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Agosto 18, 2026

Chile –no- puede

Es increíble que en época de candidatos presidenciales espetando sus villanas promesas, la Televisión (Uno de los principales Medios de Comunicación) ofrezca prácticamente nada de espacios de debate y de formación del intelecto. Más allá de las mesas cuadradas y redondas del siempre correctísimo y a menudo derechista “Tolerancia Cero” (Chilevisión) -programa que se jacta de implacable cuando debe enfrentarse a la mediocridad de senadores y diputados, pero que a la hora de entrevistar a gente como Andrés Velasco sus panelistas se conducen como chiquillos de mamadera- y las verdades a medias de “Estadio Nacional” (TVN), no existen lugares donde analizar desde una visión critica la realidad local y menos de un interés para la juventud.

Por el contrario, el aire bucólico de nuestra pseudo-cosmopolita televisión nos trae la última moda en lo que a estupidez y naderías se refiere… ¡Día tras día!

Constituiría un error monumental encerrar a toda la juventud chilena en la habitación de la torpeza, decorada con el tapiz de los programas de televisión chilenos destinados a esta parte del público, y esto porque efectivamente (y contrario a los anhelos dominantes) existe gente inteligente. Sin embargo, la lógica del capitalismo -que es el que finalmente regenta el surtido de payasadas amontonado en la televisión– nos indica que la permanencia al aire de fruslerías como “Yingo” o “Next” se debe al favor popular a la hora de encender los televisores, consumiendo un importante sector de la juventud este tipo de programas ¿Por qué? ¿Para qué? Cierta chusma delirante en su llana ignorancia y obcecados por el relativismo de la estupidez, alegan que todo obedece al “gusto” y por lo tanto, debemos creer que las evidentes taras mentales de quienes contemplan y de quienes protagonizan estas verdaderas odas a la maldad, son nada menos que pifias generacionales e insignificantes frente la perversidad real de esas vacas histéricas de la concupiscencia y que encima tienen el tupé de expresar a través de lo alternativo, la libertad de tener o no tener hijos, de estar a favor de la píldora del día después, por ejemplo.

Lo peor que puede ocurrir es que se encierre a toda la juventud en esa matriz de decadencia que muestra la televisión, como si los anhelos, la percepción estética, los miedos y los cansancios expresados allí representaran VERDADERAMENTE una realidad generacional. Y efectivamente eso se cree o por lo menos se manifiesta. Para la televisión –que en mayor o menor grado rescata partes esenciales de la voluntad de las audiencias- los jóvenes no estamos “ni ahí” con la política, ni con el arte, ni menos con la belleza; ante todo, buscamos la felicidad a través del consumo y el apareo. Fin de la historia.
Para sustentar desde la praxis esta columna, decidí la tarde de ayer encender la televisión y ver que se transmitía. 18:30: Mega teñía de negro y escarlata su pantalla para dar la bienvenida al nuevo programa “busca parejas” del momento, la versión chilensis del ya insoportable y delirante Reality Show gringo Next. Vergüenza ajena, horror, espasmos, convulsiones y mareos: tales fueron las emociones que experimenté. De improviso surgía un corro de mozalbetes que se empinaban en los veinte años –muy feos físicamente, y supongo que moralmente también- cuyo objetivo era el encerrarse al interior de un bus y ser llamados de a uno para que un hombre o una mujer (la homosexualidad en un canal de televisión medieval como Mega es impensable) los escogiera de acuerdo a un determinado listado de categorías: mecánicas, fálicas, de culos, tetas y alfalfa. Presiento que la condición intelectual de los participantes no se aproximaba aún a los niveles mínimos de la insignificancia, lo que quedó demostrado en cada uno de los –como no- insoportables diálogos sostenidos por gente cuya vida seguramente se ha visto demasiado expuesta a la degradación, el desdén, la renuncia y el cansancio. Pero ¡Qué importancia tiene transformar al hombre y a la mujer en fetiches de circo! Lo que importa realmente, es que Fanta tiene la mejor vitrina para meter sus bebidas que nos transforman en poco tiempo de macilentos a bolas de chicharrón, y para que muchos vean a la juventud como una profusión de risas y vulgaridad proyectadas hacia el infinito, salpicada de idiotez e ignorancia, todo lo cual calará muy profundamente en televidentes que anhelan a toda costa el teñido, la cartera, las bagatelas y bisutería de las protagonistas (Todo lo cual puede verse interrumpido si se leyera el presente artículo).

Chilevisión –propiedad del candidato derechista chileno, Sebastián Piñera- se presenta con orgullo como el propietario de la guinda que corona toda esta amalgama de decadencia, con su programa “Yingo”. Yingo es una suerte de circo de barrio, donde se grita, berrea y se baila con un frenesí tribal los ula-ula de moda y que sin duda encantan a más de alguna/o. Se trata nuevamente de una vitrina donde desfila una galería increíble de artículos de consumo, adornados con la impactante presencia de la gente más ridícula y ordinaria que puede encontrarse en televisión; las tetas al aire, las cochambres que hipso facto se transforman en nuestra ciénaga del abatimiento, los culos abultados, los brazos, las piernas frenéticas, el absurdo trabajado sin contemplación y hasta el paroxismo, son los componentes de un estilo de televisión que para desgracia nuestra –si, nuestra- constituyen el tema de conversación predilecto de cientos de jóvenes que en sus paseos urbanos desmenuzan desde una óptica “critica”, todo cuanto sucede en el programa. La conversación común y corriente sostenida al interior del metro entre dos jóvenes ignorantes, atiborrados de mercadería a modo de vestimenta y perfumados con el elixir de bebé más barato del supermercado, puede resumirse así “Oye Iloveny, cashaste lo que pasó ayer en yingo”, “Ayy, no po Cassandra, es que los quedamos con el Peter Alejandro mashetiando en el Portal Lyon”. Ecce Hommo Chilensis.

Todavía no pierdo la esperanza de que se otorgue justo espacio en la Televisión –el merecido por mantener todos al unísono la continuidad de la caja idiota- a los jóvenes inteligentes para que puedan expresar sus miedos y sus sospechas, su moral y majestuosidad, indispensable para tocar el corazón y sensibilidad de generaciones enteras que ven fugarse sus cerebros a través de las naderías dispuestas por el mercado que agujerean sus empequeñecidos cerebros, y que se nos explica que sólo están allí para la encomiable entretención. Pero tal escenario es demasiado remoto, pues a pesar de todas las crisis del intelecto y del dinero, de los vaivenes de la alegría, la tragedia y la razón, el 2009 vendrá repleto de nuevas alternativas… 200 años de historia chilena precisan un jolgorio colectivo con erecciones y tributos por doquier, el bicentenario de la soledad y la desdicha, que se vestirá de galas púrpura y carmesí para seguir ocultando la realidad bajo la alfombra, hasta que nuevamente explote todo pero cuando el gobierno de turno vea asegurado su sitial en nuestro infierno.

anibal.venegas@gmail.com