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Agosto 18, 2026

La fórmula mágica del fútbol

España gana la Eurocopa y la alegría se adueña del país. Llega la codiciada copa y cual objeto mágico, santo grial, crea una adoración hipnótica capaz de congregar a las masas. Suenan trompetas y cánticos, se agitan las banderas… La alegría se adueña de las gargantas y los corazones. Todo son vítores a los héroes, a los semidioses… y quizá lo sean, ya que de un plumazo han sido capaces de borrar de los titulares de todos los periódicos, los males del país.

Un gol y desaparece la crisis, el precio del petróleo, del pescado, de la carne… las listas del paro, los salarios mínimos… Desaparece la miseria mundial, la sed, el cambio climático… Desaparece el problema de los transportistas, de los pescadores, de los agricultores.

Por un instante desaparece el presidente, los ministros, la oposición, los escándalos, la oquedad de las promesas… Los policías detenidos, los alcaldes detenidos, los jueces condenados. Desaparece la incompetencia, los errores, la injusticia del sistema. Desaparecen las crisis de partido, los nacionalismos, los catalanes, los vascos, los madrileños… todos españoles por un día.

Desaparecen las multas de tráfico, las normas urbanas. Se torean vehículos con banderas nacionales, se despierta a los vecinos con los gritos de alegría. Un diminuto carnaval improvisado.

Los goles actúan de amuleto para todos los fantasmas. ¡Goool! Y adiós al senado, al Rey, al congreso… ¡Gol! Y desaparecen las hipotecas, las letras sin pagar, las facturas abusivas… ¡Goool! Y todos a la calle. Todos los políticos, ¡a la calle! Zapatero ¡a la calle! Rajoy ¡a la calle! ¡A gritar! A rebosar felicidad.

Lo que darían los políticos por saber conjugar semejante poder para su beneficio electoral. Lo que darían los maestros por encontrar la manera de que los niños aprendan los nombres de los reyes y países igual que aprenden el de los jugadores.

No salimos a la calle por los que mueren de hambre, por los que mueren en las guerras. Ni para expulsar a los políticos que mienten o a los incompetentes. No salimos a la calle para defender nuestros derechos o nuestras libertades. No salimos unidos a la calle para pedir justicia, pero sí para celebrar la hazaña de nuestros futbolistas. Sí, para cantar el gol. ¡Qué simple es hacer feliz a las masas! El secreto de la simplicidad, porque el juego no esconde falsedades. No tiene efectos especiales de grandes ordenadores. No tiene saborizantes ni edulcorantes, ni E-506 o E-309. Quizá sea esa la X de la ecuación: la autenticidad. Por eso ni políticos ni publicistas son capaces de resolverla. Tan solo de imitarla.

Un gol, y se realiza el milagro de la ilusión, de la esperanza hecha realidad. ¿Tiene algo de malo?

Por Pablo Jato
pablojato@wipress.org