El dilema ahora es si debemos fijarnos en los detalles confusos que despiertan la desconfianza, o si por el contrario debemos sumarnos a la euforia demócrata de los globos, aunque los globos terminen siempre reventados. Recordemos que hasta el momento solo hemos visto anuncios, publicidad, marketing. Nada más. Nadie sabe quién es en realidad este señor de aspecto sencillo, esbelto y sonriente. Nos han mostrado a su familia, una familia perfecta, modelo, quizá demasiado perfecta. Nos han mostrado un hombre sereno, moderado, trabajador… pero seguimos sin saber quién es. No sería la primera vez que un gran hombre ha sido envenenado por los efluvios del poder supremo. No será la primera vez que la propaganda nos vende a un lobo disfrazado de cordero.
Las contradicciones y las ambigüedades del discurso de Barak Obama a lo largo de esta precampaña han sido tantas, que hacen dudar. Sobre la guerra de Irak ha cambiado sus afirmaciones varias veces, llegando a contradecirse y desmentirse de la noche a la mañana. Sobre la economía ha dejado grandes preguntas sin respuesta y no se pronuncia claramente en temas tan calientes como el aborto. No ha dicho nada de acabar con la guerra contra el terrorismo y apunta más hacia Afganistán que hacia la paz. La industria militar debe pesar mucho, incluso entre las filas demócratas. El pobre va a heredar tantos compromisos, tantos intereses creados, que más vale buscarle una buena tijera, porque la red que está a punto de envolverle es la más dura.Otras grandes promesas políticas como Lula Da Silva, también quisieron enfrentarse a los fantasmas y fueron envueltos en la red, sin poder mover ni las manos, convirtiéndose en poco tiempo en grandes decepciones.
Apostar por un candidato político es hoy como jugar a la lotería o la ruleta de un casino. Lo malo es que en este casino del poder, la ruleta seguro está trucada. Siempre lo está. ¿Apostaremos todo a un solo número?
Por suerte para Obama, su contrincante John McCain – por la edad o por su carácter – parece anclado en el pasado. Es un candidato de raza blanca, pero es más bien gris. Su carisma tiene poca fuerza y su vicepresidenta, mujer para sorpresa de muchos, tampoco complementa los tremendos huecos en su imagen. Defensor de las ideas de Bush y con opiniones retrógadas no parece que guste a demasiada gente, aunque tampoco gustaba Bush y miren los resultados: repitió mandato. ¡Hagan sus apuestas! ¡No va más! El caso es que el mundo entero quiere un cambio de rumbo. Lo está pidiendo a gritos y da la sensación de que este señor es capaz de respondernos. Los detalles no son importantes, no ahora, que con el simple hecho de acabar con las pesadillas militares ya es bastante. EEUU con millones de pobres en sus calles, con el desempleo por las nubes, con la economía por los suelos, fabricando misiles y armas, evaporando escuelas y ayudas sociales no parece un país dispuesto a afrontar el futuro con realismo y humanidad. Necesita levantarse, salir de la oscuridad, de la sombra del miedo que se contagia y la exportan peor que el peor de los virus. Necesita un lider capaz con urgencia. A muchos nos gustaría pensar que se trata del principio de una nueva era, aunque tanto poder dificilmente pueda caer en manos de un solo hombre. Depositemos entonces la esperanza. Las elecciones en EEUU siempre son feroces. Será que elegir entre la extrema derecha y derecha moderada no es tan fácil. Distinguir una Pepsi de una Cocacola con los ojos cerrados a veces es complicado. Si están mezcladas con otros elementos es aún peor. Tendremos que guiarnos por el sabor… el aroma… aunque al final, en realidad, las dos sean lo mismo: burbujas en un vaso.Medio: World Image Press
Artículo copyright free
