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Agosto 18, 2026

Betancourt y el lado oscuro de la política latinoamericana

El rescate de Ingrid Betancourt por las FF.AA. colombianas obliga a considerar un factor poco analizado: cómo una vida individual se entrelaza inexorablemente con los intereses de Estado y de potencia. Es en estos casos cuando se constata que pese a los mecanismos íntimos de la identidad y de los deseos subjetivos del individuo, se encuentra, pese a él, inmerso en el inefable contexto histórico, político y social. Éste marca las vidas y el suceso. Además, relativiza las intenciones virtuosas del discurso político.

La perspectiva contextual construida por el ciudadano debe permitir observar la representación mediática de la realidad (impresa y audiovisual) desde un ángulo diferente a aquella espectacularizada por la llamada “actualidad noticiosa”.

En otros términos, la reconstrucción del contexto debe permitir interrogarnos acerca del vínculo entre la liberación de Ingrid Betancourt y el juego de los actores en la configuración del reciente escenario latinoamericano.

Un ejercicio de esta índole debería obligarnos a reflexionar más detenidamente sobre al menos tres elementos clave en una democracia digna de ese nombre: 1) la calidad del trabajo de información de los medios dominantes, 2) las consecuencias para el ciudadano del estrecho margen que estos medios dejan al profesionalismo de sus periodistas y 3) los espacios, las condiciones, la calidad y  los contenidos del debate democrático sobre política exterior.

Mucho se ha insistido en los aspectos de política interior colombiana: en las ansias de reelección del conservador Uribe y el apoyo de más del 80% con el que cuenta tras el rescate; en la posible candidatura presidencial de la carismática Ingrid Betancourt; en la liberación del resto de los rehenes y en la apertura de negociaciones con unas FARC debilitadas por sus propios errores y por la política militarista del mandatario colombiano.

Poco se habla de la variable fundamental, es decir, de la política exterior latinoamericana. La que es construida por el juego de los Estados y sus intereses estratégicos. Ni de las movidas de las fuerzas derechistas continentales para imponerle “gobernabilidad” al continente ante posibles y futuras “oleadas de los pueblos”. Con respecto a esto último, la tónica en alguna prensa es ridiculizar a Hugo Chávez (1).

Tampoco es posible ignorar el factor clave de geopolítica sudamericana. Que Brasil es una potencia emergente (la única en Sudamérica, que será la potencia sexta del mundo en algunos años debido a su potencial energético, manufacturero y en recursos naturales) que promueve desde el 23 de mayo pasado en la reunión de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) la creación de un Consejo Sudamericano de Defensa.

Para la diplomacia brasileña, un instrumento de este tipo sin la presencia de EE.UU. evitaría que crisis como la colombiana se internacionalicen y legitimen el principio de los ataques preventivos —en este caso— de Bogotá sobre países vecinos. Para Brasil es prioridad que el conflicto colombiano no lesione la integridad territorial de los Estados ni que se apliquen las doctrinas forjadas en la construcción imperial  de la llamada “guerra contra el terror”.
 
La diplomacia brasileña apuesta a la creación de una fuerza militar conjunta de los países latinoamericanos. Con mayor razón, argumenta, puesto que, paralelamente, EE.UU. desarrolla una nueva doctrina estratégica para el continente tejiendo nuevas alianzas en el Cono Sur, en un mundo profundamente marcado por la importancia geoestratégica de las energías y de los recursos naturales tan primarios e importantes como el agua.

Lo primera variable no se entiende sin la otra. Una fuerza militar autónoma de los países latinoamericanos implicaría una nueva pieza en el tablero mundial donde EE.UU. se arroga la primacía en el manejo militar del planeta. Para tal tarea, el año pasado, el Departamento de la Defensa de EE.UU. confió al Southern Command (Comando Sur, USSC) un nuevo mandato y para implementarlo y patrullar tanto el Caribe, el Pacífico y el Atlántico Sur reactivó la IV Flota (2).

Además, es un dato insoslayable que el ataque en territorio ecuatoriano del campamento de las FARC, en el cual se informa participó el dispositivo militar de EE.UU estacionado en la base de Manta —que ocasionó la muerte del portavoz de la FARC Raúl Reyes— tuvo por objetivo aniquilar los intentos del asesor presidencial brasileño Marco Aurelio García de constituir un grupo de países latinoamericanos garantes del diálogo entre el Estado colombiano y las FARC.  Es decir, había que bajarle el perfil a Brasil en el contexto latinoamericano y de paso al trío que éste conformaba con Argentina y Venezuela.

En ese contexto, algunos Estados como el chileno navegan sin saber bien a qué muelle arrimarse. Más bien van a donde soplan los vientos. Es decir, según la discreción de sus timoneles de turno, portadores de visiones ideológicas cortoplacistas y sesgadas, que no se debaten ni ventilan en los medios. Con opiniones públicas que son programadamente desinformadas. De esta manera se contribuye, sin perspectivas de futuro, en un país con una izquierda dividida, sin pensamiento propio ni elaborado en materia de política exterior, a la “proverbial fragmentación latinoamericana”.

Sin embargo, todas las condiciones están reunidas a nivel mundial para que América Latina piense y actúe en grande. Para hacerle el peso a los otros jugadores del tablero mundial: a Europa, que rechaza otorgar al derecho de hospitalidad y viola los derechos fundamentales de los inmigrantes; a EE.UU.,  promotor de guerras imperiales en Oriente Medio y de crisis financieras globales; a China, que sólo piensa en su “destino manifiesto”, y, a Rusia, preocupada en que no le reduzcan su influencia en Eurasia.

Negarse a hacer el ejercicio mental de construir el escenario nos hace quedar a la merced de la información parcializada, puesto que estar “informado” no significa necesariamente comprender. Así como se puede desinformar al omitir proporcionar la información pertinente. Actividad practicada con prolija eficiencia  cada día por La Tercera y El Mercurio (3).

Demos gracias entonces a ingrid Betancourt por habernos dado algunas pistas. Porque para comprender no queda otra que establecer asociaciones.  Pensar implica construir el siempre inefable contexto (holístico) en el cual cobra sentido político la reciente operación conjunta de Uribe con los servicios especiales estadounidenses, británicos e israelíes para rescatar a la política franco-colombiana.

Aunque el supuestamente bien informado Secretario General de la OEA José Miguel Insulza, precandidato socialista, haya afirmado de sopetón en una primera entrevista en medios chilenos que el rescate de Uribe fue hecho sin la participación de EE.UU ( 4). Aseveración que viniendo de quién viene da mucho que pensar. Después de tal exabrupto, fue el mismo embajador de EE.UU. en Colombia quien se puso los laureles por el éxito de la acción de “inteligencia” y desmintió a Insulza al reconocer la participación de su país en la recuperación de sus compatriotas “contratistas” o agentes de la CIA, según la guerrilla. 

Sin embargo, no se reconoce que Colombia es en la práctica una base militar norteamericana. En ese marco, como bien lo decía Hugo Chávez, el accionar militar de las FARC será cada vez más una excusa para el Southern Command de convertirla en una cabeza de puente de la nueva estrategia de EE.UU. hacia Latinoamérica: la de la “guerra contra el terror” y el narcotráfico (en la cual se hace la vista gorda a la “parapolítica” de derecha, en la que hay altos mandos militares (5) y congresistas colombianos del partido de Uribe implicados).

Ahora bien, si los congresistas ecuatorianos declaran inconstitucional el acuerdo que permite el uso militar de la Base de Manta (en territorio del Ecuador y considerada cómo un apéndice del Plan Colombia por los especialistas), EE.UU. estará buscando otro lugar donde instalar tropas y sofisticado material tecnológico. Con el objetivo de facilitar las operaciones de la IV Flota en la zona y la implementación de la nueva doctrina en la que, según algunos analistas, el enemigo son los “movimientos y gobiernos populistas”. 

El presidente peruano, Alan García, ha sido el primero en ofrecer su territorio para una nueva base. Oferta que ha sido criticada por Evo Morales. Es en este sub-contexto andino que cobra relevancia la visita agendada del candidato derechista Sebastián Piñera a Colombia después de su gira al Perú: consolidar un eje de países del Pacífico que se someten voluntariamente a la tutela de los EE.UU. y al Consenso de Washington.

Pero bueno, ¿qué es lo que realmente se está jugando en este siglo XXI en América Latina que hace tanto correr a los actores interesados e involucrados y en primer lugar, a la potencia imperial capaz de proyectar su poder en las costas del continente con la anuencia de gobiernos dóciles y de FF.AA. ganadas a la nueva doctrina imperial de garantes del orden hemisférico?
 
Para muchos analistas, son sus riquezas naturales y su potencial energético mirados con codicia por las grandes compañías multinacionales, canadienses, chinas, estadounidenses, británicas y australianas (6). Comenzando por la primera reserva mundial de agua del planeta, el Acuífero Guaraní que subyace en el norte del territorio argentino y en Uruguay, el sudeste de Paraguay y se prolonga en Brasil hasta Mato Grosso y San Pablo (7). Segundo, las reservas petrolíferas de la costa brasileñas y  el territorio brasileño. Tercero, la rica biodiversidad y las reservas mineras, probablemente también petrolíferas y definitivamente acuíferas del sur chileno y argentino.

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(1) Era el propósito evidente del artículo Vargas Llosa Jr., en La Tercera del domingo 6 de julio pasado.
(2) El documentado artículo de Clarín de Buenos Aires sobre el tema que lleva por título “La IV Flota de EE.UU. vuelve a patrullar aguas latinoamericanas. La influencia de Washington en la región” puede leerse integralmente en:  http://www.clarin.com/diario/2008/06/30/elmundo/i-01704902.htm
(3) El domingo 6 de julio pasado El Mercurio publicaba una entrevista al dirigente comunista Guillermo Teillier, en la cual se hacía aparecer al dirigente en una actitud defensiva frente a las FARC. Teillier negaba allí el apoyo del PC chileno a la política de secuestros de las FARC. Ahora bien, la entrevista no le permitía a Teillier  ahondar acerca del contexto político latinoamericano ni menos desarrollar el tema de las relaciones exteriores de Chile. De esta manera, El Mercurio, presentaba su visión del conflicto colombiano, reducido al paradigma del Orden (el Estado colombiano) y el desorden (las guerrillas). El punto de vista mercurial era reforzado por la opinión de los otros columnistas.
(4) La prensa chilena escribió: “Insulza señaló que cree que es una casualidad la presencia del candidato presidencial estadounidense John McCain en Colombia al momento del rescate y descartó intervención norteamericana en el tema” (Sic).  
(5) La Jornada de México informaba el pasado 7 de Julio, que “el general Mario Montoya Uribe, el jefe del ejército colombiano al que Ingrid Betancourt agradeció el miércoles pasado haberla rescatado de su cautiverio de más de seis años en manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), tiene un controvertido expediente de servicios. Un cable de la embajada estadunidense en Bogotá fechado en 1979, desclasificado a pedido del no gubernamental National Security Archive (NSA) de Estados Unidos, ‘revela que un batallón de inteligencia del ejército colombiano ligado a Montoya creó una unidad clandestina terrorista entre 1978 y 1979’, señaló el investigador Michael Evans, en la revista Semana, en junio de 2007. ‘Bajo la fachada de la Alianza Anticomunista Americana, el grupo fue responsable de varios ataques dinamiteros, secuestros y asesinatos contra grupos de izquierda durante esos años’, agregó.”
(6) Las grandes compañías son asesoradas por políticos-lobbystas. El ex Ministro Enrique Correa no ve problema entre ser cristiano-socialista-demócrata y venderle el alma al becerro de oro asesorando a la multinacional canadiense  Barrick Gold de la que se sospecha que está involucrada en asesinatos masivos en ciertas regiones de Africa con el propósito de apropiarse de yacimientos auríferos. Es lo que en términos psicopolíticos se llama la conciencia escindida. Ver entrevista de Patricia Politzer en www.quepasa.cl
(7) El ex primer ministro británico Tony Blair, convertido de buenas a primeras en ecologista que quiere defender el mundo del aumento de la temperatura global, en una cita de parlamentarios del G8 en Tokio, sostuvo que Lula da Silva precisa de ayuda internacional para contener la devastación del Amazonas. Según la prensa brasileña, Lula malhumorado respondió: “dicen que hay que internacionalizar el acuífero porque nosotros no somos capaces de preservarlo”, precisó el presidente brasileño. También argumentó que esas mismas fuerzas pretenden globalizar la selva del Amazonas. Fue entonces que se preguntó si a Estados Unidos le gustaría que se internacionalice la NASA”.