Sin embargo, pese a ese impresionante apoyo, medios de prensa y gobiernos, como el de Estados Unidos y Chile, no lo reconocen como la resolución democrática que obliga a la minoría del 33% a aceptar su derrota y un nuevo orden en su país. Aplican por el contrario una interpretación que niega a las mayorías de sufragios su carácter de autoridad soberana obligatoria. Llaman entonces a los triunfadores a consensuar con la minoría como si el acuerdo no estuviera ya tomado y dependiera de dos partes iguales en una mesa de negociaciones. En Venezuela las castas acomodadas también niegan la legitimidad de la mayoría popular para imponer mediante sufragios el orden bolivariano.
Políticos conservadores adoctrinan hace un tiempo sobre dictaduras de mayoría, derechos de la minoría, derecho absoluto de propiedad, acuerdos nacionales. Es la parte ideológica de la máquina del poder. Un proyecto que busca terminar de raíz la injusticia centenaria y gana por mayoría de votos es sospechoso de ser antidemocrático hasta que a través de conversaciones permite que la minoría rica lo modifique según sus intereses. Es la parte práctica de la distribución de la riqueza.
Contra la mayoría ciudadana en Bolivia se está apoyando la amenaza de violencia de los poderosos. Es necesario denunciar una dictadura de la minoría.
