Segundo, el pequeño agricultor debe buscar nichos de mercado muy específicos y pequeños y no grandes mercados mayoristas o supermercados. El restaurante del barrio, el hotel con una cocina de calidad, incluso, los grupos familiares de una comunidad determinada. Debe procurar, en definitiva, acercarse lo más posible al propio consumidor. La exigencia ineludible para mantener estos nichos es ofrecer una alta calidad en sus productos.
Tercero y último, agregarle valor a sus productos en forma artesanal. Picando y embolsando productos, deshidratando hortalizas, elaborando mermeladas, ahumando carnes, elaborando y preservando productos en vinagres, aceites, especias, etc., etc.
Puede que estas estrategias no apunten a futuros de grandes fortunas. Sin embargo, pueden lograrse futuros muy estables y seguros, donde el trabajo familiar puede irrogar un sustento en el mediano y largo plazo.
Si a un pequeño agricultor no le gusta este futuro y quiere realmente “volar” más alto de lo acostumbrado, la única vía es la asociatividad entre iguales, formando así una empresa de grandes proporciones entre cinco, diez, veinte o más productores.
Esta vía requiere sí, una suerte de grupo absolutamente afiatado, cohesionado, donde los problemas se traten y solucionen fríamente, cosa que en Chile no suele ocurrir.
Si no quiere asociarse y aún quiere ser motocultor, es decir, cultivador de un solo rubro o pocos, debe buscar la solución vía la llamada “agricultura de contrato”. Esto significa establecer un compromiso con una agroindustria donde esta última se comprometa a comprarle la producción al pequeño agricultor.
Director
Escuela de Ingeniería en Agronegocios
