Resulta contraproducente reducir a los actores políticos a una caricatura, que generalmente consiste en resaltar elementos considerados públicamente negativos, y en minimizar los aspectos considerados positivos. Somos los buenos y los malos de siempre, nosotros los primeros y ellos los últimos.
Debe ser por lo mismo que desde siempre nos agrupamos en Izquierdas y Derechas, y no por la ubicación que antaño tenían los asientos de los honorables representantes del parlamento, ni menos por la anatómica posición que tiene el órgano considerado fuente de los sentimientos. Paradójicamente, muchas veces, son los propios movimientos y partidos políticos, los que se bautizan con una palabra o sigla, que da cuenta reducida de sus proclamados principios.
Es así como existe el partido Radical, en el que, objetivamente en nuestros días, resulta difícil encontrar un sentido radical en sus propuestas o en la conducta política que lleva a cabo. Más bien es el típico partido de clase media quitadito de bulla.
Por otra parte la UDI , es un partido que se define como la unión demócrata independiente. Demás está decir, que también es controvertida a lo menos las 2 últimas cualidades en su conocido comportamiento, y no me refiero al histórico que tiene que ver con haber sido el alma del gobierno autoritario nacido del llamado en su apogeo, “pronunciamiento militar”, si no más bien al partido que en la actualidad, defendiendo al binominal, antepone su eficacia (gobernabilidad) a su representatividad, que es la esencia de la democracia.
Así las cosas, no debemos hacernos ilusiones con los endiosamientos, demoníacas calificaciones, siglas o vistosos autodenominados. Hay que ir al grano, y el grano no es lo que dicen, ni como se autodenominan, los motejan o encasillan, si no lo que hacen o como se comportan.
He dedicado varias notas a aspectos del comportamiento político de la coalición llamada Concertación de Partidos Por la Democracia. La historia reciente se encarga de comprobar la certeza de lo que he sostenido en esta generosa tribuna, en el sentido de que sus políticas públicas, están dirigidas a consolidar el llamado sistema económico neoliberal, bandera de sus adversarios de la Derecha , y no, a consolidar la democracia. El binominal, la inexistencia en la práctica del derecho a plebiscito, la no ratificación de acuerdos internacionales sobre derechos humanos y de pueblos indígenas, otros sobre protección del medio ambiente, sumado a la inexistente libertad en la prensa escrita y televisiva, son situaciones impresentables para 2 décadas de administración del poder político.
En consecuencia no se caricaturiza o estigmatiza cuando afirmamos que la Concertación ha sido un monumental engaño a los electores que les han dado su mayoritaria preferencia, puesto que ellos en la realidad, han postergado vitaliciamente los principios de sus partidos constituyentes en beneficio de los principios de sus adversarios. No hay juicio de valor para cuando se comenta los nuevos principios que en la práctica sustentan, si no que lo hay, y legítimamente, cuando se denuncia o comenta su abyecto comportamiento político.
La misma actitud frente a los mismos principios en la UDI , resulta encomiable y merece respeto. Ellos hacen lo que deben hacer, han nacido para garantizar el orden burgués, y cuando en contadas ocasiones se han salido del libreto, el tirón de orejas público o privado de su genuina fuente de poder – la oligarquía nacional – no se ha hecho esperar.
La Derecha, o en rigor la UDI que es más pensante o ideológica, no disimula que desea desnacionalizar el cobre. Distinto es darle credibilidad a las ideas o estudios y cifras que ellos dan como fundamento para convertir a Codelco en una sociedad anónima. Ellos se proponen sacar de las manos del estado la administración de esa riqueza, puesto que se encuentran históricamente maduros como para cuidarla desde más cerca, y eso no es malo ni bueno, es lo que ellos se proponen, y a ellos eso les parece bien.
Tampoco han disimulado que desean eliminar del mapa legal el salario mínimo, ellos hacen periódicas observaciones de la inconveniencia de mantener esa “fijación de precio” y de flexibilizar las leyes laborales. Ellos desean tal vez, que el contrato de trabajo se rija por el código civil, en el cual libremente se pacte por hora, por día, por sexo, edad u otra diferenciación, pero lo que nos importa políticamente, es que ellos desean quitar derechos a los sindicatos, debilitar a los trabajadores, que son los únicos que jamás desaparecerán por lo menos en este sistema económico.
Ha muerto el comunismo, ha muerto la Izquierda , pero no han muerto los trabajadores, y ellos son su preocupación permanente, sobre todo si se considera el tipo de conflicto que se prevé en las próximas décadas.
Ellos sostienen que para enfrentar los cambios climáticos – que produce el desarrollo económico- hay que atacar las vulnerabilidades presentes en la población y esas se llevan a cabo, interviniendo aún más el medio ambiente, desarrollando los productos GM, es decir genéticamente modificados. Se proponen eliminar obstáculos a la expansión de las empresas, y esas son las leyes sobre el medio ambiente, que se encargan consecuentemente de torpedear en el momento de legislar o ratificar acuerdos.
Estaría bueno que empezáramos a tomar en serio a la Derecha , que fuéramos más corteses al no caricaturizarla, al no ofender a sus hombres. Deberíamos empezar a analizar su conducta política permanente en el tiempo, a leer lo que escriben, los fundamentos de sus posturas frente a múltiples conflictos, y a analizar los resultados de su manera de hacer política que busca siempre la realización de sus principios.
Es así como existe el partido Radical, en el que, objetivamente en nuestros días, resulta difícil encontrar un sentido radical en sus propuestas o en la conducta política que lleva a cabo. Más bien es el típico partido de clase media quitadito de bulla.
Por otra parte la UDI , es un partido que se define como la unión demócrata independiente. Demás está decir, que también es controvertida a lo menos las 2 últimas cualidades en su conocido comportamiento, y no me refiero al histórico que tiene que ver con haber sido el alma del gobierno autoritario nacido del llamado en su apogeo, “pronunciamiento militar”, si no más bien al partido que en la actualidad, defendiendo al binominal, antepone su eficacia (gobernabilidad) a su representatividad, que es la esencia de la democracia.
Así las cosas, no debemos hacernos ilusiones con los endiosamientos, demoníacas calificaciones, siglas o vistosos autodenominados. Hay que ir al grano, y el grano no es lo que dicen, ni como se autodenominan, los motejan o encasillan, si no lo que hacen o como se comportan.
He dedicado varias notas a aspectos del comportamiento político de la coalición llamada Concertación de Partidos Por la Democracia. La historia reciente se encarga de comprobar la certeza de lo que he sostenido en esta generosa tribuna, en el sentido de que sus políticas públicas, están dirigidas a consolidar el llamado sistema económico neoliberal, bandera de sus adversarios de la Derecha , y no, a consolidar la democracia. El binominal, la inexistencia en la práctica del derecho a plebiscito, la no ratificación de acuerdos internacionales sobre derechos humanos y de pueblos indígenas, otros sobre protección del medio ambiente, sumado a la inexistente libertad en la prensa escrita y televisiva, son situaciones impresentables para 2 décadas de administración del poder político.
En consecuencia no se caricaturiza o estigmatiza cuando afirmamos que la Concertación ha sido un monumental engaño a los electores que les han dado su mayoritaria preferencia, puesto que ellos en la realidad, han postergado vitaliciamente los principios de sus partidos constituyentes en beneficio de los principios de sus adversarios. No hay juicio de valor para cuando se comenta los nuevos principios que en la práctica sustentan, si no que lo hay, y legítimamente, cuando se denuncia o comenta su abyecto comportamiento político.
La misma actitud frente a los mismos principios en la UDI , resulta encomiable y merece respeto. Ellos hacen lo que deben hacer, han nacido para garantizar el orden burgués, y cuando en contadas ocasiones se han salido del libreto, el tirón de orejas público o privado de su genuina fuente de poder – la oligarquía nacional – no se ha hecho esperar.
La Derecha, o en rigor la UDI que es más pensante o ideológica, no disimula que desea desnacionalizar el cobre. Distinto es darle credibilidad a las ideas o estudios y cifras que ellos dan como fundamento para convertir a Codelco en una sociedad anónima. Ellos se proponen sacar de las manos del estado la administración de esa riqueza, puesto que se encuentran históricamente maduros como para cuidarla desde más cerca, y eso no es malo ni bueno, es lo que ellos se proponen, y a ellos eso les parece bien.
Tampoco han disimulado que desean eliminar del mapa legal el salario mínimo, ellos hacen periódicas observaciones de la inconveniencia de mantener esa “fijación de precio” y de flexibilizar las leyes laborales. Ellos desean tal vez, que el contrato de trabajo se rija por el código civil, en el cual libremente se pacte por hora, por día, por sexo, edad u otra diferenciación, pero lo que nos importa políticamente, es que ellos desean quitar derechos a los sindicatos, debilitar a los trabajadores, que son los únicos que jamás desaparecerán por lo menos en este sistema económico.
Ha muerto el comunismo, ha muerto la Izquierda , pero no han muerto los trabajadores, y ellos son su preocupación permanente, sobre todo si se considera el tipo de conflicto que se prevé en las próximas décadas.
Ellos sostienen que para enfrentar los cambios climáticos – que produce el desarrollo económico- hay que atacar las vulnerabilidades presentes en la población y esas se llevan a cabo, interviniendo aún más el medio ambiente, desarrollando los productos GM, es decir genéticamente modificados. Se proponen eliminar obstáculos a la expansión de las empresas, y esas son las leyes sobre el medio ambiente, que se encargan consecuentemente de torpedear en el momento de legislar o ratificar acuerdos.
Estaría bueno que empezáramos a tomar en serio a la Derecha , que fuéramos más corteses al no caricaturizarla, al no ofender a sus hombres. Deberíamos empezar a analizar su conducta política permanente en el tiempo, a leer lo que escriben, los fundamentos de sus posturas frente a múltiples conflictos, y a analizar los resultados de su manera de hacer política que busca siempre la realización de sus principios.
