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Agosto 18, 2026

Un acto de vandalismo sin sentido

El término por Boris Johnson del acuerdo Londres-Venezuela es un acto de dogmatismo de derecha que es igualmente costoso tanto para el pueblo de Londres como del de Caracas. El acuerdo fue que a los londinenses que reciben ayuda económica suplementaria se les otorgara transporte en autobuses del transporte público a mitad de precio subvencionado a través de petróleo venezolano barato, a cambio de que Londres proveyera expertizaje en transporte, planificación y otras áreas a Venezuela.

El principio básico del acuerdo Londres-Caracas fue simple, razonable y, de hecho, más bien una ilustración de libro de texto de la ventaja relativa en el comercio exterior. Cada una de las partes suministró a la otra aquello en lo que es rica, y que para ambos es relativamente barato – petróleo, por un lado, y la experiencia en la gestión de una ciudad moderna avanzada por el otro – a cambio de algo que era escaso, y por lo tanto, relativamente caro, para el otro.

Los beneficios para los más pobres en Londres eran evidentes – más de 130.000 se han beneficiado hasta la fecha de transporte en autobús a mitad de precio.

Las ventajas para Venezuela eran igualmente grandes. La experiencia acumulada y adquirida por ciudades y empresas grandes y desarrolladas es uno de sus activos más valiosos. Para Venezuela desarrollar esta capacidad en forma puramente interna tomaría mucho tiempo y sería muy cara, mientras que la contratación de empresas consultoras internacionales costaría varias veces lo que le pagó a Londres.

Londres se benefició de inmediato y ambas partes acordaron desde el principio que Londres debería centrarse en ayudar a Venezuela en la elaboración de planes para lograr a largo plazo mejoras en áreas como el transporte, la planificación urbana y el medio ambiente.

Los proyectos de corto plazo tales como la aplicación de normas del tráfico, la mejora de la ingeniería de las señales de tráfico para reducir la congestión y la mejora de los intercambios de transporte se planificaron para completarlos antes de la renovación del acuerdo en agosto.

Los proyectos a más largo plazo de la gestión urbana y la planificación fueron de carácter estructural – por ejemplo el desarrollo de una estrategia de transporte para Caracas, un plan de desarrollo urbano y la elaboración de una estrategia de calidad del aire para todo el país. Estos proyectos de más largo plazo no podrían ser llevados a cabo en un plazo de meses en Londres, lo que era aún menos posible en Caracas. No obstante, se desarrolló un significativo impulso – todas las partes involucradas confiaban en que se lograría un claro avance al momento de la renovación del acuerdo.

Venezuela no puede hacer grandes progresos en la mejora de la calidad de vida de su pueblo sin este tipo de proyectos y, por tanto, Londres y Caracas salían ganando.

Toda insinuación de que la decisión de poner fin al acuerdo fue motivada por la preocupación por la pobreza en Venezuela, como Johnson alegó, es totalmente refutada por el hecho de que la nueva administración conservadora de Londres ha cancelado de inmediato delegaciones desde Londres de expertos del transporte y el medio ambiente para llevar adelante este trabajo.

Si Johnson elimina el transporte en autobuses a mitad de precio para aquellos que reciben ayuda económica suplementaria en Londres, como parece haber declarado el 25 de Mayo, ello es un ataque a los londinenses más pobres. En una declaración a The Guardian, Dave Hill, desde la Alcaldía, pareció dar marcha atrás con respecto a la postura de Johnson diciendo: “Le ha pedido a los funcionarios de Transporte de Londres considerar si puede haber otras formas de prestar este apoyo.”

Sin embargo “considerar” no es una promesa de continuarlo y mientras los londinenses deben presionar para asegurar que el transporte en autobuses a mitad de precio para aquellos que reciben ayuda económica suplementaria continue, esta subvención será financiada por los londinenses – mal negocio si se tiene en cuenta la alternativa. Debido a que el acuerdo original era bueno tanto para Londres como para Venezuela, su terminación es mala para ambos.