11 de septiembre. Hoy cumplo 35 años de duelo. El 11 de septiembre de 1973 murió no sólo el Presidente Constitucional de mi país: murieron con él la democracia, la libertad, la esperanza de un país más justo, más soberano, más independiente. Mi duelo no es sólo por ese 11 de septiembre de 1973: es por el Chile de este 11 de septiembre de 2008, regido por una Constitución impuesta en dictadura y adoptada en democracia, en esta democracia a medias, acotada y cercenada. Por su clase política posmoderna que evita el debate de los grandes temas en pos de consensos cupulares. Por su modelo económico neoliberal, intrínsecamente excluyente.
Por la discriminación vergonzante del pueblo mapuche, que además de menospreciado por las autoridades es el más pobre entre los pobres. Por la discriminación de los inmigrantes que llegan en busca de trabajo para sobrevivir y – por el contrario -la aceptación irrestricta del capital extranjero. Por la indiferencia ante la urgente necesidad de integración regional y la falta de compromiso con gobiernos del área que levantan proyectos populares. Por la soberbia de proclamarse “los jaguares de América” mientras mantienen en la pobreza a gran parte de su población, con una distribución del ingreso que es de las más injustas del mundo.
Por la falta de oportunidades para los jóvenes.
Por la brutal represión policial en contra de los jóvenes que protestan..
Por la impunidad “por razones de Estado”.
Por los torturados que sobrevivieron y que los informes oficiales excluyen y
por los torturadores que gozan de libertad.
Por las tumbas que siguen siendo NN.
Por la compensación monetaria a los familiares de los ejecutados.
Por la heroica espera activa de los familiares de los desaparecidos a quienes se pide voltear la página.
Por los que debieron vivir fuera de su patria y que hoy, retornados, se sienten exiliados en ella.
Por los excluídos de participar en política. Por las reformas postergadas que los siguen excluyendo.
Por la falta de espacios donde expresarse, por la censura y sobre todo por la autocensura.
Porque mientras hoy en muchos lugares del mundo se rinde homenaje a Salvador Allende por su limpia trayectoria, su invariable compromiso y leltad con su pueblo, en Chile habrá dos conmemoraciones: la de los allendistas leales, demócratas auténticos y la otra, oficial, tibia, a medias, acotada y cercenada, como la actual democracia chilena.
Ximena Ortúzar
Periodista chilena residente en México
ortuzarxim@yahoo.com