El Mercurio, La Segunda, Las Últimas Noticias y La Tercera fueron los diarios que se hicieron eco en junio de 1975 de la Operación Colombo, el montaje con que la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional), usando publicaciones apócrifas de Brasil y Argentina, hizo aparecer como víctimas de rencillas internas entre grupos izquierdistas a 119 chilenos desaparecidos, asesinados por la dictadura de Augusto Pinochet.
Ninguno de esos diarios difundió la noticia del acto de desagravio realizado en la sede del Colegio de Periodistas. Emol, el sitio electrónico de El Mercurio, se limitó a reproducir un cable de la agencia EFE, sin mencionar a los medios ni a los periodistas que participaron en el operativo de desinformación de la DINA, cuya responsabilidad fue establecida por el Tribunal de Ética del Consejo Metropolitano del referido colegio profesional.
El Mercurio no dedicó una sola línea al acto en su edición del domingo 22. En cambio, dio un amplio despliegue de tres páginas en su cuerpo D a la contraofensiva de oficiales implicados en violaciones de derechos humanos que nuevamente presionan por el cierre de los procesos, esta vez con la ayuda del presidente del Senador, Adolfo Zaldívar, quien bloqueó con discutibles argumentos constitucionalistas una iniciativa de la Cámara de Diputados que con base en los tratados internacionales anulaba la Ley de Amnistía para los crímenes de lesa humanidad.
La DINA secuestró y asesinó en octubre de 1976 a siete personas en Rinconada de Maipú, un sector rural cercano a Santiago, y un mes después las hizo aparecer como abatidas en un enfrentamiento armado, en un montaje que contó con la complicidad de dos canales de TV. El Tribunal de Ética del Consejo Metropolitano sancionó a periodistas de Televisión Nacional y Canal 13. Ninguno de estos medios dio cabida al acto del Colegio de Periodistas. Tampoco Megavisión, donde trabajan actualmente algunos de los periodistas sancionados.
¿Por qué este silencio? Si los manuales periodísticos enseñan que lo noticioso es lo excepcional hay que convenir que ceremonias como la del sábado 21 de junio no son habituales. La trascendencia, otro elemento de la noticia, estuvo dada por el carácter histórico de este desagravio. Si los manuales apelan a la relevancia de los protagonistas, la presencia en el acto del ministro Francisco Vidal, Secretario General de Gobierno, era un buen pie para difundir el acontecimiento. Del mismo modo, el acto aportó emoción en los discursos de familiares de las víctimas y dirigentes de los periodistas, así como polémica por los emplazamientos que se hicieron a los poderes Ejecutivo y Legislativo. Emoción y polémica, otros “ingredientes periodísticos” que en este caso no cuentan para la industria de los medios.
El perdón que el Colegio de Periodistas pidió a los familiares de las víctimas de la Operación Colombo y de Rinconada de Maipú fue una reivindicación de la ética, porque las trasgresiones al código deontológico de los periodistas no prescriben y su juzgamiento y sanción constituyen lecciones para dignificar nuestra profesión.
El Colegio hizo su tarea. Los empresarios de los grandes medios de comunicación, en cambio, parecen dispuestos a refugiarse eternamente en la arrogancia y en una auto otorgada impunidad, sin dar explicaciones ni pedir perdón por su responsabilidad en los crímenes contra los derechos humanos.}
| Gustavo González Rodríguez Coordinador Programa de Libertad de Expresión Escuela de Periodismo-ICEI |
