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Agosto 18, 2026

Cuatro cartas para un duelo interminable

En un artículo que escribí hace ya algún tiempo, refiriéndome a aquellos biógrafos y críticos literarios que niegan la amistad y la preocupación de Pablo Neruda por Miguel Hernández, decía que negar algo tan evidente era como negar la memoria de Neruda y los testimonios de Josefina Manresa, Elvira Hernández, María Teresa León, Rafael Alberti, Raúl González Tuñón, Luis Enrique Délano, Germán Vergara Donoso y tantos otros.

Ahora agrego que, negar esa sincera y desinteresada amistad y preocupación, es negar también la memoria histórica chilena, resguardada en el Archivo General Histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.
 
         En un esperado y recién editado libro de David Schidlowsky, Pablo Neruda y su tiempo. La furias y las penas. (Ril Editores, Santiago, 2008) se publican cuantiosos documentos, hasta ahora desconocidos o poco conocidos. Entre ellos, dos comunicados oficiales que avalan nuestra defensa. Si enrolamos éstas, de forma cronológica, con dos cartas ya conocidas, escritas por Neruda, una a Juan Ramón Jiménez y otra a Alfonso Reyes, tendremos una reseña epistolar de cómo recibió el poeta chileno la noticia de la muerte de su amigo oriolano, y cuál fue su reacción ante tal desenlace.
 
         La primera de ellas, recogida por David Schidlowsky, fue dirigida a Pablo Neruda, Cónsul General de Chile en México, desde el Ministerio de Relaciones Exteriores de su país. Es un comunicado fechado en Santiago, el 29 de septiembre de 1942, y dice:
 
Confidencial Nº 51
                                      La Embajada de Chile en Madrid ha comunicado a este Ministerio el fallecimiento del poeta D.Miguel Hernández, con un encargo especial de la viuda del señor Hernández de llevar este hecho a conocimiento de US.[1].
                                      Según informa nuestra embajada en España, después de varios traslados de presidios, el señor Hernández fue atacado, a fines del año pasado, de fiebre tifoidea en el presidio de Ocaña. Logró salvarse, pero su salud quedó muy quebrantada. Para mejorarlo de clima, la Embajada solicitó y obtuvo su traslado a Alicante[2], pero a poco de llegar a ese lugar se le presentó una violenta tuberculosis pulmonar. No tuvo reacción ninguna en los dos meses que duró su enfermedad. Su reciente tifoidea, la prisión por más de dos años después de las privaciones sufridas durante la Guerra Civil , le hallaron en malas condiciones para resistir el mal. Atendiendo a solicitudes del enfermo procuró la Embajada que fuese trasladado a un sanatorio que no fuera de prisiones, pero no tuvo exito en sus gestiones. Resolvió la autoridad superior de prisiones que fuese transferido a un sanatorio de presos pero no alcanzó a efectuarse este traslado porque el enfermo falleció el 28 de marzo.
 
         El comunicado, escrito, como decíamos, el 29 de septiembre, llegó a las manos de Neruda días después de dar a conocer uno de sus poemas más polémicos. En un acto que organizó la Sociedad de Ayuda a Rusia, en el Teatro del Sindicato Mexicano de Electricistas, el 30 del mismo mes, se dio a conocer por primera vez el poema Canto de Amor a Stalingrado. Luego, su canto se imprimió en pliegos que fueron pegados en las paredes de ciudad de México.
         La segunda carta, también recogida por Schidlowsky, es el acuse de recibo y el agradecimiento de Neruda al Ministro de Relaciones.
 
México D.F. 9 de Octubre de 1942
Señor Ministro,
                            Tengo la honra de recibir el oficio Confidencial Nº 51 de fecha 29 de septiembre del presente año. (…) La muerte de Miguel Hernández así como las desgraciadas circunstancias en que ocurrió es particularmente penosa para el Cónsul General que suscribe, no sólo por tratarse de un amigo entrañable, sino además, de un gran poeta y de un soldado ejemplar, que luchó durante tres años por la libertad de su país. La forma brutal en que fue tratado después de la guerra, según se sirve informarme US., no permitiéndole trasladarse a un sanatorio normal para curarse de la tuberculosis, es un motivo más que tiene el suscrito para repudiar el régimen de fuerza intaurado en España después de la caída de la República.
                            Sólo me resta manifestar a US. mi viva felicitación por la forma cordial y humanitaria con que nuestra Embajada en Madrid ha actuado frente al caso de Miguel Hernández y de otros republicanos españoles perseguidos.
 
         A los pocos días de contestar al Ministro de Relaciones de su país, Neruda escribe a Juan Ramón Jiménez.
 
México D.F., 15 de Octubre de 1942
Sr. Juan Ramón Jiménez
Miami
Mi admirado amigo:
                                      Hasta ahora no he contestado su carta pública porque miles de cosas se interponen con mi trabajo diario, pero quiero anticiparle antes de hacerlo extensamente, la profunda emoción con que leí sus líneas, que con su sinceridad, agrandan la admiración que por su obra he sentido durante toda mi vida.[3]
                                      Hoy le escribo con un motivo doloroso. Le transcribo una carta confidencial de mi Embajada en Madrid, comunicándole la muerte de nuestro Miguel Hernández: un asesinato más se agrega a los muchos y terribles, pero tal vez, nunca me sentí más mal herido y creo que a usted le pasará lo mismo.
                                      Estoy planeando un libro de recuerdo a su memoria, que quiero encabezar con algunas palabras, ojalá extensas, suyas. Yo también escribiré y pediré a Rafael Alberti que se agregue a este recuerdo.
                                      Espero que me anticipe su respuesta, que lo que usted resuelva puede venir más tarde.
                                      Siento que mi primera carta le lleve este dolor, pero así vivimos cada día de este tiempo.
                                      Le saluda su amigo y admirador, Pablo Neruda.
 
         Casi al finalizar el mismo mes de octubre, Neruda ya había proyectado una serie de actividades tendientes a homenajear y a perpetuar la memoria del oriolano. Con este motivo le escribe a su amigo Alfonso Reyes.
 
México, D.F. 27 de octubre de 1942
Señor Don Alfonso Reyes,
Presente
 
Distinguido amigo:
         Tal vez sepa Ud. ya que ha muerto en España, tuberculoso, en una cárcel de Alicante, el poeta español Miguel Hernández. Esta noticia está absolutamente confirmada por una nota de la Embajada chilena en Madrid que se ha recibido en México y que obra en nuestro poder.
         Con este motivo, para recordar a Miguel Hernández y exaltar su obra y protestar al mismo tiempo contra su encarcelamiento, martirio y muerte, hemos pensado celebrar una velada que será presidida por un nutrido grupo de intelectuales, escritores y artistas mexicanos y españoles. Las personas en las cuales se ha pensado para que intervengan como oradores en dicho acto son los escritores Alfonso Reyes, Octavio Paz, José Carner[4], Ruíz Funes[5], José Herrera Petere, W. Roces[6], Jules Romains[7], Ludwing Renn[8], Carlos Pellicer[9] y Pablo Neruda.
 
         La fecha de celebración será el 30 de Noviembre próximo en el Teatro de Bellas Artes, u otro lugar que se designará oportunamente. La duración de cada una de las intervenciones será aproximadamente de cinco minutos.
 
         El mismo día, en diversas capitales de América, como Buenos Aires, La Habana[10], Montevideo y Santiago, se celebrarán actos similares. Posteriormente, se editarán las obras de Miguel Hernández.
 
         Mucho nos agradaría tuviese Ud. la amabilidad de contestarnos manifestándonos su conformidad, para que podamos ya en definitiva contar con su cooperación y su intervención en este acto.[11]
 
         Manifestándole nuestro agradecimiento anticipado, le saludamos atentamente,
 
         Pablo Neruda                         Octavio G. Barreda[12]
 
         Por el Comité


    [1]En 1978, escribe Tico Medina en una Separata Especial del diario ABC: Fue hace años. Estaba vivo Neruda y yo fui a llevarle un puñado de alegrías, y una botella de aguardiente español hasta la Embajada en París, del Gobierno de Allende. La verdad es que hablamos de muchas cosas. De alguna forma, Neruda, Pablo, se moría a chorros y acariciaba la mano de su esposa. Y alli, hablando de Machado, de Federico y de Miguel, de los tres poetas muertos, y tan vivos, Pablo, que conoció personalmente, íntimamente a los tres, me dijo:

            -Si ve usted a Josefina Manresa, la esposa de Miguel, cuando vuelva a Levante, háblele de mí, y entenderá cómo Miguel era como mi hijo. Por mucho tiempo, mi casa de Madrid fue su casa y a ella venía cada día y cada noche. Yo asistí al “deslumbramiento” de Miguel, porque era un chico campesino, muy campesino, que abrió los ojos muy cerca de mí, al mundo, a la vida civil; al espectáculo de la conciencia que se desarrolló en él. Hasta entonces, sólamente era un aprendiz de la poesía. Mejor dicho, un genial aprendiz de la poesía. Pero con su transformación moral, él se desarrolló ante mi vista como un gran árbol que tomara cada vez más posesión de toda su facultad, de toda su posibilidad. Miguel Hernández fue uno de los fenómenos poéticos más extraordinarios que me ha tocado conocer y ver… Así que si ve a su viuda, digale de mi parte tanto como la quiero… y con eso ya es bastante, que en eso está encerrado todo.
(Tras las huellas del poeta. Tico Medina. Separata especial. Los domingos de ABC. 1978)

    [2]Como sabemos, el traslado solicitado por Miguel y gestionado por Vergara Donoso, no sólo se debió a un deseo de “mejorarlo de clima”. En la prisión de Ocaña era visitado por otros gérmenes tan virulentos como los que causaban su enfermedad. Eran los Almarcha, Sánches Maza, Cossio y otros que se decían sus amigos y sólo pretendían arrancar de Miguel su adhesión al bando triunfante, firmar un arrepentimiento, destruir su firmeza ideológica. Así lo dice Miguel a su esposa:

Almarcha y toda su familia y demás personas de su especie que se guarden muy bien de intervenir para nada en mis asuntos. No necesito para nada de él, cuando he despreciado proposiciones de otros mucho más provechosas. Ya te contaré, y comprenderás que no es posible aceptar nada que venga de la mano de tantos Almarchas como hay en el mundo. Sería una verdadera vergüenza.
Seguramente, esta porfía le costó la vida al poeta. Sin embargo, Miguel Hernández, a casi cien años de su nacimiento, es el poeta muerto más vivo que se conozca.

    [3]Se refiere a la Carta abierta a Pablo Neruda, de Juan Ramón Jiménez. (Cartas literarias, Barcelona, 1977. págs. 38-39; Citado por Lev Ospovat en El hombre es infinito. Revista Araucaria de Chile, Nº 29, Madrid 1985. págs. 55-80.) En ella, el poeta español se retracta de conocido epíteto contra Neruda. Su larga estancia en tierras americanas le hacen ver de otro modo muchas cosas de América y de España:

…entre ellas la poesía de usted. Es evidente ahora para mí que usted expresa con tanteo exuberante una poesía hispanoamericana general auténtica, con toda la revolución natural y la metamorfosis de vida y muerte de este continente. Yo deploro que tal grado poético de una parte considerable de Hispanoamérica sea así; no lo sé sentir como usted; pero “es”. Y el amontonamiento caótico es anterior al necesario despejo definitivo, lo prehistórico a lo posthistórico, la sombra turbulenta y cerrada a la abierta luz mejor. Usted es anterior, prehistórico y turbulento, cerrado y sombrío
           

    [4]José Carner (1884-1970), poeta y diplomático español, autor de obras como el Vergel de las galanterías (1911) y  Luna y linterna (1935).

    [5]Mariano Ruíz Funes García (1989-1953), catedrático y político español que posterior a la Guerra Civil Española estuvo exiliado en México.

    [6]Wenceslao Roces Suárez, Jurista, Historiador, Traductor y Político Republicano español. Nació en Soto de Sobrescobio, Asturias, el 3 de Febrero de 1897, falleció en México el 29 de Marzo de 1992.

    [7]Jules Romains (1885 -1972), escritor y poeta francés, autor de obras como El Hombre de buena voluntad (1932 – 1946) y Los Niños en la pieza de atrás (1937).

    [8]Ludwig Renn (1889-1979), académico y escritor alemán que a partir de su llegada a México en 1940, fue profesor en la Universidad de Morelia.

    [9]Carlos Pellicer (1899-1977), poeta y político mexicano, autor de obras como Colores en el mar y otros poemas (1921) y Recinto y otras imágenes (1941).

    [10]El 20 de Enero de 1943, en el Salón de Recepciones del Municipio de La Habana , tuvo lugar un acto de homenaje a Miguel Hernández. Organizado por el Frente Nacional Antifascista y el Comité de Homenaje a Miguel Hernández. Asistió lo más firme de la intelectualidad cubana. Estuvieron presente las misiones diplomáticas de Chile, México y Perú, en las personas de los escritores Manuel Eduardo Hübner, José Gorostiza y Pablo Abril de Vivero. La banda municipal interpretó el Himno Nacional y el Himno del Riego. Leyeron estudios sobre Miguel, tres escritores cubanos: Nicolás Guillén, Enrique Serpa y Juan Marinello; a nombre de los escritores españoles habló Féliz Montiel, diputado de la República y profesor universitario. Paquita Peyró declamó algunos poemas del poeta-soldado. Después de una cálida adhesión de Hübner en nombre de su tierra, Alejo Carpentier prologó con atinadas palabras la audición de un disco tomado por él de la voz de Miguel Hernández, que el numeroso público escuchó de pie con silenciosa y profunda emoción.

Las intervenciones en este acto se plasmaron luego en un libro, “Homenaje a Miguel Hernández”. Palacio Municipal de La Habana. Enero 20 de 1943. Impreso en Cuba. Tipografía La Habana.

    [11]Sabemos que Alfonso Reyes no asistió al acto de homenaje. El 7 de noviembre respondió felicitándolos por la idea de evocar a Miguel Hernández, gran poeta, hombre bueno, víctima de incalificables desmanes, pero se excusa de asistir por absoluta imposibilidad y ausencia.

    [12]Octavio Gabino Barreda, Ciudad de México, 1897 – Guadalajara, 1964. Poeta. Fundador y director de revistas literarias, diplomático y traductor.