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Agosto 18, 2026

Chile y la Cita de Unasur

Lo notable: el rápido y contundente apoyo al relegitimado gobierno de Evo. Lo opaco: la neutralización por Lula y Bachelet de la condena de Chávez al  intervencionismo estadounidense. Lo negativo: el poco disimulado apoyo de la derecha chilena al secesionismo boliviano. 

El rápido y categórico espaldarazo de las 12 naciones de la Unión Sudamericana al gobierno de Evo Morales tuvo la doble virtud de apuntar tanto a la preservación de la democracia en Bolivia como a su integridad territorial.

Lo nuevo de la intentona golpista contra el Presidente relegitimado en las urnas -en agosto último- con el 67,4% de los votos es su corte cívico-prefectural: las autoridades (prefectos) de cinco departamentos (provincias) seguían una estrategia secesionista, al agitar con renovado vigor viejas demandas autonómicas y eso lo condenaron claramente los colegas de Evo, así como el copamiento de instalaciones gubernamentales.

En consecuencia, enviarán dos misiones a ese país: una para investigar imparcialmente la masacre en el departamento de Pando y otra para “ayudar” en la mesa de diálogo presidencial.   

Los conservadores, los nostálgicos del viejo orden establecido en América Latina querían que fuese la OEA la que examinara el conflicto en Bolivia: para  que observara los acontecimientos, llamase al diálogo y la pacificación y, para en definitiva, no hacer nada en el curso de interminables deliberaciones antes, durante y después del eventual derrocamiento del gobierno constitucional de ese país.

Así ocurrió, por lo demás, en 2002, cuando se mantuvo alejado por horas del poder al Mandatario venezolano Hugo Chávez, con el apresurado beneplácito de algunos gobiernos de la región.

Para pesar de los conservadores, hoy está en pleno proceso constitutivo la Unión Sudamericana de Naciones, Unasur, que al igual que la modélica Unión Europea, entiende que la integración económica, física y social conlleva también el concierto diplomático para hablar a una sola voz frente a los problemas que atañen a sus Estados miembros y en los grandes asuntos de la política exterior.

En términos estructurales, lo que inquieta a los partidarios del viejo orden internacional es que Estados Unidos está naturalmente fuera de la nueva agrupación sudamericana y, en la coyuntura, que ella nació por el impulso del Presidente venezolano y puede quedar bajo su influjo, en un escenario donde predominan los gobiernos progresistas y de izquierda, aunque con el infaltable barniz neoliberal.

Para la derecha chilena es también una buena oportunidad para aportillar al secretario general de la OEA, el presidenciable José Miguel Insulza, quien se unió a la cita, porque a su organismo efectivamente le corresponde seguir lo que la Unión Sudamericana acuerde.

La Alianza opositora aprovechó la ocasión, además, para condicionar sus votos para la ratificación y el financiamiento por el Congreso de Unasur a su conducta ante el conflicto boliviano. Si hallan que los mandatarios sudamericanos se supeditan a las posiciones del venezolano –en un proceso que aún no termina, advierten los dirigentes de RN y la UDI- , simplemente bloquearán la entrada de Chile a la nueva instancia, asegurándole al Estado un nuevo papelón internacional, como el de la Corte Penal multilateral, con el agravante de que Michelle Bachelet fue elegida por sus pares como la primera Presidenta Pro Témpore de la flamante Unión.

El alineamiento de la derecha con los secesionistas del oriente boliviano se disimuló menos aún cuando quiso señalar a Chávez y no a Evo como el protagonista principal de la cita de Santiago, centrando sus fuegos en el intervencionismo de Caracas y eludiendo el rol desempeñado por el embajador estadounidense en La Paz, al abogar para del conflicto se ocupase la OEA, con Washington adentro.

Ha sido un mal momento internacional para la derecha chilena: su presidenciable más aventajado aparece prestándose para una operación de inteligencia del gobierno colombiano, que quiso involucrar al chileno en las supuestas conexiones de las Farc con movimientos como el mapuche.

Por cierto, hasta el mentor latinoamericano del piñerismo, el Presidente Alvaro Uribe, llegó a la cumbre de emergencia de Unasur, consecuente con su acuerdo para  formar el nuevo bloque sudamericano. Es que los movimientos integracionistas tienen una dinámica tal que se hace imposible para algunos Estados elusivos pararlos del todo.

Otra cosa es lo que se logre con las instancias funcionando. En eso la derecha puede estar tranquila. No tanto por el rol que pueda jugar Uribe –bastante desprestigiado a nivel internacional, pese a su abrumador apoyo interno-, sino por la cautela de Lula, la renuencia de Alan García, y por algo que no se dice públicamente: el gobierno de la Presidenta Bachelet se cuida mucho de lo que estima excesos del exuberante Hugo Chávez. Así se comprobó durante el cónclave de seis horas en la Moneda. Allí los dirigentes chilenos y brasileños neutralizaron los intentos del líder bolivariano de condenar expresamente a los Estados Unidos por su inveterado intervencionismo.      

(Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, radio 102.5 FM)