¿Quien dijo que la crisis financiera se estaba terminando? Cada semana se descubren nuevos aspectos inquietantes a través del naufragio de las innovaciones bancarias que se hunden unas tras otras a causa de la crisis de los subprimes. Desde hace unos días son las obligaciones ARS (“auction-rate securities”, obligaciones a tasa variable fijada por medio de un remate) que hacen hablar de ellas.
Los clientes que las compraron creían que las ARS ofrecían una gran liquidez. Esta última desapareció con la crisis. Como consecuencia hete aquí los bancos UBS, Citigroup y Merrill Lynch obligados a reembolsar decenas de miles de millones de dólares para evitar el escándalo.
Esta crisis esta terminando por parecerse a un viaje al país de los productos financieros complejos, -que antaño era el paraíso de los aprendices de mago bancarios, geniecillos de las matemáticas convertidos al mundo del dinero-, hoy en día castigado por los riesgos del mercado.
Y todo porque los pobres estadounidenses no pudieron reembolsar los intereses de los créditos hipotecarios, los famosos subprimes, demasiado caros para sus faltriqueras, contrariamente a los que banqueros poco escrupulosos les hicieron creer.
La caída del sector inmobiliario y la ralentización económica han constituido la tela de fondo de este sombrío cuadro. Y no solo en los EEUU. El Reino Unido, -con la casi quiebra del Northern Rock Bank (nacionalizado por el gobierno británico – nota del traductor) y las pérdidas históricas del Royal Bank of Scotland-, también fue afectado.
La caída de este primer dominó arrastró rápidamente la caída de otros. Porque estos créditos subprimes fueron reagrupados y situados en productos financieros vendidos en todo el planeta.
Como las agencias de notación les acordaron con una culpable ligereza su mejor nota, la prestigiosa triple A, las más grandes instituciones financieras del mundo, siempre a la búsqueda de colocaciones lucrativas, las compraron masivamente. La serpiente, que quiso vender sus créditos basura, terminó mordiéndose la cola.
Estos dominós, bautizados CDO (“collateralized debt obligations”) o ABS (“asset backed securities”), también cayeron a su vez. Luego vino la caída de los SIV (“structured investment vehicles”) y la de los “conductos”, inventados por los bancos para poner una parte de sus créditos fuera de Balance.
Cuando estalló la burbuja, tuvieron que refinanciarlos de toda urgencia.
Así continuó el juego de masacre de los dominós de los subprimes. Hoy golpea las obligaciones ARS. Lo que plantea la pregunta que cae de cajón: ¿Cuál será el próximo?
Editorial – La Tribune – 11/08/08 – Por Olivier Provost (traducido del francés – versión española de Luis Casado)
Esta crisis esta terminando por parecerse a un viaje al país de los productos financieros complejos, -que antaño era el paraíso de los aprendices de mago bancarios, geniecillos de las matemáticas convertidos al mundo del dinero-, hoy en día castigado por los riesgos del mercado.
Y todo porque los pobres estadounidenses no pudieron reembolsar los intereses de los créditos hipotecarios, los famosos subprimes, demasiado caros para sus faltriqueras, contrariamente a los que banqueros poco escrupulosos les hicieron creer.
La caída del sector inmobiliario y la ralentización económica han constituido la tela de fondo de este sombrío cuadro. Y no solo en los EEUU. El Reino Unido, -con la casi quiebra del Northern Rock Bank (nacionalizado por el gobierno británico – nota del traductor) y las pérdidas históricas del Royal Bank of Scotland-, también fue afectado.
La caída de este primer dominó arrastró rápidamente la caída de otros. Porque estos créditos subprimes fueron reagrupados y situados en productos financieros vendidos en todo el planeta.
Como las agencias de notación les acordaron con una culpable ligereza su mejor nota, la prestigiosa triple A, las más grandes instituciones financieras del mundo, siempre a la búsqueda de colocaciones lucrativas, las compraron masivamente. La serpiente, que quiso vender sus créditos basura, terminó mordiéndose la cola.
Estos dominós, bautizados CDO (“collateralized debt obligations”) o ABS (“asset backed securities”), también cayeron a su vez. Luego vino la caída de los SIV (“structured investment vehicles”) y la de los “conductos”, inventados por los bancos para poner una parte de sus créditos fuera de Balance.
Cuando estalló la burbuja, tuvieron que refinanciarlos de toda urgencia.
Así continuó el juego de masacre de los dominós de los subprimes. Hoy golpea las obligaciones ARS. Lo que plantea la pregunta que cae de cajón: ¿Cuál será el próximo?
Editorial – La Tribune – 11/08/08 – Por Olivier Provost (traducido del francés – versión española de Luis Casado)
