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Agosto 18, 2026

Por una conciencia de Derechos Humanos

Hoy en día está en agenda pública la cuestión de la Educación chilena: cómo establecer indices de calidad, cómo se repartirán las platas, cómo hacer realidad el libre acceso a una instrucción eficaz y decente. Más allá de la idiotez de una gran parte de los quejicas involucrados en este movimiento –cuya voluntad demuestra la mala conciencia estructurada desde la familia, la academia y los ministerios pertinentes- hay una cosa que aún no está presente en la conciencia colectiva, me refiero a establecer en el país una Educación en Derechos Humanos ¿Cuándo se comenzará a hablar de un tema tan importante y trascendente para una nación que al menos en teoría se considera democrática?

Chile es un país donde se han violado –y se violan- sistemática y constantemente los derechos humanos, tanto Civiles y Políticos como también Económicos, Sociales y Culturales (DESC). Las organizaciones que se dedican a difundirlos, a promoverlos y a defenderlos, como Amnistía Internacional por ejemplo, se encuentran generalmente con un panorama bastante irregular y con una población un poco indiferente en la materia, debido por supuesto, a que los Derechos Humanos aún no forman parte del discurso oficial sin mencionar las conversaciones particulares, donde –gracias a los bienaventurados estereotipos- aún se vincula la preocupación por los DDHH con corrientes políticas específicas.

Aún Chile no ha reparado los daños ocasionados durante la dictadura. La impunidad en la cual viven los principales violadores de Derechos Humanos en el país, comenzando con el que seguramente tiene altar reservado en el infierno, Pinochet, se transforma en el mayor insulto para cientos de familias que perdieron a seres queridos durante esos difíciles años de represión, tortura y muertes a diestra y siniestra. Hoy en día la ciudadanía –en plena “democracia”- continúa sufriendo atropellos cada vez que demandan cuestiones de primer orden, como Educación de calidad o reparación en temáticas vinculadas a los Pueblos Originarios, siendo castigados por los lacayos gubernamentales con todo el arsenal disponible, desde agua hasta disparos encomendados al acaso. No hace falta mencionar la humillación por la cual deben pasar todos los hombres y las mujeres cuyos Derechos Económicos, Sociales y Culturales son vulnerados, toda vez que hacen interminables filas para recibir una aspirina en los consultorios públicos o cuando limosnean compasión al gobierno exigiendo lo que es sin duda justo, vivienda de calidad y un trabajo digno. Pero nuestros representantes se preocupan de poner en agenda la importantísima y de primer orden “cuestión” del financiamiento de las campañas políticas con riquezas fiscales. Ecce Hommo Chilensis.

Es increíble que en un país que se considere a sí mismo Moderno y Democrático, existan minorías cuya dignidad se mantiene empantanada en la ciénaga del mutismo y el renunciamiento, mientras se abre camino y se crean espacios para que los mismos de siempre se continúen repartiendo la torta y sólo ellos poder efectivamente gozar de las bondades del “puro Chile y su cielo azulado”. Los “silenciados” en cambio, ya no pueden más con su alarmante situación de exclusión, en la medida que como sujetos históricos todas las temáticas vinculadas a su desarrollo vital (cuestiones jurídicas, axiológicas, filosóficas, científicas y religiosas) se están fugando a través del tiempo y del espacio, y sin que se preste acaso la más mínima atención. A grandes rasgos, quienes he llamado Silenciados podemos comprenderlos en diversas categorías, y me permito –sin ánimo de excluir – establecer las principales problemáticas que como humilde observador, detecto en dos de ellas: Pueblos Originarios y Mujeres.

Pueblos Originarios

La historia oficial chilena, cargada a la imbecilidad y la simpleza más que a nada, se ha empecinado en caracterizarlos como guerreros, valientes, y sin duda obcecados en su afán de resistir el avance de la encomiable civilización occidental (300 años de guerra es lo que se dice en la Academia). Para el vulgo obtuso y enajenado por la incultura chilena, los Mapuche serían algo así como un corro de indios mediocres, toscos, con inclinaciones bohemias y sicalípticas, inservibles para cualquier trabajo que no sea el de engendrar a más indios. Para el vulgo constituyó una suerte de bendición divina el hecho de que tanta pujanza europea (la más viciosa y plebeya del viejo continente sin duda) haya llegado al sur del país para reducir a toda la población originaria, ya que la profusión de cabellos rubios y culos sonrosados es más “estéticamente” perfecta. Qué decir de la cerveza, mermeladas y cristianismo que trajeron consigo, que a fin de cuentas es más atractivo que ese potpurrí de choclos y totora indígena, único legado cultural mapuche.

Chile desconoce absolutamente al pueblo Mapuche. En la agenda pública, sus demandas son tomadas como el anhelo idiota de un grupo de “revoltosos y terroristas” cuyo fin último es desquiciar y poner en peligro la estabilidad nacional ¿Qué ha hecho el país en términos de DESC? Absolutamente nada. El pueblo Mapuche hoy en día exige justicia y reparación, y apenas si ha empezado con la escaramuza ya que las tierras ancestrales USURPADAS es lo mínimo a exigir ¿Qué ocurre con los aspectos religiosos, estéticos, filosóficos y científicos mapuche? ¿Pueden los Mapuche hoy en día disfrutar abiertamente de su cultura? ¡Por supuesto que no! Mientras el mapuche urbano –citando sólo este caso- debe enfundarse en cuero de chancho para soportar las burlas y menosprecios por parte de una sociedad frivolizada y traidora, que hace motivo de chiste desde el apellido hasta los rasgos físicos de una minoría que conforma a miles de personas, el Estado reclama que ha hecho “mucho” por los Pueblos originarios. En este sentido, los estudiantes mapuche de escuelas, liceos y Universidades pueden aplicar a una beca estatal que les financiará menos de lo mínimo para vivir de forma digna, y que es algo así como un reconocimiento a la prole indiana: El estado ofrece becas  por su condición de discriminados ¡Qué lindo! El pueblo Mapuche no quiere limosnas, sino reparación y reconocimiento y en síntesis, Derechos Humanos.

Las Mujeres

Mucho se habló de femicidios el año pasado y poco es lo que se ha hecho al respecto. Al igual que los Mapuche, las Mujeres son una minoría que representa la mayoría poblacional del país. En una sociedad falocentrista como la chilena, se les continúa viendo a través de una óptica machista, nauseabunda: para Chile ellas son el canal a través del cual viene la prole, y no se deben poner impedimentos para concretar ese fin. De ahí viene la costumbre victoriana de esas insoportables organizaciones “pro vida” (debieran llamarse pro cristianismo, o pro estupidez en cualquier caso) que presentan recursos y demandas, todo sea por impedir que las mujeres tengan acaso el mínimo atisbo de voluntad: Ellas no están moral ni intelectualmente capacitadas para decidir si traen o no hijos al mundo. Ellas no constituyen ni por si acaso, sujeto histórico alguno. Calladitas están mejor, acicalándole los bucles los hijos y logrando la más alta experticia amatoria, al tiempo que logran la más blanca pigmentación en las sábanas del lecho en el cual dormirá su hombre.

Las mujeres en Chile no tienen derechos. Dada su condición sexual –sólo por eso- no consiguen trabajos decentemente remunerados, no se les considera en las decisiones, no se les escucha, y es que prácticamente no existen. Para Chile, la histeria y la concupiscencia son los componentes inmanentes por excelencia del universo mujeril: ellas todavía precisan pagar por el pecado original, a fin de cuentas se les culpa por haber pensado “un poco más que el hombre”. La mujer que sufre cuadros de violencia doméstica prefiere callar y soportar las monumentales y constantes vejaciones llevadas a cabo por el marido, pues sabe que si se emancipa o tiene la voluntad de, se encontrará con una sociedad en la cual es prácticamente imposible el desarrollo pleno. De tal forma prevalece el amor por los hijos y el bienestar económico de ellos, prefiriendo el sacrificio antes que un “salir adelante por sí misma” que jamás se concretará, ya que afuera hay una orla de sanguijuelas que impedirán esto ¿Qué la presidenta sea mujer significa algo trascendente para la liberación femenina en Chile? Por supuesto que no. Ante todo, la estupidez viene dada desde “arriba”, y en cualquier caso una presidenta que ha rendido tanto honor al nuevo miembro de la santísima trinidad, Su santidad Bernales, no puede inspirar a ninguna mujer chilena (Salvo las apernadas en el gobierno y una que otra actriz del canal nacional).

A modo de conclusión, urge establecer en el país una conciencia de Derechos Humanos. Esto se logra –como todo asunto ligado al devenir humano- a través de la instrucción. Enseñando a las futuras generaciones la importancia que tienen todos los Derechos Humanos podremos hablar de una verdadera lucha por la reivindicación de los silenciados del país. Por el momento sólo algunos mantenemos el anhelo y es necesario que todos junten fuerzas intelectuales y espirituales para llevar a cabo tal proyecto, donde sin importar orientación sexual, color de piel, religión, ideología, etc., los hombres y las mujeres tengan la oportunidad para desarrollarse plenamente.