Cada sociedad crea y recrea sus propios ritmos y dinámicas y por lo mismo genera procesos históricos irrepetibles, normalmente liderados por personalidades carismáticas únicas, que no pueden ser extrapolados a otras realidades. En sociedades en tensión o en procesos de transición los liderazgos, de los más diversos tipos, suelen cumplir un rol fundamental tanto para los individuos que las integran como para las institucionalidades que les dan forma.
Los liderazgos genuinos, aquellos que se forjan desde la base, a partir del contacto directo con las personas, y no aquellos que surgen como consecuencia de las encuestas, de las intervenciones mediáticas y/o de los intereses de algunos pocos, logran concitar la atención de las personas en torno a temáticas sentidas, movilizar efectivamente las voluntades, despertar la necesidad de alcanzar niveles de organización mayores, estructurar proyectos y propuestas de solución y activar un conjunto de dispositivos de movilización orientados a establecer los espacios de negociación con las distintas estructuras de poder a fin de lograr reconocimiento, establecimiento de derechos y el respeto a los mismos.
En el proceso en que un sujeto desarrolla algún tipo de liderazgo en la sociedad, que para efectos de este artículo denominaremos genuinos, normalmente intervienen tres factores. En primer lugar, la capacidad del sujeto para reconocerse en su entorno social en función de sus intereses y necesidades, ligadas estrechamente con la de importantes segmentos sociales. La comunidad de intereses que surge entre liderazgo y seguidores permite configurar, desde el punto de vista simbólico y en muchos casos también prácticos, importantes niveles de vinculación y de compromisos mutuos. La sensibilidad y la capacidad para percibir, acoger y recoger las aspiraciones y propuestas de las personas también ayudan a consolidar la comunidad de intereses.
En segundo lugar, el sujeto que ejerce algún liderazgo, suele promover iniciativas para dar organicidad y estructura a las conciencias y voluntades que comienzan a articularse en torno a las ideas y propuestas que surgen de la constatación de sus necesidades e intereses, en la mayoría de las veces, propias de un determinado sector de la sociedad. En este contexto, los liderazgos aspiran a alcanzar dos objetivos. Por un lado, visibilidad pública por medio del reconocimiento social y político. Por otro, estructuración orgánica y reconocimiento legal para actuar frente a potenciales interlocutores.
Y en tercer lugar, la habilidad y la capacidad para formular un cuerpo de ideas y un conjunto de principios y valores coherentes y consistentes para expresarlas en proyectos y propuestas, tanto para los seguidores como para el conjunto de la sociedad. La capacidad para comunicar las ideas nucleares del mensaje y para transmitir los principios y valores esenciales del discurso son fundamentales en cualquier liderazgo. Es sabido que en todo liderazgo el discurso y el mensaje contribuyen significativamente a crear confianzas y a construir la credibilidad, elementos imprescindibles para establecer la adecuada conexión y unidad entre liderazgos y conciencias y voluntades de los seguidores.
Clotario Blest Riffo fue uno de esos líderes sociales que emergió desde el anonimato, desde la base social, desde el contacto directo con sus representados y que irrumpió con inusitada fuerza y convicción para desafiar constructivamente, primero a los propios trabajadores y luego a las autoridades políticas y gubernamentales de Chile.
“Don Clota”, como era conocido en el mundo sindical, y también entre amigos y adversarios, representó el sentir de importantes sectores sociales de una creciente clase trabajadora chilena de mediados del siglo pasado, que aspiraba a obtener más derechos; a sindicalización, a estabilidad laboral, a sueldos dignos, respeto a la diversidad, mayor justicia y seguridad social, organizaciones sindicales fuertes y autónomas, entre tantas otras cosas.
Don Clotario Blest Riffo forma parte indiscutible de los numerosos personajes de la historia republicana que han contribuido a configurar la actual fisonomía de la sociedad chilena. La importancia y significado que su obra y legado actualmente adquiere para diversos sectores, no se condice con la invisibilidad y falta de reconocimiento público en la que ha permanecido por años.
El 17 de noviembre próximo se cumplen 109 años desde que en una humilde familia santiaguina naciera “Don Clota”. Es la ocasión oportuna para analizar su vida de luchador incansable por los derechos de los trabajadores y de los ciudadanos, y al mismo tiempo, reflexionar acerca de su obra y del legado que su ejemplo de vida dejó a los chilenos y a las nuevas generaciones.
El origen humilde, las vivencias de sacrificios, privaciones y carencias junto a su madre, las humillaciones que experimentó y la temprana formación cristiana que recibió “Don Clota”, marcaron su personalidad, determinaron la forma de relacionarse con su entorno y forjaron sus convicciones más profundas; las que imprimió a sus actos durante toda su vida.
Su legado organizador
Su legado es enorme y con el transcurso del tiempo será adecuadamente valorado y reconocido. A revisar su vida, su capacidad para organizar las aspiraciones y las esperanzas de los trabajadores y ciudadanos resalta de inmediato. Tempranamente entendió que sólo con la organización y movilización de los trabajadores era posible conseguir los objetivos propuestos. Para tales efectos se esforzó por crear organizaciones representativas, fuertes y con capacidad de alcanzar acuerdos con otras organizaciones del sector, a fin de aunar fuerzas y ampliar los ámbitos de influencia social y política.
Entre 1931 y 1976 crea y contribuye a fundar numerosas organizaciones sindicales, sociales y políticas, tales como: 1931 Liga Social de Chile (LSC), 1938 Asociación Deportiva de Instituciones Públicas (ADIP), 1943 Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), 1953 Central Única de Trabajadores (CUT), 1965 Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), 1970 Comité de Defensa de los Derechos Humanos (CDDH), el que volvería a revitalizar en 1976, en los momentos más duros y salvajes de la dictadura militar de Pinochet. En el mismo período, ayuda a fundar la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos.
Su legado unitario
Clotario Blest luchó toda su vida por lograr la unidad de la clase trabajadora y de los ciudadanos más humildes. Se esforzó por hacer ver a sus seguidores que sólo la unidad y la coordinación de esfuerzos permitían asegurar avances concretos para los trabajadores. Luchó incansablemente por la independencia de la clase trabajadora respecto de organizaciones ideológicas y políticas. Sostenía que la unidad de los trabajadores se lograba fundamentalmente cuando se deponían aspiraciones e intereses partidarios y se enfatizaba en los de la clase trabajadora.
Las organizaciones que creó o ayudó a fundar reflejan precisamente un tipo de unidad basado en la transversalidad de pensamientos y de orientaciones doctrinarias y políticas. Las numerosas huelgas nacionales y movilizaciones a las que convocó y encabezó se estructuraron sobre la base de la unidad en la acción. No obstante lo señalado, las dificultades que sin duda es posible constatar en el desarrollo de las organizaciones sindicales, sociales y políticas que fundó obedecen precisamente a coyunturas nacionales en las que los intereses ajenos a los de la clase trabajadores se impusieron o debilitaron la unidad construida.
Su legado moral
El apego a los principios y a los valores que inspiraron su pensamiento y su acción, así como el respeto a la palabra empeñada, a los acuerdos logrados y los compromisos adquiridos es otro de los legados que ha dejado Clotario Blest a los chilenos. Para él sus principios, valores y convicciones humanistas, democráticas, de justicia social, de solidaridad y del derecho constituían las cimientes sobre los cuales debía construirse la unidad de los trabajadores y la movilización de sus esperanzas y energías creadoras para alcanzar más beneficios y más derechos.
Los encarcelamientos, las presiones, los amedrentamientos, las amenazas y las golpizas que sufrió en su vida, hasta muy avanzada edad, no hicieron mella en él y no debilitaron sus planteamientos. Muy por el contrario, su vida aparece como una muestra palpable de consecuencia, coherencia y consistencia entre pensamiento y acción. En no pocas oportunidades optó por alejarse de conflictos prácticamente irreconciliables antes de generar con sus posiciones quiebres en las organizaciones de los trabajadores. Su legado moral para las nuevas generaciones de dirigentes sindicales, sociales y políticos se encuentra precisamente en su consecuencia. Nunca quiso nada para él y un día simplemente se alejó vistiendo su desgastado overol azul y luciendo su blanca barba de hombre sabio.
Su legado de sencillez y humildad
Su mayor riqueza no fue la acumulación de bienes ni de favores, tampoco fue la buena vida y la abundancia, por el contrario, su riqueza más preciada se encuentra en su fortaleza de espíritu, su conciencia limpia, su honestidad con los demás, su sencillez para llegar a las personas con su mensaje y la profunda humildad que desarrolló consigo mismo.
Cuando hoy en día la farándula y los medios de comunicación elevan los egos y despiertan las vanidades, la sencillez y la humildad de “Don Clota” sobresale.
Del legado de Clotario Blest, ¿qué se puede apreciar en el comportamiento, en el discurso y en la actitud de los dirigentes sindicales, sociales y políticos actuales? ¿Hasta dónde la invisibilidad en la que permanece su figura y su obra no es otra cosa que una decisión fríamente pensada y calculada para evitar el surgimiento de liderazgos con la impronta y altura moral de “Don Clota”?
Según datos de la OIT, Chile presenta uno de los índices más bajos de sindicalización entre de los países de la región, índice que desde el 2006 a la fecha ha fluctuado en un 11% del total de la fuerza de trabajo del país. Este fenómeno no obedece exclusivamente al carácter del modelo de desarrollo económico adoptado por el país, sino que en gran medida responde también a la calidad y a la actitud de algunos dirigentes y al comportamiento errático y dubitativo de ciertos liderazgos que transitan por entre los claroscuros de la política sindical.
En los tiempos de crisis económica y de movilizaciones por sueldos dignos para el sector público es importante destacar la humildad y sencillez de Clotario Blest, un luchador incansable, un dirigente que efectivamente ejerció un liderazgo sobre importantes sectores de la sociedad y una personalidad que sin dobleces denunció las injusticias del sistema y anunció posibles caminos para encausar las esperanzas y para lograr el reconocimiento de derechos inalienables que permitieran mejorar la calidad de vida de cientos de miles de trabajadores.
Patricio Bustos Pizarro
patriciobustos@hotmail.com
Santiago, noviembre 14 de 2008
