En la izquierda a veces los símbolos se entregan a la militancia y la definición de la línea política queda para los dirigentes. La revolución tiene fuertes y bellos símbolos, colores, banderas, canciones, imágenes, gritos. La obra esclarecedora y vida ejemplar de conductores, pensadores, artistas, combatientes. Una tarea es conservarlos vivos, enseñarlos, defenderlos.
Esos símbolos son sólo una parte de la búsqueda y edificación popular del socialismo. Otra es la necesaria toma de decisiones políticas en las cambiantes condiciones del tiempo.
Un crimen democrático es limitar el derecho de la base a tener, llevar, reproducir y lucir los emblemas mientras las cúpulas determinan los objetivos a perseguir en los diferentes momentos. La línea de acción no es un aspecto de segundo orden de los símbolos partidarios.
Hay que entonar los himnos, llevar los lienzos, recitar los poemas, marchar, pintar los recuerdos. Y más. Estudiar, analizar, discutir, criticar, elegir, revocar, equivocar. Ser el pueblo militante que manda.
Cuando los pocos de siempre fijan lo que se hará, el pueblo y los signos gloriosos se encaminan a una derrota. La semiparticipación fracasó dolorosamente pero sigue su práctica. Las dirigencias profesionales diluyen la opción socialista retrasando sus objetivos históricos.
El pueblo que lucha tiene que ir con su historia, su arte y su voz que decide. El izquierdista debe definir los pasos en la vida del movimiento. Por ningún ofrecimiento subalterno debe permitir cambiar la marcha del sur.
romulo.pardo@gmail.com
Un crimen democrático es limitar el derecho de la base a tener, llevar, reproducir y lucir los emblemas mientras las cúpulas determinan los objetivos a perseguir en los diferentes momentos. La línea de acción no es un aspecto de segundo orden de los símbolos partidarios.
Hay que entonar los himnos, llevar los lienzos, recitar los poemas, marchar, pintar los recuerdos. Y más. Estudiar, analizar, discutir, criticar, elegir, revocar, equivocar. Ser el pueblo militante que manda.
Cuando los pocos de siempre fijan lo que se hará, el pueblo y los signos gloriosos se encaminan a una derrota. La semiparticipación fracasó dolorosamente pero sigue su práctica. Las dirigencias profesionales diluyen la opción socialista retrasando sus objetivos históricos.
El pueblo que lucha tiene que ir con su historia, su arte y su voz que decide. El izquierdista debe definir los pasos en la vida del movimiento. Por ningún ofrecimiento subalterno debe permitir cambiar la marcha del sur.
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