Resulta obsceno verificar como los gobiernos de la derecha y socialdemócratas salen en defensa de sus corruptas élites financieras. Desde los Estados Unidos hasta Holanda, pasando por Alemania, Italia, Francia, España o Canadá. Miles de millones de Euros y dólares son entregados a los bancos para mantener abierto el casino. Hay que seguir apostando a la ruleta. Se trata de mantener la fiabilidad en el sistema y dar rienda suelta a los ludopatas. Cualquier cosa antes que poner en entredicho el orden financiero y económico mundial. De no hacerlo estarían corroborando que el capitalismo esta en crisis. Y semejante afirmación es una herejía. Hoy, las bolsas siguen siendo un gran negocio. Comprar en momentos de baja permite obtener pingues beneficios a medio plazo. Pero solo quienes poseen grandes sumas de dinero pueden invertir. Mientras tanto, a cara descubierta o de manera soterrada se ejerce una fuerte presión sobre las clases explotadas y dominadas, aprovechando para flexibilizar aún más el mercado laboral, despedir a los trabajadores a ciento y miles, acosar a los sindicatos, privatizar y conceder mayor prerrogativas a las empresas transnacionales en su afán por recortar los derechos sindicales y laborales, ya de por si disminuidos en estas dos últimas décadas. En pocas palabras, aumentar el grado de explotación del capital sobre el trabajo. Empresas como Monsanto, Bayer, Repsol, Iberdrola, son un ejemplo del nuevo tipo de actuación en el orbe. Convirtiéndose en grandes latifundistas participan de procesos desestabilizadores. Sin escrúpulos contratan paramilitares en Colombia y desplazan a los campesinos de sus territorios para plantar soja y transgénicos. Otras apoyan a gobiernos corruptos en su ansia de mantener en el poder a sus aliados al verse afectado sus intereses. Inyectan fuertes sumas de capital a partidos políticos, caso de México, recibiendo a cambio la palabra de los gobernantes ilegítimos a la hora de hacerse mas adelante con los sectores estratégicos antes en propiedad del sector público.
Verificar la caricatura de refundación del capitalismo no es un consuelo. La muerte cada dos segundos de un niño en el mundo no es una farsa. El aumento de suicidios entre los campesinos en los países de América latina, Asia y África se relaciona con la falta de créditos y la incapacidad para hacer frente a las deudas contraídas con los bancos. Desesperanza, frustración e impotencia. La lucha es parte de la estrategia de sobrevivencia, aunque también la muerte acaba transformándose en una mala salida cuando se reprime la organización política y popular. Así, los empresarios se frotan las manos. Se quedan con sus propiedades y como si fuera poco piden para ellos exenciones fiscales, limites al pago del IVA y anular las multas contraídas con hacienda. Es el momento para optimizar su situación. Pero los trabajadores no gozan de los mismos privilegios. Para ellos, el discurso y la política es la de ajustarse el cinturón, pagar el IVA y ser buenos ciudadanos, es decir, pagar el cien por cien de los impuestos, las hipotecas, los préstamos, los intereses bancarios y las deudas. No hay aplazamientos posibles. De no comportarse adecuadamente, el embargo, la perdida de los bienes y el despido y la cárcel son el horizonte más probable.
Mientras tanto, George Bush, en un ataque de apoyo a las políticas del fondo monetario internacional y del banco mundial, ofrece a sus amigos miembros del G-8 y países emergentes una reunión para hablar de la recesión. Con un carácter entre nostálgico por la despedida de su mandato, ha reservado el derecho de admisión. Seguramente en medio de cenas opíparas, los asistentes darán un tirón de orejas a los desbocados especuladores por haber roto las leyes del mercado. Igualmente, estarán convencidos que las aguas volverán a su cauce dentro de unos años y es hora de capear el temporal. Así, apostarán por seguir apoyando el desmantelamiento del sector público, la privatización de la salud, la educación, la desregulación del mercado laboral, el despido libre, la apertura comercial y financiera. Ninguno de ellos pondrá en duda la viabilidad del capitalismo. Ahorra recurrirán al viejo lord keynes para salvar los muebles, cuestión que no es incompatible para evitar el colapso.
Como colofón de este esperpento, el presidente del gobierno de España, Rodríguez Zapatero, llora no ser convocado. En un provincianismo propio del subdesarrollo cultural y social que caracteriza a la España del siglo XXI, al decir de Vicent Navarro, el reino moviliza todas las fuerzas para estar presente como uno de los invitados donde esta reservado el derecho de admisión. Pobre bagaje para un gobierno que debería estar mas preocupado por evitar que sus transnacionales no cometan genocidio, etnocidio ni desestabilicen gobiernos democráticos en América latina.
