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Agosto 18, 2026

Felipe Calderón vende México a las transnacionales

Recibido con los honores de jefe de Estado, en medio de un paro patronal de camioneros, el presidente espurio  de México trae un mensaje diáfano para los empresarios españoles.  La relación capital trabajo es favorable para quienes  deseen invertir en un espacio abierto, seguro y rentable. México está en venta. Así expone sus argumentos: lucha contra el narco trafico, la corrupción, la inseguridad jurídica y el crimen organizado  son los mejores signos de una economía saneada y de un orden político que apuesta por ser competitivo.

La guinda del pastel, el proceso de desnacionalización de las riquezas básicas, así lo anuncia en un programa de televisión: “los desayunos de TVE”.  En definitiva, no habrá obstáculos a las inversiones de España en infraestructuras.  La periodista, muy sonriente y pro Calderón, para dejar claro las distancias entre la incertidumbre del populismo y la seriedad del gobierno del PAN, pregunta de forma irónica: ¿México privatiza, mientras  Venezuela, Argentina, Ecuador o Bolivia nacionaliza, ¿eso da seguridad a los empresarios españoles? ¿ trasladará las inversiones a su país?.  Calderón deja entrever cual es el futuro: abrir el país a las transnacionales ibéricas para llevar a cabo sus pingues negocios. Todo ello en medio de la pérdida de soberanía  y autodeterminación.

Sin embargo, para  ese proyecto pueril es necesario convencer a los interlocutores del grado de sumisión de las nuevas autoridades a los designios del poder económico español. Endesa, Santander, Iberdrola, Construcciones y Contratas, Repsol. En España Felipe Calderón se comporta como un cipayo.  Por este motivo es bien tratado en el círculo de empresarios. Slim había preparado el terreno con anterioridad, viajando y entrevistándose con empresarios y la CEOE. Felipe González  allanó igualmente el terreno con el gobierno. Mientras tanto, su séquito aprovecha para elogiar el modelo neoliberal en crisis desde hace mas de una década , atiborrándose  de compras y consumiendo  hasta la extenuación y relacionandose con el Partido popular. Cada vez, la nueva derecha mexicana, se parece más a la vieja oligarquía del siglo XIX cuya única preocupación era la ostentación, el lujo y el despilfarro, ademas de vivir de las rentas y los beneficios obtenidos de administrar los intereses de las compañías extranjeras a las cuales vendía su alma. Ahora quieren revivir esa sociedad bajo las nuevas condiciones tecnológicas  del siglo XXI. Exclusión, sobre-explotación, trabajo infantil, informalidad y maquila. Sólo así,  pueden extremar los beneficios y las desigualdades.  Ellos, los nuevos plutócratas, sueñan con trasladar el mito del capitalismo salvaje del consumo de masas, aunque  nunca han pasado hambre, ni penurias, levantan el neocolonialismo, asesinando a los pueblos indígenas. Se  comportan como vendepatrias. Lo cierto es que desde hace ya tiempo no tienen concepto de país.

Aquí, construyen una lógica perversa. Presentan un México unido por las tradiciones a un pasado que les ata y les limita en su proyecto. Lo cual impide construir el mañana. Ellos, sin embargo, son los poseedores del futuro. Se consideran sus únicos representantes. Su discurso quiere hacer ver, de forma maniquea, que durante quinientos años el país no participó de la economía internacional. Que vivió de espaldas al mundo. Que ha llegado la hora de soltar lastres. De ser responsables, de asumir el cambio.  Son de sesera frágil. ¿Hay que recordarles  que México es independiente porque  fue una colonia  donde se extrajo el oro,  la plata y posteriormente sufrió invasiones y  guerras?. ¿Olvidan que exportó   el henequén y el petróleo, por decir lo menos?  No recuerdan  su aporte a la independencia latinoamericana, Morelos Hidalgo. La lucha antiimperialista y nacionalista: la revolución mexicana. La dignidad construida bajo el derecho de autodeterminación, la nacionalización del petroleo y las riquezas básicas. Borran la memoria y la conciencia,  la voluntad colectiva de un proyecto irrenunciable a la  independencia política y económica.
   
Sin embargo, para Calderón y el PAN  solo hay un lenguaje. El dinero y  poder de los de arriba. Los dueños de México son Slim y es el capital privado. A La nación y el pueblo se le trata de arrebatar su identidad construida desde los valores colectivos nacidos de la revolución. La actual se construye  en función de los intereses de las transnacionales y desde el mercado. La dignidad  y la determinación soberana se esfuman del  imaginario social.

En esta lógica, es vergonzoso escuchar como  Felipe Calderón oferta ante las cámaras de televisión española médicos, ingenieros, investigadores,  es decir mano de obra cualificada, formada en sus universidades públicas, como una contrapartida si las empresas españolas deciden invertir en México. Dice, de esta guisa promover  la inmigración de profesionales sin salida. Pero la realidad es otra. No tiene la intención de invertir en laboratorios, en desarrollo y en innovación. De un Plumazo,  expulsa la cantera, opta por la dependencia tecnológica financiera y lo que es peor, asumir formar  de pensar y de actuar  inadecuadas para la solución de los problemas nacionales, pagando altos costes por patentes. Así, no tiene rubor en  dejar marchar  generaciones de científicos y jóvenes que deseando participar en el desarrollo del país,  cerrándoles  las puertas por una mezquina visión de corto plazo cuyo objetivo es atraer capitales depredadores sin ningún interés en acabar con las estructuras del  subdesarrollo. Nunca lo han tenido ni lo tendrán. Por ello, Calderón, evidencia su mezquindad  al plantear dicha estrategia. Es la llamada fuga de cerebros, hoy convertida en inmigración. Los beneficios de tal operación siempre será un intercambio desigual. México  perderá su fisonomía  nacional y se convertirá en una colonia  de transnacionales. Felipe Calderón paga en este viaje los favores de Aznar en su campaña y de José Luis Rodríguez Zapatero al reconocerlo como presidente legitimo. Se vende México tratar con Felipe Calderón.