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Agosto 18, 2026

Víctimas de segunda clase

Mientras la alcaldesa de Lizartza, Regina Otaola (PP) pide que se haga justicia a todas las víctimas de ETA, en el homenaje oficial a Ramiro Quintero, guardia forestal y ex guardia civil que fue asesinado en esta localidad vasca en 1978, su homóloga, la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá (PP) permite la profanación de las fosas comunes de las víctimas del Franquismo, impidiendo que obtengan al menos una justicia simbólica y no solo olvido.

Un supuesto negocio referente a los espacios “libres” en el cementerio de esta ciudad levantina hace que el ayuntamiento vea más conveniente incluso construir encima, antes que permitir la exhumación.

¿Qué hace a una víctima merecedora de justicia? Cuando el asesino es un supuesto jefe de estado como Franco, y se mata a miles de personas, todo se entierra y cae en el olvido. Es política, historia, pasado… Si es la víctima de un terrorista de ETA, entonces hay que reclamar recuerdo constante y justicia inmediata.

Una madre que ha vivido el asesinato de su hijo, o un hijo que ha vivido la detención y fusilamiento de sus padres merece justica, hoy, mañana o dentro de treinta años. No hay balas más o menos dignas de nuestra protesta, no hay criminales con más o menos estatus en la justicia. No debería haber nunca víctimas de segunda clase, ni discriminadas por una u otra razón política absurda. No debería haber conflicto político ni políticos demócratas que usaran estas razones como alimento para sus carreras electorales. ¿Qué encuentra el PP tan apasionante en este tema como para levantar tanto la voz y sacar a las asociaciones de víctimas a la calle? Influencia en la opinión pública, espacio gratuito en la televisión, un arma arrojadiza en la pelea política. En otras palabras: votos.

¿Qué hay enterrado en ese pasado, que con tanta fuerza el PP lucha para que permanezca enterrado? Cierto sentimiento de culpa, quizá, ya que su líder y fundador, el Sr. Fraga, fue Ministro de Franco, es admirador declarado de Franco y no se sabe si cómplice en alguna de esas injusticias y crímenes de la dictadura.

Dar el lugar que les corresponde a las víctimas del franquismo sería tener que admitir y aceptar que su líder fue cómplice de un asesino. ¿Con qué razones morales puede el PP reclamar justicia para unas víctimas de la violencia política, cuando se lo niega a otras?

Por muchos años que hayan pasado, por mucho dolor que los pactos políticos hayan causado a los familiares aun vivos, el crimen sigue ahí. Los muertos continúan en fosas comunes y en muchos casos sin una triste placa que les recuerde.

El problema ahora es el pique de ideologías políticas y personales entre un juez y la fiscalía. Un pique absurdo de egos y prepotencia, un duelo institucional de “a ver quién la tiene más grande” que está pisoteando y agrediendo el recurdo, la memoria, los sentimientos e incluso a la mismísima justicia, a los familiares que hasta la fecha no han tenido por parte de esa justicia ni un gesto favorable.

Si el juez Garzón lo hace por salir en los periódicos o no, es irrelevante. El caso es que hay miles de cadáveres esparcidos en España, restos de hombres mujeres y niños asesinados que esperan a que alguien se acuerde de ellos.

No debe haber víctimas de tercera o de segunda. No debe haber homenajes a unos sí y a otros no. Ningún político debería presentarse a un homenaje y luego hacer un plante a otros como ha hecho el PP, que nunca se ha presentado a los homenajes parlamentarios a las víctimas del franquismo.

La justicia no debe tener olvido ni mirar hacia otro lado por la conveniencia de partidos o personas con ideologías afines al asesino.

La justicia sabe dónde están esos cadáveres. El gobierno también (como en el caso de Valencia) ¿Por qué no se aplica el procedimiento policial habitual y reglamentario cuando aparecen restos humanos? No es que no haya justicia, es que hay injusticia, hay fuerzas políticas que presionan para que haya olvido, para que se construya encima, para que nadie recuerde lo que aquí ocurrió. Se dice que el pasado debería quedar en el pasado, pero reclaman a gritos justicia para las víctimas del presente, aunque algunas de esas víctimas son ya de hace más de 30 años.