ha informado que la escuadra chilena se ha hecho a la mar con naves americanas como parte de maniobras conjuntas llamadas Unitas. Esto que diluye las posibilidades de un golpe por algunos días, no es más que una cortina de humo facilitada por el consorcio periodístico de El Mercurio.
 
Un proceso contrarrevolucionario largamente incubado por el imperio norteamericano y ejecutado por la oligarquía nativa empezaba a desatarse. La conspiración militar era un secreto a voces. Sin embargo ni el gobierno ni la Unidad Popular adoptaron medidas concretas, en defensa de la democracia y la revolución, que tuvieran como base la clase trabajadora que era su principal y formidable sustento.
 
Decenios de lucha parlamentaria obnubilan la mirada, impiden ver que Chile no tiene una especificidad que lo libere de las leyes generales del desarrollo histórico. Los militares chilenos no serán menos que sus colegas uruguayos, bolivianos, argentinos y brasileños a la hora de reprimir.
 
En los días previos se ha intentado llegar a un acuerdo con la Democracia Cristiana que descomprima la situación. En parte de la carta enviada por el Presidente Allende al presidente de la Democracia Cristiana se lee:
“No deseo dramatizar, pero tengo el deber de recordarle las trascendentes responsabilidades que usted y yo tenemos en los difíciles instantes que vive el país y las proyecciones históricas de nuestras decisiones. Por ello y por el interés superior de Chile debemos continuar el diálogo, lo invito formalmente para que prosigamos nuestras conversaciones. Cordialmente”.
Se recibe un portazo en la cara. La DC está ya embarcada en el Golpe, sino en la ejecución operativa, si en el consentimiento tàcito y en las acciones polìticas que le den fundamento.
 
El gobierno pretendía un llamado a plebiscito que descomprimiera la situación. Ninguna de estas tácticas consiguió su objetivo y no podían hacerlo. Eran demasiado grandes las fuerzas sociales desatadas, mucha la esperanza puesta en el proceso, demasiado el terror de las clases dominantes, implacable el imperio norteamericano, demasiados los intereses en juego.
 
Se había nacionalizado el cobre el 14 de julio de 1971 y esto definió como el otro polo de la contradicción al imperio norteamericano. Ningún acuerdo entre chilenos podía detener el golpe de estado.
 
La voluntad norteamericana por aplastar el gobierno, que viene incluso desde mucho antes de que éste asuma, es el elemento central para explicar el desarrollo del proceso político chileno que culminaría con la instalación de la dictadura militar.
 
El Golpe de Estado del 73 en su contenido esencial es la agresión del imperio norteamericano en contra de Chile como país.
 
Por eso es falsa históricamente la especie echada a correr por la dictadura militar en el sentido de que el golpe militar lo desata el discurso del Secretario General del PS, Carlos Altamirano, el 9 de septiembre en el Estadio Chile (actual Víctor Jara).
 
En marzo de 1973 se había efectuado una elección parlamentaria, a pesar de la difícil situación económica causada en lo esencial por el sabotaje opositor, la Unidad Popular aumentó en casi un 10% su votación respecto del porcentaje con que había asumido Allende. Se consolidaba una toma de conciencia dura en la clase trabajadora y en los pobres del campo y la ciudad.
 
Se esfumaba también para la oposición la posibilidad -públicamente confesada- de destituir al Presidente con los dos tercios del parlamento. La derecha y el Imperio norteamericano debían desatar el golpe militar. En un informe de la CIA-Santiago enviado a su cuartel general en Virginia el 6 de marzo de 1973, se lee:
“Se están discutiendo futuras opciones a la luz de los decepcionantes resultados electorales, que le permitirán a Allende y la UP llevar adelante su programa con mayor fuerza y entusiasmo”
 
La lucha había desbordado los campos de acción de la vida republicana”.
No se toma nota de la estrategia continental del imperio norteamericano. Se había hecho público en los ’70 la existencia del Plan Camelot, diseñado e implementado por EE.UU para impedir que América Latina tomara rumbos independientes del país del norte. Hay ya una dictadura en Brasil, una en Paraguay, otra en Uruguay, la llegada de Perón a Argentina en junio del mismo año ha derivado en una masacre en Ezeiza que preludia lo que será el genocidio del ’76 en adelante. Tan sólo 13 años antes la aviación naval argentina había bombardeado la Plaza de Mayo en la que se daban cita miles de adherentes al gobierno popular del general Peròn dejando casi cuatrocientos muertos.
 
A la fecha, alrededor de 2.000 oficiales del Ejército chileno han pasado por la Escuela de las Américas de Panamá, centro de instrucción en la “lucha contra el comunismo” instalado por EE.UU. en el país centroamericano.
 
La conducción que en definitiva se impone en la UP busca su fuerza en aquellas instituciones del estado desde donde precisamente se incuba el mayor peligro. Jaime Gazmuri, a la sazón secretario general del Mapu-Obrero Campesino, que reproducía los planteamientos del Partido Comunista, recuerda:
“…el papel que le asignamos al Ejército, lo que intentamos construir con el Ejército es un entendimiento político en tanto institución… Lo que queríamos era el poder armado del Estado, a diferencia de otros sectores de la izquierda que querían construir un poder armado paralelo al Estado”.
Por ello es que la salida del general Prats de la Comandancia del Ejército resulta devastadora para la estrategia de defensa del gobierno popular.
 
En los últimos días del gobierno popular, sin distribuir las escasas armas de que se disponía, ni aprovisionarse de nuevas, ni considerando la acción resuelta de las masas en la calle, la revolución chilena quedó a merced de la buena voluntad de los generales.
 
Los golpes de Estado no son un rayo en un día claro, hay signos que los preludian.
Los militares chilenos aplicaron la Ley de Control de Armas, dictada para defender la democracia, con inusitada violencia en contra de los trabajadores. En Punta Arenas el allanamiento de Lanera Austral ha tenido tal crueldad que involucra el asesinato de un obrero. En Santiago se producen otros allanamientos similares. A la derecha no la tocan. Los militares buscan desarmar a los obreros y/o saber cuál es su capacidad de reacción.
 
Un comando de extrema derecha, con vínculos en el Servicio de Inteligencia de la Armada y Carabineros, asesina al edecán naval del Presidente Allende, Arturo Araya Peters, al que presumen- erróneamente – partidario del gobierno. La prensa de derecha acusa a la izquierda y los cubanos, los verdaderos autores, son de Patria y Libertad y no recibirán castigo alguno durante la dictadura militar, mas bien un premio. Jorge Ehlers, uno de los participantes, será nombrado director de la Digeder.
 
El 29 de junio el Regimiento Blindado N° 2, en complicidad con la banda Patria y Libertad, intenta tomar La Moneda, pero fracasa ante la reticencia de las otras unidades militares y la intervención personal del general Prats, Comandante en Jefe del Ejército. Varias personas resultan muertas. La plana mayor de Patria y Libertad, aunque no ha combatido, se asila en la embajada de Ecuador.
 
El general Augusto Pinochet concentra al Regimiento Buin bajo su mando en la Estación Mapocho y no lo hace entrar al centro de Santiago hasta que la rebelión está sofocada. El Estado Mayor del Ejército,los jefes de partido de la UP y de la CUT, se reúnen por la noche con el Presidente Allende en la residencia presidencial de Tomás Moro, Pinochet es el único que llega con traje de fajina. Quiere hacer ostentación de una supuesta adhesión al gobierno. Los que están mas cerca le oyen murmurar su voluntad por aplastar por la violencia cualquier insubordinaciòn, es tal su vehemencia que sus palabras incluyen garabatos que dan mayor cuenta del fervor legalista que le desborda.
 
Cual es la orientación política real de Pinochet?, hay quienes, con buenos fundamentos dicen que ninguna, sólo congraciares con los que tienen el poder.
La Democracia Cristiana niega sus votos para que se declare el Estado de Sitio, ni siquiera la sangre de los ciudadanos que ya corre por las calles atenúa la ansiedad por el poder de la DC, que ve cerca el día de su retorno al gobierno.
 
El 22 de Agosto un sector de la Cámara de Diputados conformado por la alianza derecha/DC ha emitido un acuerdo dirigido al Presidente de la República y a los Comandantes en Jefe de las FF.AA. acusando al propio gobierno de “grave quebrantamiento del orden constitucional y legal de la República”. Esta abierta exhortación al golpe militar la encabeza el presidente de la Cámara, el DC Luis Pareto, pero viene siendo instigada desde junio por el Partido Nacional. Es un duro golpe a la estabilidad democrática. La proclama subversiva incita políticamente a los golpistas, neutraliza los vacilantes y aísla a los pocos militares constitucionalistas. Se trata de un eslabón clave en la ofensiva política golpista.
 
Al general Carlos Prats, Comandante en Jefe del Ejército, la derecha y la CIA le montan una provocación (Operación Charly) y consiguen su renuncia. Junto con él lo hacen otros generales constitucionalistas el 23 de agosto.
 
La estrategia de defensa de la conducción que se había hecho hegemónica en la Unidad Popular no tenía ya base de sustento alguno que no fuera la lealtad del nuevo comandante en jefe. La vida de miles de personas, la suerte de Chile por decenios pendía de un hilo.
 
Una estrategia revolucionaria que en definitiva termina dependiendo de la predisposición de ánimo y voluntad constitucionalista de algunos generales no se sostiene a sí misma, como se comprobará dramáticamente en los días que vienen.
 
El médico Víctor Barberis Yori, a la sazón diputado y miembro de la Comisión Política del PS, mirando retrospectivamente la situación señala:
“Hay que reconocer en este punto que la prédica de la dirigencia oficial y del propio Allende en el sentido de considerar a las FF.AA. como ‘compartimentos estancos’, ajenos a la lucha de clases, constitucionalistas a toda prueba, contribuyó a crear en casi todos los socialistas la convicción de que podía destruirse al Estado burgués y cambiar su carácter aplastando a las clases poseedoras y sus instituciones sólo por la fuerza de las ideas y las masas movilizadas. Vale decir, en ausencia de un instante ‘físico’ violento en la lucha por el poder. Este análisis idealista – en el sentido filosófico- nos costó muy caro como es sabido”.
Los atentados terroristas llevados adelante por la ultraderecha afectan la infraestructura del país. Se trata de estrangular la economía. La finalidad de los mismos se percibía claramente, pero en la actualidad Roberto Thieme, entonces jefe operativo de Patria y Libertad, nos ahorra esfuerzos interpretativos cuando señala:
“Se nos pide una campaña de sabotaje para cortar suministros de energía, viaductos, puentes, para paralizar el país y crear las condiciones objetivas de un Golpe de Estado, según los clásicos manuales históricos. Yo mismo hablé con un comandante que era la mano derecha del Almirante Merino que nos pide este trabajo y lo hacemos en conjunto. Estoy hablando de sabotaje no de terrorismo”.
 
Simultáneamente el aparato de propaganda de Patria y Libertad arroja miles de panfletos en que se lee:
                   
                         “Allende frente a dos alternativas: renuncia o se suicida El país    no resiste más la canallesca administración extranjera. Los chilenos estamos cansados de la intervención soviética y cubana. El pueblo, que la UP dice proteger, ha sido engañado, el principal perjudicado. Si no acepta la orden de Chile, el pueblo le hará juicio solicitándole su vida y las de sus cómplices. Luchar para vencer o morir. Frente Nacionalista Patria y Libertad”.
 
 
Tal voluntad golpista que desembozadamente anuncia la masacre, ¿podía detenerse con un llamado a plebiscito?
 
Los camioneros en huelga reciben el triple de lo que ganarían trabajando. La CIA distribuye dólares a raudales.
 
Los enemigos de la revolución chilena son poderosos. El sector fascista del peronismo, personificado en el “brujo” López Rega (fundador de la Triple A), instalado en el gobierno argentino a travès de su yerno el diputado Lastiri, después de sacar a empujones al peronista de izquierda Héctor Cámpora, se niega a cumplir los contratos por los cuales el gobierno chileno, previo pago, había asegurado el abastecimiento de trigo. La maniobra fracasa tras la presión del peronismo de izquierda.
 
Las señales del fascismo vienen de todos lados.
 
Pero nada se hace, se sigue confiando en la “amistad” con los militares surgida de las recepciones protocolares, en las maniobras de pasillo.
 
Se confiaba en un entendimiento con la Democracia Cristiana, partido que durante una década ha recibido un generoso suministro de dólares del imperio norteamericano. Pero aún ese acuerdo no paraba nada, pues el Golpe venía del imperio. Mientras se buscaban nuevas conversaciones, los fascistas revisaban los cargadores de sus fusiles.
 
Se instala un gabinete integrado por militares que sirva de base para una negociación. El PS no comparte la táctica. El general Ruiz Danyau no acepta el cargo de ministro provocando el público desaire al Presidente. Se le exige la renuncia y asume Gustavo Leigh la Comandancia en Jefe de la Fuerza Aérea: un felón por otro.
 
La política circunscrita a los códigos de la legitimidad democrática estaba superada. Una semana antes del Golpe más de un millón de trabajadores había desfilado por el centro de Santiago en conmemoración y respaldo al tercer aniversario del gobierno popular. Esa gigantesca demostración de masas no podía influir ni influyó sobre la voluntad golpista. Quizás consideraron más municiones en sus planes. En el horizonte se anuncia la masacre inminente.
 
El repliegue político del gobierno popular era tal que no se hace ningún discurso para no subir la temperatura política del país. Cuando lo que se necesitaba era subir la moral combativa de un pueblo que estaba a días de un enfrentamiento gigantesco, se opta por poner paños fríos.
 
El discurso de Carlos Altamirano el 9 de septiembre en el Estadio Chile, preparado por la Comisión Política del PS en su conjunto, es una perfecta descripción de lo que acontecía y de lo que había que hacer. Sólo la falta de un respaldo material adecuado a esa voluntad política lo podría hacer susceptible de alguna crítica.
 
Pero si bien el PS no podrá salvar el grueso error estratégico de su línea política en el sentido de que algún sector de las fuerzas armadas defenderá el gobierno y la democracia, la conducta de sus dirigentes y militantes el día 11 salvará el honor partidario para muchas generaciones.
 
Quienes se mostraron más escépticos con la posibilidad de una evolución revolucionaria al interior de la institucionalidad eran los miristas. Miguel Enríquez, Secretario General del MIR, pronuncia un discurso de mayor radicalidad en el Teatro Caupolicán. El sustento práctico de estas tesis políticas es inexistente por completo o cuando menos contradictorio con su propia praxis.
En efecto días antes del Golpe, Miguel Enríquez se ha reunido con los encargados militares del MIR en el Teatro Municipal de Santiago. El análisis y la orientación tienen como aspectos principales: 1.- El golpe es inminente. 2.- Será un golpe blando destinado a crear un nuevo cuadro político para un nuevo llamado a elecciones. 3.- Hay que evitar que las masas se enfrenten a los militares en las calles. 4.- Las armas deben protegerse, no distribuirse.
 
No obstante, la revista “Punto Final” de orientación mirista no abandona el lenguaje grandilocuente y titula en su edición de agosto con grandes caracteres:
 
“Cambio de Guardia: FF.AA. relevan la UP.
Oficiales golpistas arremeten contra la clase obrera.
Tiene la palabra el camarada Mauser”.
 
La disposición combativa en el plano heurístico es excelente, sólo que el camarada Mauser no se presentará como se comprobará dramáticamente días después. Al parecer tampoco estará el autor de tan rotunda invocación. Pero no nos confundamos, esta pirotecnia verbal de la ultraizquierda servirá de pretexto a los golpistas, pero no será la causa real de la contrarrevolución.
 
Desde hace varios días se encuentran arrestados y sometidos a torturas marineros y suboficiales de la escuadra que han denunciado a dirigentes de izquierda el complot de la oficialidad de la Marina, que es un secreto a voces en la escuadra. La Fiscalía Naval busca el desafuero del senador Altamirano y el encarcelamiento de Oscar Guillermo Garretón y Miguel Enríquez, secretarios generales del Mapu y del MIR respectivamente. Los complotados llevan la acusación de sedición como estandarte: son los pájaros tirándole a la escopeta.
 
Los anuncios casi cotidianos de golpe a partir del 29 de junio agotan a los cuadros dirigentes. El defensismo político del gobierno, que busca diálogo y entendimiento ante la actitud arrogante y claramente golpista de la oposición, desmoraliza a las masas.
 
En una revolución se triunfa o se muere cuando es verdadera. Era la hora de Danton, “audacia, audacia y más audacia, sólo la audacia podrá salvar la revolución”. Pero nada efectivo se hace. Hay indicios que hablan de un desesperado intento de algunos miembros de la Comisión Política del PS que, con plazos que ya no se cuentan por meses sino por días, tratan de evitar que el pueblo enfrente desarmado la inminente contrarrevolución en curso; una operación en gran escala que no alcanza a consumar, el Golpe llega antes. No se puede hacer en días lo que no se ha hecho en años.
 
No se trata sólo de las armas, sino también de la práctica de lucha callejera de grandes masas para un combate directo en gran escala, no hay experiencia de lucha frontal. Sólo algunas estructuras del PS (el grupo Catedral) que perciben claramente los riesgos de la ofensiva fascista han realizado algunas acciones de contragolpe exitosas que han permitido, por ejemplo, desalojar a Patria y Libertad del centro de Santiago.
 
Tomar la iniciativa, aplastar a los enemigos de la revolución, imprescindible para ello, pasar por arriba de la institucionalidad. No era una decisión fácil. Y este es un tema muy complejo para la izquierda chilena, pues no participa en la institucionalidad democrática como una advenediza. La izquierda ha sido el motor modernizador de la democracia chilena, la ampliación del voto a la mujer, la libertad de expresión, la subordinación del poder militar al poder civil, el funcionamiento independiente de los poderes del Estado, el derecho a reunión y asociación, la autonomía universitaria han sido en gran medida resultados de la voluntad democrática de la izquierda. Se ha contribuido a crear una de las democracias más estables de América Latina.
 
Destruir aquello es destruir una obra propia. La izquierda chilena lleva en su ADN la democracia, ella la ha construido y con ello su propio ethos.
 
Pero los hechos se desatan. Iniciada de madrugada la sublevación de la escuadra en Valparaíso, miles de obreros, pobladores, estudiantes y campesinos ocupan sus fábricas, poblaciones, universidades y centros de trabajo. Muchos serán arrestados allí y luego llevados a campos de concentración a sufrir las peores vejaciones y/o el asesinato alevoso.
 
La militancia del Partido Socialista, que en sus estructuras regulares registra 82 mil personas, responde sin vacilaciones, la asistencia es masiva a los lugares de reunión previamente señalados, muchos permanecerán durante días apiñados en casas y departamentos en espera de armas e instrucciones que nunca llegarán.
 
Esta decisión de lucha que a muchos les costará la vida tenía especial valor en los cuadros militares del PS, que sabían desde las primeras horas del desbalance estratégico de las fuerzas que entraban en combate y en la militancia de base que acudía desarmada al llamado de la revolución en peligro.
 
A este respecto el actual miembro del Comité Central del partido y miembro del C.C. de la JS de aquellos años, Luis Casado, recuerda:
“Regresé de Berlín Oriental la última semana de agosto del ’73. Me reuní con Danilo Aravena, miembro de la Comisión Política de la JS, mi mayor preocupación era cómo y con qué íbamos a defender al gobierno frente a un Golpe en preparación que se veía inminente. Danilo me dijo que la Juventud no tenía armas, que sólo contábamos con el GAP para defender al gobierno y con algo que tenía, muy poco, el partido”.
 
Desde las primeras noticias el propio Allende estaba consciente de que la estrategia de defensa de la democracia basada en la lealtad a la Constitución de los militares se había caído a pedazos y que el pueblo enfrentaría desarmado y en solitario el embate armado del sistema de dominación capitalista. La realidad se mostraba según los conceptos del más básico manual de marxismo las clases dominantes no abandonan pacífica y voluntariamente sus privilegios.
 
En América Latina se han producido muchos golpes de Estado. Cuando los gobernantes se dan cuentan que el golpe tiene el apoyo de las Fuerzas Armadas toman el camino del exilio. Allende toma el sendero del deber y del decoro aunque está más consciente que nadie que en ello le va la vida.
 
Con su escolta parte desde la residencia presidencial de Tomás Moro al Palacio de La Moneda. Es increíble la serenidad y disposición de ánimo de un hombre que sabe vive el momento definitivo de su vida, que lo que falta para su partida se cuenta en horas. Es su último día.
 
La primera acción golpista en Santiago consistió es detonar un potente explosivo en el monumento al Comandante Che Guevara existente en San Miguel. Luego se bombardearon las estaciones de radio y televisión que pudieran llevar la voz del gobierno a los trabajadores. Los soldados se distribuyeron estratégicamente por la ciudad. Se montan dos anillos concéntricos.
 
Infantería del Ejército reforzada con tanques, con apoyo de Carabineros, atacó desde minutos antes de las 9:00 horas el palacio presidencial.
 
Se sabe rápidamente en La Moneda que el Golpe involucra al conjunto de las Fuerzas Armadas sin deserción alguna, se combatirá por el honor y la dignidad.
Durante tres años la derecha con el coro demócratacristiano ha rasgado vestiduras por la democracia y la libertad, ahora su brazo armado esta en la calle para matar al presidente, disolver el Congreso, prohibir los partidos, centrales estudiantiles y sindicales, sembrar de campos de concentración el territorio e imponer la más feroz dictadura.
 
Cuando Marco Antonio mandó a matar a Cicerón ordenó cortarle las manos y clavarlas en un lugar público en Roma, para que todos supieran qué se había hecho y quién lo había hecho. Un león salvaje y sanguinario: pero un león al fin. Cuando la suerte se le hace adversa Marco Antonio prefiere la muerte a caer prisionero.
 
Allende no enfrenta un león sino a un depredador.
 
Trata de comunicarse con el general Augusto Pinochet, nombrado Comandante en Jefe del Ejército por él y éste le rehuye, tiene 120 mil hombres y aún teme contestar el teléfono. Años después cuando la suerte se le haga adversa fingirá demencia súbita y oportuna. Finalmente culpará de los “excesos” a sus subordinados. Manuel Contreras,. Jefe de la dina durante dictadura en escrito judicial presentado al Juez Victor Montiglio el 18 de Mayo de 2006 señala “que jamás he mentido y lo dicho por el Sr. General (Augusto Pinochet) es una ofensa gratuita que jamás debió haber pronunciado, por cuanto constituye una absoluta deslealtad hacia un oficial que le fue absolutamente leal a él”. Luego agrega que “es muy fácil responsabilizar a los subalternos cuando ya no tiene ningún tipo de defensa y cuando se está mintiendo en las declaraciones, y eso dentro del Ejército constituye el peor signo de deslealtad…”
 
Pinochet ha sido un alumno mediocre en la Escuela Militar, sus compañeros de curso ante sus evidentes limitaciones intelectuales le apodan “burro”, oficial de trayectoria oscura. Sólo muestra capacidades extraordinarias a la hora del combate desleal: el 11 de septiembre es su día. Se ha sumado a última hora al Golpe, es tal la desconfianza de los conjurados que le obligan a firmar un documento para asegurar su complicidad. Pinochet está por debajo de los códigos de honor del lumpen, hay que exigirle papeles firmados para comprometerlo en la maniobra ilegal. Una última treta, por si las cosas no van bien, manda a su familia a dormir a un regimiento al mando de un coronel constitucionalista. Ese oficial será luego compelido a suicidarse. Si las cosas no funcionan preconstituye una prueba de adhesión al gobierno, su familia duerme en un regimiento leal.
 
Pinochet tiene capacidad de fingimiento. Carlos Altamirano evocando el nombramiento dice:
“Estaba en desacuerdo porque tenía información de que el general Pinochet no era confiable, que debía buscarse otro de los miembros del cuerpo de generales que si ofreciera mucha más confianza yo discutí esto con el Presidente, pero Allende tenía un argumento incontestable: “Mira, a mí me ha dicho Prats que él confía en Pinochet. ¿Tú le crees al general Prats?. Sí, era mi respuesta” .
La Comisión Política del PS aprueba el nombramiento con sólo un voto en contra. Como acto testimonial, el solitario Hernán Coloma pide que la votación y sus argumentos queden en acta, así se hace. Coloma enfrentará el golpe militar desde la fabrica de fideos Luchetti, es muy probable que su solitario voto haya vuelto a su mente entre el fragor de la lucha, quizás nunca en su vida habrá querido tanto estar equivocado.
 
En el PC no conocen a Pinochet -aunque debieran conocerlo después de su labor de carcelero en el campo de concentración de Pisagua durante la proscripción a los comunistas- y recibe respaldo unánime.
 
El general Prats que le promueve cree ver en él no sólo un constitucionalista, sino alguien que simpatiza con el gobierno. Allende en La Moneda aún piensa en el soldado leal a la legalidad y comenta, “pobre Augusto lo deben haber apresado estos carajos”.
 
A fines de los ’60 Pinochet era conocido dentro del Ejército como un partidario fervoroso del general Roberto Viaux. Cuando éste se acuartela en el regimiento Tacna, Pinochet se esfuma, sólo aparece luego de que los amotinados se rinden. Es ahora, cómo no, un soldado de firme lealtad al gobierno.
 
El comando de los golpistas está en Peñalolén. Allí hay sólo dos civiles, Federico Whillougby, íntimo de la embajada americana en Santiago y muy probablemente asalariado de la CIA, y el abogado demócratacristiano Sergio Arellano, hijo del general golpista del mismo nombre que luego cometería terribles masacres en el norte de Chile. Pinochet llega atrasado, alrededor de las 7.15 horas, el terror ha cundido entre los conspiradores, algunos salen al patio, otros los siguen para evitar o saber si toman el camino de la deserción, la lealtad no es rasgo que caracterice a los convocados.
 
Por su parte, la dirección del PS encabezada por Carlos Altamirano se reúne alrededor de las 8 horas en las oficinas de la Cormu, a pocas cuadras del centro de Santiago, para discutir qué hacer, no falta nadie. Al parecer, y aunque resulte difícil creer, no hay un plan de operaciones que reponga el que se ha hecho evidente el 29 de junio, pero aún si lo hubieran tenido no se podía corregir en horas una concepción errónea que se ha sostenido por años: el carácter constitucionalista de todo o parte de las FF.AA. como pivote de defensa de la revolución y la democracia.
 
Adolfo Lara, miembro del Comité Central del PS en aquel tiempo y de la Comisión Política, en la actualidad recuerda:
“Se efectuó un pleno de CC días antes del Golpe militar, nuestra comisión militar nos informó que el Golpe venía, pero que lo sabríamos con 10 ó 15 días de anticipación y que hay fuerzas militares de nuestro lado a las que se sumará el pueblo. La información llegaba desde el general Brady. Confiábamos mucho en Carabineros, no olvidemos que destituyen a varios para que puedan poner a Mendoza como director. Era imposible que el pequeño aparato militar del partido pudiera enfrentar a las FF.AA. en su conjunto. Ese fue el error pensar en que las FF.AA. iban a romperse”.
Como se sabe el general Herman Brady será uno de los golpistas principales.
 
La estrategia del PS, del gobierno y de la Unidad Popular en su conjunto subordina a las masas a la acción de fuerzas leales al gobierno. El mismo día 11 habrá mensajes contradictorios, “el pueblo no debe dejarse acribillar, pero tampoco avasallar”. Se trata de evitar el sacrificio, algo muy razonable, pero se olvida lo obvio, iniciado un proceso revolucionario quienes lo llevan adelante tienen dos formas de enfrentar la adversidad: ser mártires o ser víctimas.
 
Para los miristas es un golpe blando, para los socialistas lo fundamental lo resolverán las Fuerzas Armadas constitucionalistas,el PC promueve la vìa pàcifica al socialismo. 
 
Los golpistas temen el poder de las masas, tienen una visión más certera de las masas en acción. Uno de los aspectos recurrentes en los bandos militares que el coronel Roberto Guillard lee por las radios es que el pueblo de Chile no debe salir a las calles, se promete a cambio que las conquistas sociales y sindicales serán respetadas. Los militares comprenden mejor que la dirigencia de la izquierda lo que son las masas en la calle aunque sea con un puñadito de armas.Puestas las masas en la calle las bajas habrían sido grandes, pero de esa manera se había detenido el golpe en España el 18 de julio de 1936 y de esa misma manera los revolucionarios venezolanos repusieron al Presidente Chávez el 2002.
 
Sin haber golpeado previamente el dispositivo golpista, sin las masas en la calle y sin distribuir las pocas armas de que se disponía, la suerte estaba echada.
Las cosas no podían ocurrir sino como acontecieron.
 
La estrategia de defensa de la Unidad Popular y de la izquierda en general no sólo tenía errores estratégicos, sino también tácticos.
 
Pero volvamos a los acontecimientos del 11 de septiembre.
 
Se ha producido el peor escenario, pasados algunos minutos de las 8.00 horas ya se sabe que no hay ninguna unidad militar del lado del gobierno, pero la dirección del PS no pierde el control y parte de allí hacia los lugares de combate en la zona sur de Santiago. Encabezan el grupo Arnoldo Camú y Rolando Calderón. Al que luego se sumarán Rafael Ruiz Moscatelli, Exequiel Ponce, Robinson Pérez y otros combatientes que acuden de diferentes lugares. Los espera el sindicalista socialista Rigo Quezada (padre) que ya tiene a los obreros en disposición de combate en la industria Sumar. Eric Schnake, de la Comisión Política, junto a algunos periodistas mantiene en el aire la Radio Corporación, órgano del PS, hasta que es bombardeada su antena transmisora.
 
La dirección de la Juventud Socialista con su Secretario General Carlos Lorca a la cabeza se reúne en un liceo de la zona sur, la dirigencia juvenil está en pleno cuando llegan Luis Casado, Enrique Norambuena y Ariel Mansilla. Sobran compañeros, son cientos, pero las manos están vacías, es lo que ocurre en todo el país. Observan impotentes las evoluciones de los aviones sobre el centro de Santiago.
 
La dirección del Regional Norte encabezada por Fernando Quiroga es apresada en el local partidario minutos después de las 8.00. Es un duro golpe para uno de los cuatro regionales del PS en Santiago.
 
La guardia de Carabineros que durante años ha hecho ostentación entre fanfarrias de su labor de custodia del palacio presidencial ha corrido en busca de resguardo. Las pomposas ceremonias de cambio de cambio de guardia continúan hasta hoy, pero ese día, el único en que La Moneda ha sido atacada, Carabineros no disparó un solo tiro en su defensa.
 
Un grupo de 10 miembros del GAP que llegan a La Moneda es capturado y luego engrosarán la larga lista de los detenidos desaparecidos. Confìan en Carabineros, cuando quieren reaccionar ya están todos encañonados.
 
El asalto al Palacio de La Moneda, iniciado alrededor de las 9:00, fracasa ostensiblemente ante la tenaz resistencia de los defensores de la casa de gobierno que eran encabezados por el propio doctor Allende. Son un grupo del GAP, 18 combatientes dirigidos por Juan José Montiglio, a los que se suma un número similar de la escolta de Investigaciones encabezada por el policía profesional Juan Seoane. El propio Allende dispara desde las ventanas con un AK 47.
 
El Presidente y sus compañeros no sólo desplegaban un coraje extraordinario, sino también una eficacia devastadora para un ejército que durante casi 100 años sólo había sabido de desfiles, condecoraciones autoasignadas y matanzas de chilenos humildes. Hay constancia suficiente que cuando menos uno de los tanques Sherman de los atacantes, que operaba desde el lado de la Plaza de la Constitución por calle Morandé, fue puesto fuera de combate mediante un certero impacto de un RPG-7, episodio cuidadosamente ocultado por los militares. Los golpistas sufren varias decenas de bajas.
 
La celada, ordenada personalmente por Pinochet, consiste en ofrecer rendición a cambio de un exilio y luego matar al Presidente a traición, también había fracasado ante la firme disposición combativa de éste.
 
En un momento en que el combate declina en su fragor, los ministros Clodomiro Almeyda, Carlos Briones, Jaime Tohá, Fernando Flores y José Tohá le piden a Allende desistir en la resistencia. El presidente rechaza la sugerencia, les agradece la lealtad y les sugiere, a su vez, salir y reunirse con sus familias y sus mujeres. Los ministros, políticos de un sistema republicano, no abandonan el palacio y se quedan sabiendo que allí la vida está en juego en cada segundo.
 
La valiente actitud de los ministros les costará años de privación de libertad en campos de concentración y en el caso de José Tohá nunca volverá a la libertad, pues morirá en prisión en circunstancias tales que todo apunta al asesinato.
 
Por las radios se leen bandos militares en que se intima de rendición al Presidente y se amenaza con fusilamientos en el acto a quienes opongan resistencia. Son miles los soldados que van ocupando los puntos estratégicos de Santiago.
 
Un grupo importante de trabajadores y estudiantes que avanzan por la Alameda desde la Estación Central hacia La Moneda, es obligado a dispersarse con ráfagas intimidatorias de los soldados que cierran el paso.
 
Los cuatro edecanes militares se presentan ante el Presidente Allende y balbucean una exhortación a la rendición. De paso la amenaza apenas velada: le confidencian al Presidente que “se comenta” un bombardeo a La Moneda. La revolución chilena demuestra entonces su grandiosa generosidad. Allende rechaza la intimación y les deja salir indemnes del Palacio.
 
Treinta años antes el presidente Allende era un joven ministro de Salud del gobierno del Frente Popular encabezado por el Presidente Pedro Aguirre Cerda. El general Ariosto Herrera pretende asaltar el poder e intima rendición al Presidente, éste le responde señalando que un Presidente de Chile muere en su puesto y le adjunta algunos chilenismos. A su lado, en el mismo palacio de La Moneda, está el joven Allende. Aguirre Cerda cuelga el teléfono, mira a su colaborador y dice: “¡Así se hace!”. El almirante Patricio Carvajal llama por teléfono exigiendo la rendición, debe escuchar personalmente la viril respuesta del Presidente Allende: “¡Un Presidente de Chile muere en su puesto!”.
 
La situación de Allende es infinitamente más difícil, las balas entran en ráfagas por las ventanas de La Moneda. El retumbar de los disparos de fusiles Sig-Sauer y FAL en los edificios del centro de Santiago y el rugir de los aviones a reacción que efectúan vuelos sobre el centro de Santiago crean un escenario que intimidaría a cualquiera, pero no a Allende y a los patriotas que combaten junto a él. Todo el honor y la decencia de Chile recaen sobre los hombros de Allende y sus compañeros.
 
Desde el Ministerio de Obras Publicas, edificio vecino, un grupo de ocho integrantes del GAP y del Partido Socialista encabezados por el joven Manuel Cortés –quien después se cubrirá de gloria en Nicaragua como oficial de Estado Mayor del Ejército Popular Sandinista- mantiene a raya en la Alameda a centenares de soldados y a importantes contingentes de Carabineros. Con ráfagas cortas de una ametralladora punto 30 y de AK 47 evitan el asalto a La Moneda desde el sur. Su trabajo es impecable y un verdadero baldón para los oficiales profesionales que en la Alameda se apiñan detrás de sus conscriptos. Una vez caída La Moneda y muerto el Presidente, Cortés -el Patán, para sus compañeros por la forma de su risa parecida a la caricatura televisiva- y los otros combatientes abandonan el edificio sin bajas.
 
También se combate con decisión desde el edificio del Servicio de Impuestos Internos, donde se agotan las escasas municiones y los defensores deben abandonar, sin bajas, el edificio. Desde allí se trasladan a la fábrica Cristalerías Chile (actual Mega, canal de televisión del empresario Ricardo Claro), donde cientos de obreros esperan armas que en definitiva no llegarán.
 
Pasan las horas, la situación militar se hace compleja para los golpistas. Con el fin de asaltar La Moneda desde la Alameda ha llegado, para servir de ariete a los otros regimientos, la Escuela de Paracaidistas y Fuerzas Especiales, la élite del Ejército. Viene al mando de su director el coronel y luego general Alejandro Medina Lois, egresado con distinciones de la Escuela de las Américas de Panamá. Son las unidades de comandos, “expertas” en combate especial y misiones de alto riesgo, los temibles boinas negras.
 
Cuando Medina Lois y sus fuerzas que avanzan por calle San Diego intentan alcanzar la Alameda, a su lado cae abatido un sargento. El futuro general queda en estado de shock, no puede ya controlar sus nervios. Ordena balbuceante el repliegue de sus soldados profesionales y deja que los futuros ataques los lleven adelante los muchachitos de 18 años que cumplen su conscripción militar, éstos son compelidos a la lucha pistola en mano por sus oficiales que no se atreven a entrar ellos mismos a la línea de fuego.
 
La cobardía del oficial se transformará en furia incontenible en los días siguientes cuando con traje de fajina participe en ejecuciones masivas de indefensos campesinos en el sur de Chile, pero eso será después, con campesinos desarmados, ahora, frente a un puñado de combatientes de verdad; junto a sus paracaidistas y comandos, busca refugio detrás de los conscriptos. La crueldad es hija de la cobardía. Años después fungirá como rector designado en la Universidad de Chile, su aporte académico consistirá en lanzarse en paracaídas en la Facultad de Agronomía.
 
Los golpistas fracasado el intento de tomar por tierra La Moneda recurren a la Fuerza Aérea de Chile para atacar al gobierno legítimo de la República de Chile. Este bombardeo no es sino la demostración de impotencia del Ejército y Carabineros para tomar el palacio presidencial. De mañana han partido 18 Hawker Hunter desde una base en Concepción.
Disparos hechos con modestas subametralladoras desde los techos del Cuartel Central de la Policía de Investigaciones y de algunos edificios de altura del centro de Santiago, logran impactar a uno de los caza-bombarderos atacantes y lo obliga a aterrizar de emergencia en el aeropuerto de Cerrillos.
 
Alfredo Joignant, Director de Investigaciones, nombrado por el gobierno, al escuchar los primeros tiros renuncia y le entrega el mando al Prefecto Jefe de Santiago. Allende enfurece al saber la noticia. Miles están dispuestos a combatir, los pocos que tienen armas lo hacen, son ancianos y muchachos, casi niños, profesores universitarios y campesinos, artistas y obreros industriales, universitarios y mineros.
 
 
A la sede del Comité Central socialista ubicada en calle San Martín llegan dos vehículos que vienen del cordón Cerrillos, vienen Luis Benaigues, Carlos Valero y Carlos Gómez, entre otros. Son militantes socialistas de base, únicamente traen armas cortas, el “viejo” Valenzuela cuidador del local está solo, se queman los archivos y el local. Luego parten hacia la zona sur, uno de los vehículos pintado como ambulancia es descubierto: Luis Benaigues, el “Gitano”, hijo de refugiados españoles, que lo conduce es capturado y fusilado.
 
Los militares apremian por el ataque aéreo a La Moneda, éste es una necesidad ante el fracaso del Ejército y Carabineros y es urgente también ante la posibilidad de una reacción masiva de los cordones industriales. Los militares no podían pensar que no se hubieran distribuido algunas armas en fábricas y centros estudiantiles que apoyaban al gobierno. Un combate generalizado de tal naturaleza podía producir escisiones en el propio Ejército y su resultado es incierto.
 
Pinochet exhorta por su radio de mando: “Matando la perra se acaba la leva”. El asesinato del Presidente se ha hecho una necesidad militar y política. Ya sólo el crimen puede ser la llave que abra las puertas a la dictadura que emerge.
El Presidente se dirige al país a través de Radio Magallanes y en parte de su discurso señala:
“Estas son mis últimas palabras… tengo fe en Chile y su destino, otros hombres superarán este momento gris y amargo en que la traición se pretende imponer. Yo no voy a renunciar puesto en un tránsito histórico pagaré con mi vida la lealtad del pueblo… Sepan ustedes que mucho más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor… éstas son mis últimas palabras… mi sacrificio no será en vano. ¡Viva el pueblo, vivan los trabajadores!”.
El discurso es impactante por la serenidad del Presidente, la belleza de sus formas literarias y la extraordinaria lucidez política de su contenido.
Pero la ética y la estética no son cosas que conmuevan a los fascistas.
 
De La Moneda salen las mujeres.
 
Faltando pocos minutos para las 12.00 horas la aviación enfrenta un blanco fijo carente de todo dispositivo de defensa antiaérea y hace varios impactos. La Moneda es presa de las llamas y el humo asfixiante. Es la única acción de combate en que ha participado la Fuerza Aérea de Chile en toda su historia. Desde el Ministerio de Economía militares y carabineros arrojan cientos de bombas lacrimógenas al edificio en llamas. Reciben dura respuesta desde el Ministerio de Obras Públicas y deben detener su ataque.
 
En Talca el intendente socialista, Germán Castro, lleva adelante acciones de resistencia. Enfrentó, días después, con toda entereza y dignidad el pelotón de fusilamiento.
 
En el sur de Chile, Neltume, José Gregorio Liendo, el Comandante “Pepe”, dirigente del MIR, emprende la resistencia con algunos campesinos. Combaten con el coraje que da la dignidad. Será fusilado junto al también mirista Fernando Krauss y otros compañeros días más tarde.
 
Primero en la fábrica Indumet y luego en la población La Legua, el Frente Interno del PS dirigido por el abogado y miembro de la Comisión Política Arnoldo Camú Veloso –que caerá días después- se enfrenta a los alzados. Son más de 200 combatientes que logran dejar fuera de combate un helicóptero y una micro de Carabineros.
 
Esta última recibe un certero impacto de un RPG-7 y se incendia. Los sobrevivientes de la micro se rinden, suplican por sus vidas que ya suponen de prestado. No reciben vejamen alguno, son exhortados a no luchar contra el gobierno constitucional y luego de ser desarmados se les deja en libertad. Es la generosidad de la revolución chilena aún en el día de su más cruel derrota.
 
Los golpistas atacan desde el aire la casa presidencial de Tomás Moro, que está ubicada en medio de un barrio residencial, causando allí un gran incendio y severos destrozos, los pocos defensores de la casa operan desde el techo con una ametralladora .30 y dejan fuera de combate un avión Hawker Hunter, situación reconocida por el jefe de escuadrilla y por el propio general Leigh en su momento.
 
Los golpistas saben que Allende está en La Moneda, ¿por qué bombardear su casa? Es evidente, se busca matar a su mujer. Mataron a la mujer del general Prats, balearon a la mujer de Leighton y asesinaron a muchas mujeres en la dictadura, ¿por qué no la mujer del enemigo más odiado?
 
Encabeza la defensa de Tomás Moro un muchacho de 19 años ex cadete de la Escuela Militar y militante socialista que maneja la .30 con habilidad excepcional. Luego del bombardeo se evacúa el lugar. El vecindario de este sector acomodado de Santiago y abrumadoramente derechista procede a saquear la casa. Es la derecha que vuelve al poder. Por ahora se desvalija una casa, luego será el patrimonio estatal a través de las fraudulentas privatizaciones.
 
Durante años el oficial Miguel Krasnoff Marchenko se jactará de haber conducido el asalto a Tomás Moro. Falso de comienzo a fin, cuando los militares llegan hace horas que ya no hay defensor alguno. Lo que sí hará Krasnoff, tiempo después, es patear en el suelo a la esposa de Miguel Enríquez, una mujer sangrando, herida a bala y con un embarazo de ocho meses. El niño morirá días después. Así traiciona al país que le dio albergue. Nacido en Rusia, su padre, su abuelo y su tío fueron colgados en la Plaza Roja de Moscú por haberse unido al ejército traidor del general Vlasov, que combatió del lado de los nazis contra su patria.
 
En la zona sur de Santiago, fábrica Indumet, se reúnen representantes de los partidos de izquierda. Por el PS concurren Arnoldo Camú y Exequiel Ponce, Miguel Enríquez por el MIR y por el PC José Oyarce, los tres primeros caerán en la lucha anti-dictatorial.
 
El Partido Comunista sugiere esperar a ver la evolución de los acontecimientos, promotores consecuentes de la transición pacífica al socialismo se encuentran plenamente superados por los acontecimientos. Su consigna, mil veces voceada “no a la guerra civil”, escrita en gigantescos murales parece más bien una cruel ironía que observa muda la tragedia que se desata.
 
Son un partido de enorme capacidad orgánica con decenas de miles de militantes y con gran influencia en muchas esferas de la sociedad, que van desde sindicatos y poblaciones hasta el mundo universitario y de la cultura. Entre sus militantes está el Premio Nobel Pablo Neruda. Han participado con toda lealtad, entusiasmo y honestidad en las tareas del gobierno popular, han sido determinantes en la estructuración de la poderosa capacidad de movilización de masas de la UP, pero no han logrado percibir la gravedad de la amenaza fascista ni los medios idóneos para ponerle atajo. Gladys Marín, quien llega del extranjero un par de días antes del Golpe, secretaria general de la Juventud comunista (JJ.CC.), pregunta a sus “viejos” qué hay para defender el gobierno ante un Golpe que se hace inminente. Le responden: “Nada”.
 
El MIR por su parte señala que necesita de algunas horas para agrupar su fuerza central, lo que en definitiva no ocurrirá.
 
Durante años el MIR ha profetizado el enfrentamiento inevitable. La lucha armada ha sido la piedra angular de su construcción ideológica. En un intento desesperado por revertir los acontecimientos, Andrés Pascal (quien luego de la muerte de Miguel Enríquez asumirá la Secretaría General del MIR transformándose en un baluarte de la resistencia en el interior) y Arturo Villavela Araujo (asesinado por la dictadura en 1983) intentan infructuosamente conseguir armas en la embajada cubana. A la salida de ésta deben abrirse paso a tiros entre los contingentes militares.
Nelson Gutiérrez y otros dirigentes del MIR han señalado que Miguel Enríquez se comunicó con el Presidente Allende para ofrecerle que una fuerza especial que ellos llamaban la Tropita, compuesta por un centenar de hombres de entrenamiento especial, le rescatarían llegando a La Moneda desde el Ministerio de Obras Públicas. Las versiones sobre la respuesta de Allende son disímiles.
 
Hay rastros de esta versión en la mañana del 11, así Manuel Cortés, quien encabeza la resistencia socialista desde el MOP, recibe un mensaje que habla de un refuerzo de 1.500 miristas y tropas leales. Pero la verdad es que no hay constancia de que la Tropita entre en combate con los golpistas.
¿Qué pasó con el MIR el 11 de septiembre? ¿No pudo desplegar su fuerza ante la descomunal adversidad de la correlación de fuerzas?, ¿juzgó innecesario inmolarse por un gobierno reformista?, ¿las cosas sucedieron muy rápido?, ¿guardó su fuerza para futuros combates ante una derrota que se veía inevitable aquel día y que además no se veía como propia?, ¿la convicción de que se trataba de un simple Golpe blando ante el cual Allende se rendiría? Quizás un poco de todo.
 
Comunistas y miristas lucharán con coraje extraordinario en los años venideros escribiendo páginas heroicas de la resistencia antifascista. Pero Tácito lo dice muy bien: “Los que luchan separados son vencidos juntos”.
 
De las otras agrupaciones menores que conforman la Unidad Popular no aparece combatiente alguno. De aquellas horas Jaime Gazmuri, a la sazón secretario general del Mapu-OC, recuerda:
“Como ya teníamos el cuadro de la situación, lo que había que resolver era asuntos muy prácticos. Lo primero, confirmar que no había ninguna condición de resistencia y que esa era la orientación que debíamos entregar a toda la gente que pudiéramos contactar. Hubo focos de resistencia, básicamente del MIR y de algunos sectores socialistas (Calderón estuvo en eso, incluso tuvo que romper un cerco).
La reunión de Indumet, entre los representantes de la izquierda, la única de las direcciones de ese día, se termina ante el ataque de Carabineros a la fábrica. Una de las grandes debilidades del proceso se muestra esta trágica mañana con toda claridad, la ausencia de un mando único.
 
Desde un punto de vista estrictamente militar, los golpistas demuestran escasa valía y baja disposición combativa, sólo logran hacerse de la situación gracias a su enorme superioridad numérica y de medios.
 
La resistencia armada la llevan adelante alrededor de 300 combatientes, los alzados no son menos de 90.000, se combate en proporción numérica de 300 a 1. Si la relación se establece desde el punto de vista del poder de fuego las cosas eran infinitamente más desequilibradas aún, los defensores del gobierno carecen de aviación, medios antiaéreos, naves de guerra, tanques, artillería, etc.
 
Para mayor garantía de la traición, una escuadra norteamericana en maniobras de la UNITA retorna imprevistamente a Valparaíso en disposición de combate. Los americanos que no tienen una sola baja en la jornada son los auténticos triunfadores.
 
Durante los últimos 15 años habían gastado millones de dólares y realizado miles de operaciones ilegales contra la izquierda y el pueblo chileno.
 
La noche anterior un cable salido de su embajada había confirmado al cuartel central de la CIA en Virginia el desencadenamiento del Golpe. En él se lee:
“Un intento de golpe se iniciará el 11 de septiembre.
Las tres ramas de las Fuerzas Armadas y Carabineros están todas involucradas en esta acción.
A las 7 de la mañana del 11 de septiembre se leerá una declaración por Radio Agricultura.
Carabineros tiene la responsabilidad de apresar al Presidente Allende”
¿Cómo sabe tanto la CIA de la conspiración? Está dentro de ella, más claro echarle agua.
 
Una columna de pobladores desarmados que marcha desde Renca hacia el centro de Santiago es ametrallada desde helicópteros.
 
La Universidad Técnica del Estado, en el sector Estación Central de Santiago, es asaltada previo ataque de artillería. Cientos de estudiantes desarmados son apresados, entre ellos su rector, Enrique Kirberg, militante comunista, varios serán asesinados, entre ellos el popular cantautor Víctor Jara.
 
En decenas de industrias se repite la escena con igual brutalidad. En todos ellas se producen arrestos masivos. No hay forma de resistir pues no hay armas por ningún lado. No hay tampoco ni un atisbo de fuerzas militares leales a la Constitución, la concepción de defensa del gobierno popular cae como un castillo de naipes. El pueblo está solo y desarmado.
 
Aún en la vanguardia del arrojo es posible dar un paso adelante. Antonio Aguirre Vásquez, el muchacho de pelo largo que aparece en una foto instalando una .30 en una ventana de La Moneda, resiste desde las escalinatas del edificio en llamas, disparando sus últimos cartuchos, según relatan los propios asaltantes, grita con decisión: “¡El pueblo no se rinde!”. Este militante de la Juventud Socialista, seccional La Cisterna, que se ha presentado voluntariamente a combatir a La Moneda, cae herido por varios impactos de bala, es trasladado a la Posta Central desde donde es sacado por uniformados y seguramente asesinado.
Los sobrevivientes defensores de La Moneda hechos prisioneros son amarrados con alambres de púas y trasladados al día siguiente a Peldehue, donde se les asesina. Un soldado relató que uno de los prisioneros antes de recibir la ráfaga mortal gritó: “¡Viva la revolución chilena!”. Son 19 asesinatos a mansalva, el coronel Luis Joaquín Ramírez Pineda que dirige la ejecución ante el nerviosismo que cunde entre los ejecutores debido a la magnitud de la barbarie, los consuela diciéndoles que nada les pasará y que no han matado sino a unos perros marxistas. Actualmente Ramírez Pineda está procesado por estos delitos
 
Estos crímenes fueron ordenados directamente por el general Augusto Pinochet. Pablo Manuel Cepeda Camillieri, uno de los tres sobrevivientes de La Moneda, en declaración judicial prestada el 15 de octubre de 1999 ante el juez Baltazar Garzón señaló en Madrid:
“El día de 12 septiembre de 1973 llegó una comitiva militar integrada por altos oficiales sublevados entre los que se encontraba el entonces general Augusto Pinochet Ugarte, el que procedió a preguntar al coronel a cargo del Regimiento Tacna, coronel Luis Joaquín Ramírez Pineda, quiénes eran los prisioneros amarrados con alambre de púas, a lo que respondió que eran miembros del GAP que estaban con el Presidente constitucional en el Palacio de La Moneda. A lo cual contestó: “Estos eran los que tanta resistencia nos opusieron. ¡Los vamos a fusilar a todos!
“El día 13 de septiembre fuimos trasladados al Estadio Chile. En dicho campo de concentración o centro de detención ilegal fuimos torturados. En mí caso procedieron a arrancarme las uñas de las manos en el proceso de interrogación. Este trabajo lo realizaban con un alicate de los denominados ‘pico de loro’. Además sufría golpizas continuadas en todo el cuerpo para lo que utilizaban básicamente las culatas de los fusiles. Este tratamiento era generalizado entre todos los detenidos”.

El pequeño aparato militar del PS se enfrentó con decisión al Golpe, pero su heroísmo no puede suplir la inmensa adversidad de la correlación de fuerzas, y las estructuras se dislocan. El Secretario General Carlos Altamirano con los helicópteros revoloteando sobre su cabeza debe buscar refugio en la casa de un compañero. A las 14.35 horas se emite un bando militar en el que dice, textualmente:
“Las personas más adelante nombradas deberán entregarse voluntariamente hasta las 16.30 horas de hoy 11 de septiembre de 1973 en el Ministerio de Defensa Nacional; la no presentación les significará que se ponen al margen de lo dispuesto por la Junta de Comandantes en Jefe, con las consecuencias posibles de prever”.
Carlos Altamirano figuraba de manera destacada en la lista. ¿Qué pasaba con los que caían en manos de los militares habiéndose “puesto al margen de lo dispuesto por la Junta de Comandantes en Jefe”? El médico Eduardo Paredes Barrientos, del CC del PS hecho prisionero en La Moneda fue cruelmente asesinado. La autopsia consignó mas de 50 heridas de bala, los huesos fracturados y además quemados, posiblemente con lanzallamas.
 
Esas eran las “consecuencias posibles de prever”. Pero no se asila ni se entrega el Secretario General del PS ese día ni en los siguientes, ni nunca.
 
Faltando pocos minutos para las 14.00 horas estando La Moneda en llamas y atiborrada de los humos asfixiantes de cientos de bombas lacrimógenas, el Presidente Allende en la disyuntiva de rendirse o morir toma el camino de la dignidad.
 
Muerto el Presidente y luego de aplastados los principales focos de resistencia, el crimen multiplicado por miles se derramó por todo el territorio.
 
Las campanas de la venganza de clase suenan a rebato. Los latifundistas desatan una orgía de sangre. En los pequeños poblados de Liquiñe y Chihuío del sur de Chile 32 campesinos, la mayoría de ellos integrantes del sindicato “La Esperanza del obrero” son asesinados a tiros y bayonetazos. Entre ellos se encuentra Fernando Mora Rodríguez, tiene 13 años y es ejecutado junto a su padre. El sector pasa a llamarse “el valle de las viudas”. Dirige las “operaciones” el general Santiago Sinclair, quien vuelta la democracia fungirá como senador designado. Es tío del ex diputado de Renovación Nacional Teodoro Rivera.
 
Un padre y cuatro hermanos, la familia Maureira, entre otros, todos campesinos, son acribillados y enterrados aún vivos en los hornos de Lonquén. Todavía así es posible resistir. En diversas casas de Santiago, una vez conocida la muerte del Presidente, se ponen banderas a media asta en señal de duelo. Algunos de sus ocupantes son arrestados y salvajemente torturados, otros sometidos a consejo de guerra y condenados a largos años de prisión.
 
Este martirio se prolongó por casi 17 años.
 
Parafraseando a Martí podemos decir que si Dante hubiera vivido en nuestros tiempos no habría escrito sobre el infierno, sino del Chile bajo Pinochet.
 
Mientras los escasos ciudadanos que tienen armas, encabezados por el Presidente constitucional, defendían la democracia y muchos otros son asesinados o sufren los peores vejámenes, el líder demócratacristiano y Presidente del Senado Eduardo Frei Montalva concurre en tres ocasiones a ofrecer sus servicios a los golpistas. Tres veces como en la Biblia. En la última rechazan su participaciónuna vez más, pero además le incautan el auto de la presidencia del Senado en que se moviliza.
 
La Democracia Cristiana prestó toda la cobertura de masas para dar el Golpe de Estado.
 
Eduardo Arriagada es el presidente del Colegio de Ingenieros, desde allí se promueven y coordinan todos los paros de profesionales, que en el caso de los médicos es particularmente sensible a la población. Treinta años después Arriagada será procesado por fraude al fisco, delito común, en el marco del caso conocido como MOP-GATE.
 
Los servicios de la DC a la contrarrevolución han sido enormes, pero ya no se les necesita. Los fascistas no comparten el botín ni tienen piedad, es muy probable que el propio Eduardo Frei Montalva haya sido asesinado por la dictadura años después. Desde aquel tiempo su chofer personal, Luis Becerra, era informante de los servicios de inteligencia militar
 
Con todo algunos días más tarde un pequeño grupo de demócratacristianos entre los que están: Radomiro Tomic, Claudio Huepe, Belisario Velasco, Renán Fuentealba, Andrés Aylwin y Jaime Castillo Velasco, sacan una declaración pública rechazando el Golpe. Son pocos, muy pocos, pero hay momentos en que los hombres honestos cargan sobre sus hombros con la dignidad de muchos otros. Son una clara minoría. Pero lo pequeño no exime de las furias dictatoriales, Leighton será, junto a su esposa, víctima de un terrible atentado en Roma, Claudio Huepe por su parte será arrestado, torturado y exiliado.
Pero la institucionalidad partidaria está de otro lado. En parte de la declaración oficial del PDC emitida el 13 de septiembre se lee:
“Los hechos que vive Chile son consecuencia del desastre económico, el caos institucional, la violencia armada y la crisis moral a que el gobierno depuesto condujo al país y que llevaron al pueblo chileno a la angustia y desesperación”.
El 10 de octubre de 1973 en entrevista concedida al diario español ABC, tribuna privilegiada del franquismo, Frei afirma:
“Los militares fueron llamados y cumplieron una obligación legal, porque el Poder Legislativo y el Judicial, el Congreso y la Corte Suprema, habían denunciado públicamente que la presidencia y su régimen quebrantaban la Constitución, los acuerdos votados en el parlamento y las sentencias dictadas por jueces absolutamente extraños a la política. Allende vino a instaurar el comunismo por medios violentos, no democráticos, y cuando la democracia engañada percibe la magnitud de la trampa, ya era tarde, ya estaban armadas las masas de guerrilleros y bien preparado el exterminio de los jefes del Ejército”.
 
Estas declaraciones, al igual que la carta dirigida al entonces presidente mundial de la internacional demócratacristiana, Mariano Rumor, son un racimo de falsedades a las que nos referiremos en el capítulo correspondiente.
 
El Partido Nacional, por su parte, que ha sido el eje de la conspiración junto a Patria y Libertad, no aparece ese día, el brazo armado del sistema de dominación hace el trabajo sucio. Sus grandes prohombres, Sergio Onofre Jarpa, Patricio Philips, Andrés Allamand, Francisco Bulnes y Juan Luis Ossa están en sus casas.
 
ROBERTO AVILA TOLEDO