Ambas ganaron perdiendo. La Concertación y la Alianza obtuvieron medallas de triunfo que en su reverso lucían una derrota. Eso convierte en una azarosa apuesta el camino a La Moneda, en cuya puerta –así como en la del Congreso- se divisan dos referentes bisagra.
Tanto la Concertación como la Alianza tuvieron un triunfo y una derrota, a la vez, en las elecciones municipales del domingo, lo que deja abierta la posibilidad de que cualquiera de ambas gane la próxima contienda presidencial. Al mantener el oficialismo una distancia de nueve puntos sobre la oposición en los resultados de concejales, confirma una sólida plataforma para ganar, por lo menos, la mitad del nuevo Parlamento y aspirar a un quinto gobierno. Pero el hecho de que, por primera vez, haya quedado por debajo de la derecha en los porcentajes correspondientes a alcaldes sugiere que ésta última, con un abanderado apropiado, puede quedarse con la Presidencia de la República.
Así lo adelantó ya el cuasi empate entre Lagos y Lavín el 99 y así quedó claro también en el terreno municipal el año 2000, cuando las fuerzas lavinistas conquistaron las alcaldías de significativas comunas. En una elección uninominal -como son las de Presidente y alcalde-, las fronteras partidistas tienden a borrarse, mientras en las pluripersonales -como las de parlamentarios y concejales- prevalecen las corrientes de opinión en que se divide la ciudadanía.
Conjugados ambos factores, un triunfo presidencial de la Alianza no tendría una réplica en las elecciones de senadores y diputados. Tampoco se daría necesariamente en primera vuelta, porque –tal como se confirmó el domingo- tendrá que lograr el voto de una tercera fuerza –los descolgados del PPD y la DC-, tal como Lagos y Bachelet se impusieron en segunda vuelta con el auxilio de izquierdistas alternativos. Dos referentes bisagra parecen haberse instalado en los pórticos de La Moneda y el Congreso.
De todas formas, el factor personal estará más presente que nunca de ahora en adelante y ése es uno de los cambios que se acentuó en la conducta de los votantes el domingo. De otra manera no se explican los resonantes triunfos -que rebasaron los márgenes partidistas- de Claudio 0rrego y Alberto Undurraga, de Virginia Reginatto y Carolina Plaza, por citar dos de cada lado. Incluso las victorias del socialista Jorge Gajardo y la comunista Claudina Núñez no pueden atribuirse sólo a que en La Florida y Aguirre Cerda funcionó el pacto por omisión, ya que ambos tenían trayectorias reconocidas por los vecinos. La hoja de servicios del también concejal Hugo Gutiérrez le permitió igualmente a este destacado abogado de DD.HH. obtener el segundo puesto en Estación Central, pese a la persistencia del candidato democratacristiano.
Estos ejemplos tendrán que examinarlos muy bien los partidos políticos cuando designen a sus futuros candidatos. Las cúpulas no pueden desoir a la gente que se inclina por figuras que no acomodan a los partidos. Esa fue una de las razones de la baja en alcaldes de la Concertación: muchos favoritos debieron correr por fuera ante la porfía de los dirigentes.
El hastío ciudadano no se reflejó esta vez en un aumento de los votos nulos y blancos ni de la abstención, aunque el envejecido padrón electoral tiende a fenecer lentamente por falta de renovación. La renuencia de los jóvenes a inscribirse es una bomba de tiempo que los partidos tendrán que desactivar no sólo mejorando la oferta de candidatos y el modo de designarlos. También determinando a través de encuestas de opinión y estudios sociológicos qué quieren y necesitan los votantes potenciales y reales, de modo de identificar sus problemas y aspiraciones y construir junto a ellos sus plataformas programáticas.
(Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, radio 102.5 FM)
