google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

Cuando amanece el día

 A los que cayeron defendiendo el Gobierno Popular. A los que sobrevivieron y continúan con su legado democrático, entre ellos mi padre.

En  mi casa familiar se había instalado el Comando electoral de la Unidad Popular. En un amplio corredor trabajaba mi padre junto a sus compañeros, revisando cifras, anotando números que llegaban de todos los rincones de la provincia.

En una radio a pilas escuchábamos los despachos de las principales ciudades del país. Era una tarde tibia y algo nublada. Había tensión en el ambiente. El nerviosismo se hacía presente en los numerosos cigarrillos Hilton 100, cabaña sin filtro, Monza que fumaban. En aquella casona familiar que albergaba a amigos y varias generaciones –las cuales no todas votaban por el Dr. Salvador Allende- se sentía la historia que venía por las alamedas curicanas. Entrada la noche recuerdo que alguien me dijo “¡¡¡Ganó el Dr!!!…. ¡¡¡Ganó el Dr.!!! Ganó Allende!!!” y desde el estudio de mi padre, de un disco de vinilo, sonó fuerte, airoso, premonitoriamente marcial el Himno de la Unidad Popular.

No conozco un mes como Septiembre tan cargado de historia. Tan repleto de encontrados sentimientos. Significativas fechas, alegrías y tristezas, esperanza y muerte, olvido y metralla, pólvora y resistencia. Septiembre luminoso. Septiembre de amor enlutado. No conozco un mes como septiembre que esté grabado tan hondamente en la memoria del pueblo chileno. Las nuevas generaciones desconocen que el 4 de Septiembre se elegía a los presidentes de Chile y estos asumían en Noviembre. Era una fiesta –en lo que históricamente podía ser una fiesta- de la democracia.
 
Hace 38 años tuve el privilegio, siendo un niño, de escuchar uno de los discursos más bellos. Lo pronunció Salvador Allende Gossens, desde los balcones de la Federación de Estudiantes de Chile, FECH. Lo escuché por la radio. En esos años vivía en mi Curicó natal. A ese bello texto se le conoce como el Discurso de la Victoria. Rescato algunos pasajes significativos de aquella memorable intervención, en la que el Dr. Allende, en mangas de camisa, apoyado en un balcón le habló con el corazón a esa América esperanzada representada por los hombres y mujeres que hicieron posible su triunfo, luego de tres intentos electorales en que se fue sembrando la semilla que germinó en conciencia política: “victoria que abre un camino nuevo para la Patria, y cuyo principal actor es el pueblo de Chile aquí congregado!” “De ninguna manera, vamos a claudicar, a comerciar el programa de la Unidad Popular, que fue la bandera del primer gobierno auténticamente democrático, popular, nacional y revolucionario de la historia de Chile.”

En este septiembre histórico, mes de volantines y recuerdos, es justo señalar también que se cumplen 50 años desde que en 1958 triunfó el candidato de la derecha Jorge Alessandri Rodríguez (gobernó de 1958 a 1964), el hijo del “León”, como llamaban a su padre, el también Presidente de la República, Arturo Alessandri Palma, ambos del sector social que Violeta Parra, en su memorable canción “La Carta”,  los retrata como “el León es un sanguinario en toda generación” aludiendo a la masacre de los jóvenes nacional socialistas de Septiembre de 1938, conocida como Matanza del Seguro Obrero y posteriormente la represión de los mineros del carbón durante el Gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez. Retrata a la derecha chilena su impronta trágica. Su sello golpista. Memoriosa para recordar y celebrar el “pronunciamiento militar” como llaman al sangriento Golpe de Estado de Septiembre de 1973, y ni siquiera un modesto clavel para recordar la última vez en que accedieron al gobierno en forma democrática, mediante el voto. Se inflan de orgullo por la sedición golpista y olvidan sus significativas gestas electorales.

Han pasado treinta y ochos años desde que en esa pequeña radio a pilas escuché la voz del Presidente Allende, con sus pulmones al máximo, hablando al pueblo de Chile y llenado de altos martillos la mañana. A esa generación de hombres y mujeres, entre ellos mi padre, gracias por el sueño…que aún es posible!!

Rodrigo De Los Reyes Recabarren

rodrigodlr@patagoniachile.cl