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Agosto 18, 2026

En la crisis: reservado el derecho de admisión

Marx, al comenzar  El dieciocho Brumario de Luís Bonaparte con su  ironía y estilo literario señaló  que  los grandes hechos, si se repiten,  no tendrían el carácter de grandeza o tragedia,  lo harían en su modalidad de  farsa o caricatura. La actual crisis  no contradice  su postulado. De forma grotesca   el  ansia  de acumulación de los capitales financieros especuladores que actúan  en las bolsas del mundo es parte de esta caricatura.

Si la tragedia se produjo  con el crack del 29 y la crisis de entre guerras del siglo XX,  la farsa esta representada  por  el  adoctrinamiento económico liberal desatado en los setenta del mismo siglo. Tratando de hacer comulgar con ruedas de molino, se cayó en el mismo mal, se repitió el mismo error. Solo que esta ocasión se cumplió la profecía marxiana. Ha sido una estampa  única, observar a los banqueros jugando contra la banca. Pareciera no importarles el declararse en  quiebra. Su convencimiento altanero deviene de sentirse controlar   los gobiernos formales y ser parte del poder transversal.  Estaban seguros que el Estado saldría en su auxilio.  Para ellos  el mundo pasó a convertirse en un casino con una  ruleta. Una gran  ruleta en la cual se puede jugar, apostar    hasta el infinito.  No hay peligro. Si cae uno, ya vendrá otro. Juegan todos contra todos y en beneficio  propio. 

Resulta obsceno verificar como los gobiernos de la derecha y socialdemócratas salen en defensa de sus  corruptas élites financieras. Desde los Estados Unidos hasta Holanda, pasando por Alemania, Italia, Francia, España  o Canadá. Miles de millones de Euros y dólares son entregados a los bancos para mantener abierto el casino. Hay que seguir  apostando a la ruleta. Se trata de  mantener la fiabilidad en el sistema y dar rienda suelta a los ludopatas. Cualquier cosa antes que poner en entredicho el orden financiero y económico mundial. De no hacerlo estarían corroborando que el capitalismo esta en crisis. Y  semejante afirmación es una herejía.  Hoy, las bolsas siguen siendo un gran negocio. Comprar en momentos de baja permite obtener pingues beneficios a medio plazo. Pero solo quienes poseen grandes sumas de dinero pueden invertir.  Mientras tanto,   a cara descubierta o de manera soterrada   se ejerce una fuerte presión sobre las clases explotadas y  dominadas, aprovechando para flexibilizar aún más el mercado laboral,  despedir a  los trabajadores a ciento y miles, acosar a los sindicatos,  privatizar y conceder mayor prerrogativas a las empresas transnacionales en su afán por recortar los derechos sindicales y laborales, ya de por si disminuidos en estas dos últimas décadas. En pocas palabras,  aumentar el grado de explotación del capital sobre el trabajo. Empresas como Monsanto, Bayer, Repsol, Iberdrola,  son un ejemplo del nuevo tipo de actuación en el orbe.  Convirtiéndose en grandes latifundistas  participan de  procesos desestabilizadores. Sin escrúpulos contratan paramilitares  en Colombia y  desplazan a los campesinos de sus territorios para plantar soja y transgénicos.  Otras apoyan a gobiernos corruptos en su ansia de  mantener en el poder a sus aliados al verse afectado sus  intereses.  Inyectan  fuertes sumas de capital  a partidos políticos, caso de México, recibiendo a cambio la palabra  de los gobernantes ilegítimos a la hora de hacerse mas adelante con los sectores estratégicos antes en propiedad del sector público. 

Verificar la caricatura de refundación del capitalismo no es un consuelo. La muerte cada dos segundos de un niño en el mundo no es una farsa. El aumento de suicidios entre los campesinos  en los países de América latina, Asia y África se relaciona con la falta de créditos y la incapacidad para hacer frente a las deudas contraídas con  los bancos. Desesperanza, frustración e impotencia. La lucha es parte de la estrategia de sobrevivencia, aunque también la muerte acaba transformándose en una mala salida cuando se reprime la  organización política y popular. Así, los empresarios se frotan las manos. Se quedan con sus propiedades y como si fuera poco  piden para ellos exenciones fiscales, limites al pago  del IVA y anular las multas contraídas con hacienda.  Es el momento para optimizar su situación. Pero los trabajadores no gozan de los mismos privilegios. Para ellos, el discurso y la política es la de ajustarse el cinturón, pagar el  IVA y ser buenos ciudadanos, es decir, pagar el cien por cien de los impuestos, las hipotecas, los préstamos, los intereses bancarios y las deudas. No hay aplazamientos posibles. De no comportarse adecuadamente, el embargo, la perdida de los bienes y el despido y la cárcel  son el horizonte más probable.   

Mientras tanto, George Bush, en un ataque de apoyo a las políticas del fondo monetario internacional y del banco mundial,  ofrece a sus amigos   miembros del G-8  y países   emergentes una reunión para hablar  de la recesión. Con un carácter entre nostálgico  por la despedida de su mandato, ha reservado  el derecho de admisión.  Seguramente en medio de cenas opíparas, los asistentes  darán un tirón de orejas a los desbocados especuladores por haber roto las leyes  del mercado. Igualmente,  estarán convencidos que las aguas volverán a su cauce dentro de unos años y es hora de capear el temporal. Así, apostarán  por seguir  apoyando   el desmantelamiento del sector público,  la privatización de la salud, la educación, la desregulación del mercado laboral,  el despido libre,  la apertura comercial y financiera.  Ninguno de ellos pondrá en duda la viabilidad del capitalismo. Ahorra recurrirán al viejo lord keynes para salvar los muebles, cuestión que no es incompatible  para evitar el colapso.

Como colofón de este esperpento, el presidente del gobierno de España, Rodríguez Zapatero, llora  no ser convocado. En un provincianismo propio del subdesarrollo cultural y social que  caracteriza a la España del siglo XXI, al decir de Vicent Navarro, el reino  moviliza todas las fuerzas para estar presente  como uno de los invitados donde esta reservado el derecho de admisión. Pobre bagaje   para un gobierno que debería estar mas preocupado por evitar que sus transnacionales no cometan genocidio, etnocidio ni desestabilicen  gobiernos democráticos  en América latina.