Esto sólo fue posible debido al carácter masivo del reclamo estudiantil, el cual viene a señalar aquel aspecto telúrico de nuestra sociedad que tanto atemoriza a quienes se encuentran en el poder, de ahí su especial relevancia. Lo que comenzó como una legítima reivindicación sectorial (al igual que la de los subcontratados del cobre), es decir, la gratuidad del pase escolar y la PSU, culminó con la noble demanda por una educación para todos, sin exclusiones de ningún tipo. La verdad es que bajo el amparo de los gobiernos democráticos, la “libertad de enseñanza” ha causado los peores estragos, nunca imaginados por los libertadores de América. Desde Bolívar a Martí, todos aquellos quienes lucharon por la independencia de nuestro continente de las garras del Imperio español, que promovieron la educación pública y laica para liberar las conciencias del yugo de la ignorancia y la sumisión, se deben de estar revolcando en sus tumbas. Lo que ha venido reproduciendo la llamada libertad de enseñanza , no es ni más ni menos que el ideal segregacionista y el espíritu de castas que se haya en la mente (y en los planes) de las clases ricas que componen la alcurnia de nuestro país, triunfante luego del golpe de estado ejecutado por aquél fiel capataz apellidado Pinochet. Entonces la ecuación es la siguiente: la educación de calidad para los que pueden pagar, y para el resto, la educación municipal (las excepciones confirman la regla).
La educación pública durante la dictadura fue desmantelada, desmovilizada y dividida, entregada a los municipios como quien se desprende de un estorbo; y hoy, transformada muchas veces en el botín de quienes asumen el control de los municipios. Basta recordar la despedida organizada a la ex ministra Yasna Provoste por la alcaldesa de Quilicura junto a los estudiantes municipales de su comuna, para reafirmar lo que digo. O ver cómo el mediático alcalde de Recoleta se pasea por los liceos de su comuna impartiendo clases en sus aulas, con el objeto de ganar las simpatías de muchos votantes incautos. Esto, sólo para dar algunos ejemplos. En el “feudo” comunal, los cargos, las prebendas, los servicios, las lealtades, las sumisiones, son claves sobretodo en época de elecciones. Lógico es suponer que en esas condiciones la actividad educativa bajo la dependencia de los municipios se valla volviendo mediocre.
En fin, la crisis de la educación responde a una profunda perdida de legitimidad del sistema educativo chileno, el cual, por encontrarse atado a innumerables mezquindades, no ha estado a la altura de los tiempos, ni ha cumplido con las expectativas de esta nueva generación de jóvenes, que armados de cuadernos y mochilas, han salido una vez más a las calles a demostrar que los derechos no se regalan, sino que se conquistan.
