Carmen Lazo, en cambio, diputada por tres períodos en la anterior República, representó desde sus trece años de edad y hasta el fin sus 87 años, lo más genuino de una mujer del pueblo, luchadora y lectora incansable que no dejó hasta su hora final de actuar en lo que creía y cultivarse en lo que juzgaba necesario. Por no renunciar a sus ideales –y a la forma de enarbolarlos- tal vez no logró volver al Parlamento, pese a dos intentos. Como dijera el año pasado el alcalde de El Bosque Sadi Melo – quien no podrá postularse como diputado como era su deseo-, la meritocracia ya no vale en el partido, sino la pertenencia a los grupos que en el exilio durante la dictadura trazaron las líneas, estrategias y los equipos de la vuelta a Chile.
Melo se quedó y Carmen Lazo estuvo en Venezuela, para regresar en cuanto pudo. Ella sombreó como un viejo estandarte, al que había que mirar, pero no poner más en primera línea. Ahora último querían llevarla de concejal por Santiago Centro, pero prefirió declinar, sin amargura, como siempre. Michelle Bachelet, que concurrió a su velatorio, la quiso seguramente, pero la Presidenta no está en condiciones de continuar “por otros caminos” la herencia de Allende, según la frase que alguna vez pronunció Ricardo Lagos.
¿Quiénes pararon el reloj de la historia?
Carmen Lazo era allendista, seguidora del Presidente socialista que no cedió un milímetro, como sus dos sucesores de ese signo en La Moneda, a las trampas del poder. Es cierto que la Negra Lazo, al igual que Gladys Marín, daban la impresión de que se les había parado en sus brazos de luchadoras el reloj de la historia. Pero es peor hacerlo detener en la marcha hacia el crecimiento con igualdad y la mayor participación ciudadana.
La dosis de modernidad es un imperativo en sociedades cada vez más complejas, que exigen progreso real en medio de necesidades mayores y expectativas insatisfechas, azuzadas por la competitividad. La cobertura escolar y la fuerza de trabajo crecen sin asegurar necesariamente un buen futuro a contingentes de jóvenes, mujeres y profesionales mal preparados, en tanto se masifica la exposición mediática de los que tienen más.
Todo eso no hace sino reavivar los conflictos de intereses, que el social progresismo chileno no ha sabido enfrentar desde el mando político. Antiguos dirigentes como Carmen Lazo actuaron, en este contexto y hasta el final, como “Pepes Grillos” en la conciencia de los socialistas que se acomodaron en el poder.
